Antonia, la 'novia de Bill Clinton', fumando espera que el presidente Uribe llegué a su casa

Antonia, la 'novia de Bill Clinton', fumando espera que el presidente Uribe llegué a su casa

La humilde mujer, a la que hace ocho años el entonces presidente de Estados Unidos visitó en su vivienda en Cartagena, quiere ahora comentarle al mandatario colombiano "unos problemitas".

06 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

Aquel miércoles 30 de agosto del 2000, Antonia Sarmiento soportó una barahúnda que no ha vuelto a vivir más en su vida.

Guardaespaldas, periodistas y curiosos del barrio, y de otras partes, provocaron aquel desbarajuste.

Con buen humor dice que lo que más le duele es que esa vez no se pudo comer, con tranquilidad, su sancocho de carne con papa y yuca.

Ese día el hombre más poderoso del mundo de entonces, el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, entró a la modesta  vivienda de Antonia, una sencilla mujer que para la época contaba con 84 años..

La casa de Antonia había sido refaccionada por obra y gracia de la visita de nueve horas que hizo Clinton a Cartagena.

De esta manera se le hacia realidad un sueño que la pobreza le impidió vivir por medio siglo.

Unos obreros le tumbaron su rancho de tablas y le levantaron, en un santiamén, una casa de paredes de cemento y tejado seguro.

Clinton venía por primera vez a Colombia y en el populoso sector de Olaya Herrera, en la zona periférica de la ciudad, se inauguraba la Casa de Justicia construida con ayuda de la cooperación de E.U.

El Presidente estadinense le dijo a su homólogo Andrés Pastrana que le gustaría que se hiciera una obra social a una familia necesitada para recordar su visita.

Como la vivienda de Antonia estaba al frente de la nueva Casa de Justicia, entonces resultó favorecida y su historia le dio la vuelta al mundo.

La mujer se mostró tan agradecida que le prendió velas a una imagen de Clinton, como si se tratara de un santo.

De esto se enteró el ex Jefe de Estado de E.U. en la Casa Blanca, y por ello decidió visitar a Antonia antes de inaugurar la Casa de la Justicia.

Hoy la mujer tiene 92 años, y en la misma mecedora donde recibió a Clinton se sienta a fumar, placenteramente, su tabaco criollo, todos los días a las 11 de la mañana.

Antonia, que ha perdido parte de su capacidad de oír, pero no su alegría, fumando espera que por la puerta de su casa entre ahora otra personalidad a la que admira.

"Yo al que quiero ver aquí es al presidente (Álvaro) Uribe. Tengo que pedirle un favorcito y dicen que él es muy bueno", dice Antonia. "Carajo, cómo hago para que él sepa que quiero hablarle", pregunta.

No sabe si se le va a cumplir el sueño de ver a Uribe. Pero por lo menos aún parece que le sobrara vida para esperar no sólo a Uribe, sino a otro poderoso.

Pregunta por la vida de Clinton y sabe que ha venido en otras ocasiones a Cartagena, pero duda que vuelva por su casa.

Ahora Antonia tiene "unos problemitas" que quiere que Uribe le ayude a resolver.

"Que me dé una mano, porque una pobre siempre vive con afanes", agrega.

Afirma que tiene deudas en los servicios públicos, entre otros asuntos personales, pero no los quiere comentar sino al oído del Presidente, insiste.

Pocos en el sector 11 de Noviembre, del barrio Olaya, recuerdan aquella tarde del 2000, cuando Clinton abrazó a Antonia.

Ella y su hijo se gastaron hace unos años 130 mil pesos para mandar a hacer una placa en bronce que colocaron en la pared del frente de la casa, con la inscripción: 'Recuerdo de la visita de Bill Clinton'.

Pero no duró mucho porque los ladrones se la robaron, y entonces la casa blanca de Antonia se quedó sin el testimonio.

La mujer, de cabellera blanca y encías despobladas, ya no le prende velas a Clinton, pero si guarda las revistas donde aparece ella y el entonces Jefe de Estado de E.U..

Dice que fue una afortunada, pero nada más. Sigue siendo sencilla y amable. Meciéndose, con su tabaco en la boca, se pregunta: "¿Y ese señor si se acordará de mí? ¿Y cuándo pasará por acá de nuevo?".

Clinton, el mejor secretario de Obras de Cartagena

Unos 180 millones de pesos se invirtieron en Cartagena para recibir ese 30 de agosto del 2000 al presidente Bill Clinton.

Hubo pavimentaciones, jardines florecidos y arreglo de andenes. A la ciudad la embellecieron en días y aparecieron graffitis que rezaban: "Clinton, el mejor Secretario de Obras de Cartagena de todos los tiempos". Fue todo un acontecimiento

Mientras en otras partes del país la guerrilla explotaba petardos y quemaba camiones en protesta por la visita de Clinton, en Cartagena el Jefe de Estado estadounidense bailaba cumbias en las plazas de la ciudad amurallada, con sombrero vueltiao y sonrisa de oreja a oreja...Aunque custodiado, por tierra, mar y aire, por más de 5 mil hombres.

VICENTE M. ARCIERI G.

Corresponsal de EL TIEMPO

CARTAGENA

 

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