Artista firmó contrato con condenado a muerte para convertir su cuerpo en comida para peces

Artista firmó contrato con condenado a muerte para convertir su cuerpo en comida para peces

La obra, del chileno nacionalizado en Dinamarca Marco Evaristti, se llama 'Cinco para las doce' y su nombre hace referencia a los minutos antes de que se cumpla el plazo.

05 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

El condenado se llama Gene Hathorn y lleva 24 años esperando la ejecución.

En diálogo desde Copenhague con EL TIEMPO, el artista explicó que una vez sea ejecutado en una penitenciaría cercana a Livingston (Texas, E.U.) planea trasladar el cuerpo de Hathorn a Europa, donde será congelado y procesado. Luego, lo pondrá junto a una pecera de tres metros de largo, un metro de profundidad y un metro de ancho, en una galería de Berlín, para que la gente alimente a 300 goldfishes. El acto, lo repetirá luego en Nueva York.

"La idea es que quien entre a la instalación les dé comida a los peces para que puedan sobrevivir. Si nadie los alimenta será un cementerio de peces", explica el creador.

Su intención es cuestionar la pena de muerte en occidente.

"Pienso que una cultura avanzada como la de Estados Unidos está cometiendo atrocidades medievales que no tienen por qué ser permitidas. Yo estoy en desacuerdo con la pena de muerte, no es algo moral en una sociedad moderna", dice.

Hathorn, de 47 años, fue condenado a la pena capital por los homicidios de su padre, su hermanastro y su madrastra.

El reo y el artista esperan la autorización de la prisión, aunque Evaristti se enteró, por medios de E.U., que las autoridades carcelarias no ven inconveniente en que así como algunos convictos donan su cuerpo a la ciencia, Hathorn lo done al arte.

"Yo había leído que en su juicio le dijeron que era un desperdicio humano, así que le manifesté que me gustaría hacer un reciclaje con la 'basura humana' y hacer comida para pez. Él sonrió y me respondió que por qué no, si eso abría una polémica sobre la pena de muerte".

"Él me da fuerza para continuar con el proyecto porque el piensa que la muerte suya ayudará a otros seres humanos que serán condenados", dice Evaristti.

"Gene no tiene derecho a la luz del sol, solo recibe una vez al mes visita y llega con cadenas. Si piensas que mi trabajo es inmoral yo pregunto: ¿es moral eso?", agrega.

La obra es tal vez la más polémica de todas las que ha hecho este artista, especialista en trabajos que tocan lo ecológico y los comportamientos humanos en el mundo contemporáneo. Antes, por ejemplo, pintó una nube de rosado sobre Viena; coloreó de rojo parte del monte Blanco (en Francia), y se hizo una liposucción para hacer y comer albóndigas rellenas de su grasa.

También, puso unos pececillos en varias licuadoras y las conectó sin encenderlas.

"Creo que este es el trabajo más delicado que he hecho y reconozco que hay una conexión con el de los peces en la licuadora. En ese las personas tenían en sus manos la muerte de ellos. Ahora, si les dan comida, les dan vida", dice el artista, acostumbrado tanto a las críticas como a los elogios.

DIEGO GUERRERO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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