Opinión/La persecución religiosa en Sogamoso

Opinión/La persecución religiosa en Sogamoso

08 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Hace algunos días leí un ensayo historiográfico del Centro de Historia de Sogamoso elaborado por la historiadora Martha Niño Porras con el nombre de ¿El Entredicho, una acción religiosa o política?.

Se refiere esa publicación a los hechos acaecidos en 1949 que llevaron a que la ciudad fuera perseguida y castigada por la jerarquía eclesiástica departamental mediante decreto promulgado por el obispo Crisanto Luque, ex comunión o entredicho con el que se prohibió a la población liberal de Sogamoso celebrar misa y recibir los sacramentos durante varios meses, injusticia que constituye en la historia del país el único caso de castigo eclesiástico a una ciudad y cuyo oscuro propósito fue la retaliación clerical conservadora por los resultados electorales adversos de 1949, por lo cual resolvió perseguir a toda costa el ferviente liberalismo de Sogamoso.

La doctora Niño arremete contra los mal llamados protestantes, haciéndoles algunas aseveraciones y acusaciones cronológicamente imposibles, con las cuales no estamos de acuerdo.

Afirma sin demostrarlo con pruebas que hubo una 'desbandada de feligreses liberales católicos' por la persecución política, hecho que fue aprovechado por las iglesias protestantes para constituirse en una alternativa a las necesidades místicas de los sogamoseños alejados a la fuerza de la religión católica.

Lo cierto es que los sogamoseños en su mayoría, ni antes ni después de suspendido el decreto clerical, dejaron de ser fervientes católicos o liberales convencidos; aunque siempre han mantenido una inveterada desconfianza al opulento y jerárquico clero conservador.

El supuesto oportunismo de las sectas protestantes (término despectivo que utiliza la investigadora para referirse a las iglesias evangélicas) adolece de un protuberante desfase cronológico, pues supone que como consecuencia del entredicho impuesto a Sogamoso, las iglesias evangélicas aprovecharon la situación para establecerse en la ciudad y fundar el Colegio Americano, el cual existe casi desde la llegada de los primeros predicadores en el año de 1932 y no en 1949.

Este colegio dio cabida a muchas niñas y niños que hicieron su primaria bajo la dirección de Eduardo Wegner y su señora Adah de Wegner y de otros misioneros americanos como la señorita Trella Hal y Buenaventura Angulo, según le escuche decir a mi madre hace ya muchos años.

Si mi memoria no me falla varias matronas sogamoseñas como la doctora Inés Cabana de Cabana y mi madre se educaron en este colegio por allá a principios de los años de 1940.

De la buena educación que le quedó a mi madre en este colegio, mis hermanos y yo fuimos beneficiarios; recuerdo aún a pesar de los años algunas frases y expresiones en inglés aprendidas por ella, pero sobre todo recuerdo los exquisitos y sofisticados platos que en las clases de cocina que les impartían a las alumnas según creo por la señorita Trella Hal o por los otros Norteamericanos que regentaron el colegio, conocimiento culinario que mi madre nos demostraba con todo lujo de detalles especialmente en semana santa.

La Iglesia evangélica la conocí desde mi infancia por razones familiares, varios de sus miembros pertenecieron y pertenecen aun a ella; y algunos, se encuentran históricamente como sus primeros seguidores: mi abuela Inés, don Roque Parra, mis tías y posteriormente mi madre, familiares que fueron sepultados en el único cementerio evangélico que creo que existe en Boyacá.

Por Alberto Parra Soto
Economista de Sogamoso.

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