Opinión/Minorías en desgracia

Opinión/Minorías en desgracia

09 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Conversaba con mi hija, estudiante de cuarto año de derecho en una institución privada de Bogotá, sobre su preocupación acerca del desequilibrio de la riqueza que hace que ciertas familias no se encuentren en igualdad de condiciones para garantizar el éxito de la educación de sus hijos, cuando salió a la palestra el tema del difícil  acceso a la universidad de una minoría cuyos progenitores han caído en desgracia por el desempleo prolongado, el creciente recurso de la contratación temporal o la quiebra de sus negocios y actividades tradicionales, agravados por los actuales sistemas de tributación, factores que sumados a otros casi obligan al descenso de su posición social a otra no tan afín.
 
La universidad, a través de la cual se adquieren recursos educativo-culturales, es el instrumento fundamental que estas minorías emplean en aras de mantener el "estatus" o de la posibilidad de vivir bien, de acuerdo con el entorno habitualmente conocido y disfrutado.
 
Esta es una crisis que convierte a dichas minorías en víctimas de un sistema que no garantiza la asistencia financiera crediticia necesaria a la población estudiantil, de tal forma que no funciona eficazmente ni de manera equitativa para todos aquellos que desean solicitar préstamos, independientemente del lugar donde vivan o de la aparente situación socioeconómica de sus padres.
 
El escenario descrito no es ajeno al proceso global de deterioro de la economía, al cual casi nadie le presta atención pese a que ya son muchos los afectados. Tal es el caso de aquellos estudiantes de los llamados estratos "sándwich": 4 y 5 y eventualmente del 6, excluidos de los créditos del Icetex para estudios superiores, quienes tienen iguales derechos y obligaciones que los jóvenes pertenecientes a los estratos 1, 2 y 3.
 
Por lo que a desigualdad económica concierne, el desafío social de la altísima demanda de educación superior, el desafío financiero particular y gubernamental de hacer más con menos dinero, y el desafío tecnológico de apoyar nuevas estrategias de desarrollo basadas en el conocimiento, exigen al Estado y a las instituciones educativas universitarias,  ajustarse a los nuevos acontecimientos.
 
Es interesante, explorar cómo y por qué circunstancias  no bastan las oportunidades de inscripción e ingreso a la universidad sino que es preciso sostenerse haciendo angustiosas maromas económicas para avanzar en la carrera y alcanzar el correspondiente título. Eso sin contar los ya obligados estudios de postgrado.
 
Se omiten deliberadamente los efectos simultáneos de una serie de factores críticos en el proceso educativo del estudiante universitario de los estratos enunciados, que disminuyen sustancialmente las diferencias atribuibles al nivel socioeconómico y comprometen seriamente  el derecho a la educación, a la no discriminación y a la igualdad, consagrados en la Constitución Nacional.
 
No se trata de hacer un juicio de valor respecto de los hijos del  agricultor que pierde su cosecha, del funcionario público que es separado de su cargo por razones político-burocráticas, del comerciante que pierde su negocio, del padre o madre cabeza de familia secuestrado. No. Se trata de reconocer el dinamismo  de un buen ejercicio económico y profesional, que de un momento a otro pierde sus beneficios y, de reducir las barreras cuando ya no abunda la fortuna. Es toda una combinación de dificultades que afectan a los hijos y hacen precisa la protección del Estado mediante el apoyo crediticio del  Icetex para alcanzar niveles óptimos en su educación.
 
¿Por qué no exigir entonces, que el contrato social -en verdad- se realice en favor de todos?

Por Loreley Noriega Acosta
Abogada

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