Escocia, un país misterioso, de castillos encantados y paisajes salvajes

Escocia, un país misterioso, de castillos encantados y paisajes salvajes

Dice un refrán escocés que si puede ver esa montaña, va a llover, y si no logra verla, ya está lloviendo. En este país europeo, el clima moja, la naturaleza es agreste y el viento, incesante.

10 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.
Olvídese del protector solar, bienvenido a Escocia, mítica, auténtica y salvaje.

Edimburgo, la capital, es una ciudad rica, de comerciantes, banqueros y príncipes, que cuenta con 500.000 habitantes desparramados sobre valles, cercados por el indomable mar del Norte y el Arthur's Seat, un abrupto volcán extinguido. La ciudad, patrimonio mundial de la Unesco, se divide en dos sectores, Old Town y New Town, tan opuestos como el doctor Jekyll y Mister Hyde, ídolos de la literatura local.

Entre las sombras del castillo de Edimburgo se asoma el Old Town, un laberinto de callejuelas empedradas y húmedos recodos.
El peatón, hechizado, se sumerge en un desorden gris de viejas casas medievales, afilados techos de iglesias y 'pubs' añejos. En el corazón de la ciudad aparece Royal Mile, la médula del barrio, una alameda que se alarga hasta el castillo, bordeada de edificios góticos de piedra negra.

El castillo de Edimburgo, austera fortaleza medieval de granito, se encarama en una roca volcánica que domina la ciudad. Mudo testigo de invasiones inglesas y normandas, sus murallas sufren hoy el asalto de turistas japoneses, estadounidenses y europeos.
Frente al casco antiguo, el New Town, un barrio planeado en el siglo XVIII, de forma ordenada, amplia y luminosa. Distinguidas casas georgianas y majestuosos edificios blancos se posan entre calles perpendiculares y glorietas. Es el corazón comercial y político de la ciudad.

Rumbo al norte
El sol escocés es un duende travieso que no para de correr de colina en colina, manchando fugazmente los 'highlands', tierras altas del norte del país, páramo golpeado por una brisa glacial y una lluvia sin fin.

Habitados por pocos humanos, unos cuantos fantasmas y un montón de ovejas, los 'highlands' son un edén de helechos plateados, musgos fluorescentes, lagos y castillos.

Esta áspera región montañosa es la cuna mítica de todos los clichés escoceses. Puede que el gaitero, de falda de colegiala y barba roja, hediendo a whisky, llegue a ser igual de esquivo que Nessie, el famoso monstruo del lago Ness.

Rasgando la bruma, al noroeste de Escocia, la isla de Skye posee los paisajes más salvajes del país.

Valles profundos, afilados picos y un mar gris salpicado de islas se esparcen por esta tierra, donde el gaélico, la antigua lengua de los escoceses, aún es usada.

En la zona, un rosario de pueblitos de pescadores se asientan al fondo de estrechas bahías y sinuosos 'lochs', los lagos escoceses. Plocton y Portree, pulidas aldeas de casitas blancas y techo de pizarra, son bases privilegiadas para explorar la región.
Además de un espléndido panorama, las poblaciones ofrecen todas las facilidades para los turistas. Los 'pubs' locales, de acogedoras chimeneas y espesos tapetes, son el mejor pretexto para relajarse después de un día lluvioso, comiendo pescado fresco o haggis, el tradicional embutido escocés de vísceras de cordero.

Diseminadas por la isla de Skye, media docena de destilerías de whisky reciben a sedientos visitantes. Estas fábricas artesanales producen extraordinarios 'single malt Scotch'-, un néctar que puede saber a almendra, humo, peras o notas cítricas acarameladas. Para degustar sin moderación, pero siempre puro.

Decenas de castillos, viejas torres abandonadas y montículos de piedras talladas rompen con la dulce aridez de la región de Skye. El castillo de Elian Donan es el más impresionante de todos. Construido sobre un islote en las frías aguas del Loch Duich, rodeado de montañas boscosas y envuelto por escurridizos bancos de niebla, parece salido de un sueño. No por nada fue protagonista de la película 'Highlander'.


NATHAN JACCARD
Especial para EL TIEMPO
EDIMBURGO
 

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