Opinión / En defensa de la universidad pública

Opinión / En defensa de la universidad pública

No es bueno ni justo estigmatizar a la universidad pública, por hechos aislados cuya trascendencia jamás supera la misión, la importancia y la noble tarea que viene desarrollando.

15 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Nada más, ni nada menos que brindar  la  oportunidad de acceso  al  conocimiento, de manera especial, a los estudiantes con recursos limitados, y  al país con la investigación.

Tampoco debe olvidarse cómo  las universidades públicas son en general, quienes ofrecen la educación superior  de más alta calidad, por lo menos en Colombia y Sur América.

Ilustra la afirmación  la  web (www.webometrics.info/)  donde acaba de aparecer la clasificación que con frecuencia hacen entidades especializadas en este tipo de estudios, sobre las mejores universidades del mundo y de las regiones y continentes.

Entre las diez primeras universidades latinoamericanas, figuran dos mexicanas,  la  UNAM  y el Tecnológico de Monterrey, seis  Brasileñas, una Argentina y una Chilena.  De estas, solo el Tecnológico de Monterrey  es  privada.

Entre las colombianas, la primera clasificada es la Universidad Nacional en el puesto 23, la de Antioquia  en el 27, Los Andes en el 28, la del Valle en el 32 y la Javeriana en el 39.

Eafit  también alcanza a figurar dentro de las cien primeras de América Latina.  

Debe ser  la calidad  académica el  factor a relievar en la universidad pública, y más bien coadyuvar  la  lucha permanente para obtener  los recursos necesarios, a través de los cuales pueda incrementar  y mejorar en forma continua  la educación y formación de los futuros líderes del país. 

El único medio real para vencer  la pobreza y el desequilibrio social es la educación.

Ahora bien, esto no significa que la universidad pública, en uso de la libertad de expresión y de cátedra, del libre pensamiento y la autonomía  establecida en la Carta, se convierta en un estadio de anarquía, de subversión o de reclutamiento de grupos extremistas  y  terroristas.

Se han denunciado por estos días casos de encapuchados arengando  a estudiantes de las Universidades  de  Antioquia  y  Distrital  de Bogotá.

Conozco muy bien a esta  última, como que fui decano de Ingeniería y mucho tiempo profesor allí, lo que me permite afirmar y defender  a la gran mayoría de estudiantes, víctimas de unos pocos infiltrados y ajenos a la Universidad, que no dan la cara para debatir ideas, cercenando así el derecho de los demás  a  confrontarlos  sin  temor  alguno. 

Las capuchas siempre han sido sinónimo de clandestinidad y violencia.

Es bueno recordar cómo la mayoría de  los  " revolucionarios"  de ayer en las universidades públicas, argumentaban y defendían sus principios  de  frente  y  sin capuchas, así se les vea hoy convertidos  en prósperos capitalistas o  empleados en altos cargos del  gobierno y la diplomacia, participando del sistema que tanto combatieron.
     
Y claro que es responsabilidad de los directivos de las universidades permitir actos intimidatorios como los que significan los liderados por encapuchados, cualquiera  sea el origen de donde provengan.

Bienvenidos todos los debates abiertos y la libertad de realizarlos con plenas garantías. Eso enriquece  y  hace parte de la esencia de la Universidad.

Por Germán Vargas Morales
Ingeniero Industrial  M.Sc. y Abogado.

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