'Caldas nunca pensó un país como Colombia': Mauricio Nieto

'Caldas nunca pensó un país como Colombia': Mauricio Nieto

El ganador del Premio Alejandro Ángel Escobar relee a Francisco José de Caldas y revela el carácter clasista y eurocéntrico del prócer payanés.

10 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

El historiador Mauricio Nieto está en su cuarto de hora: la semana pasada recibió el premio de Ciencias Sociales y Humanas otorgado por la Fundación Alejandro Ángel Escobar por el libro Orden natural y orden social: ciencia y política en el Semanario del Nuevo Reyno de Granada, y esta semana, en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, inaugura como curador la exposición 'Historia natural y política: conocimiento y representación de la naturaleza americana', que de alguna manera retoma aspectos de la investigación galardonada.

Al analizar el interés de los letrados de la Nueva Granada por la geografía, la naturaleza, el clima y la raza, Nieto Olarte ofrece una novedosa mirada a la construcción de Colombia como nación. El trabajo conduce al historiador, de manera ineludible, al prócer Francisco José de Caldas (1771-1816) y al Semanario del Nuevo Reyno de Granada, editado por éste entre 1808 y 1811. Pero en esta oportunidad el resultado no es otra apología al sabio payanés por su mirada científica del país, plasmada en mapas y dibujos que muchos han leído como el ejercicio de un hombre que quiere ver su tierra libre. Por el contrario, esta revisión revela una excesiva pleitesía hacia la Corona española e incluso ciertos dejos que, a la luz de hoy, resultarían clasistas.

CAMBIO: ¿Cómo relacionar el tema de la naturaleza con la política?

Mauricio Nieto:  Tradicionalmente se ha separado la sociedad y la naturaleza. Parece como si la Historia, en un sentido tradicional, se ocupara de la sociedad, y la naturaleza fuera de otro mundo. En muchos de mis trabajos muestro que son inseparables. El tema de la conquista del Nuevo Mundo no se restringe a hechos militares, legales o simbólicos, sino que de hecho es un tema científico. Una manera muy evidente de ver cómo se juntan la ciencia y la política son los mapas: son una expresión de dominio contundente. Con la botánica pasa algo similar: tengo la flora de América en un libro, me la llevo conmigo y la nombro. Eso significa desconocer los nombres locales, nativos.

¿Qué busca con su libro Orden natural y orden social?

Mostrar de qué manera se construye un grupo social que proclama tener el derecho de gobernar, de ordenar la naturaleza, de operar sobre esta y sobre la sociedad. El Semanario se publica de 1808 a 1811, una época clave para cualquier historiador porque es la de las Independencias. Yo quisiera que este libro, que es sobre la historia de la ciencia, fuera una contribución importante para la Historia, pues habla de los temas que son importantes para la élite criolla: la geografía, la raza, el clima, los recursos naturales, la historia de ellos y de América.

¿De qué manera entra la figura de Francisco José de Caldas en esta historia?

Caldas es el editor del Semanario y dice para qué y qué se debe escribir en el periódico. Palabras más, palabras menos, afirma que es un periódico de los criollos para los criollos. Dice: "Queremos difundir conocimientos útiles para la felicidad y la prosperidad del Nuevo Reyno de Granada".

¿El periódico muestra intenciones independentistas?

No. En ese momento todo esto se hace en nombre de España y en aras de imponer un orden cristiano, colonial e imperial en la Nueva Granada. El periódico sería el medio para difundir aquellos conocimientos que requiere ese proyecto de civilización. Aquí no hay ninguna posibilidad de encontrar visos de un proyecto de separación.

¿Caldas acepta su condición de criollo?

Esa élite de la que hablo allí, Caldas, José Manuel Restrepo, Jorge Tadeo Lozano, siempre han sido mostrados como héroes de una historia nacional, como figuras emblemáticas del nacimiento de la nación, y uno desde chiquito aprende en el colegio que la Independencia fue una causa de la Ilustración. Pero digamos que aquí aparece un lado oscuro de la Ilustración. Ellos hicieron un esfuerzo permanente por diferenciarse de la población americana, consolidaron en América un orden europeo, defendieron esta raza, se consideraron europeos y legitimaron su autoridad precisamente en esos términos. 

¿Eso significa que considerarlos 'colombianos' es un desatino...?

Son figuras muy complejas porque nacieron en América, tienen un proyecto en el cual esta es su tierra, un proyecto de futuro, pero esa idea de verlos como colombianos es ridícula. Caldas, que es un hombre fascinante, nunca pensó en una nación como Colombia. Lo hemos vuelto colombiano en la historia patria nacionalista.

¿Por qué existe esa imagen de estos criollos como promotores de la Independencia?

Existe una tradición de hacer de los criollos los voceros de América. Los han tratado de presentar como grandes americanistas, pero mi libro no va en esa dirección. En la Nueva Granada los miembros de esta élite son agentes de un orden europeo y así se sienten. Es completamente anacrónico decir que se trataba de una élite racista, pero es evidente que todo el tiempo ellos están mostrando la inferioridad de otras razas. Ellos están tras la fundación de una nación que mantiene mecanismos de exclusión muy poderosos. Se sienten blancos e ilustrados. No se trata de ser juez moral de su generación, pero sí mirarla con una óptica un poco más crítica.

¿Qué temas trata en el Semanario?

Habla de raza, taxonomías y clasificaciones de la población donde hay civilizados y salvajes. Los civilizados son ellos, los que llegan de Europa y los que han nacido acá pero puros de sangre. Y también son civilizados aquellos de otras razas que han nacido en América pero se han acogido a las leyes del monarca y son cristianos.

Caldas hace menciones al clima...

Sí: dice que los de tierra caliente están condenados a vivir en un clima que no es apto ni sano para la civilización, pero los que viven en la Sabana de Bogotá pueden vivir como los europeos. Por eso su obsesión con las montañas, porque en el trópico el clima no cambia por la latitud sino por la altura. Hoy día sigue existiendo esa misma mirada andina, de superioridad del frío frente al calor.

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