En la primera parte de su estadía en América, José Celestino Mutis fue minero y comeciante de quina

En la primera parte de su estadía en América, José Celestino Mutis fue minero y comeciante de quina

Esta otra curiosa faceta se la heredó el científico español a su padre, un ilustre comerciante comerciante de Cádiz (España).

05 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Cuando Mutis tocó por primera vez suelo americano, como médico personal del virrey Pedro Messía de la Cerda, se deslumbró al encontrar todo un mundo nuevo de flora y fauna tropical. Decidió enviarle, desde Cartagena, una  proposición al rey para comenzar una expedición botánica; solicitud que le fue negada. Al año siguiente, desde Santa Fe hizo un segundo intento que tampoco tuvo éxito.

Entonces Mutis, un treintañero inquieto y ambicioso, decidió dedicarse a la minería, actividad que le llamaba mucho la atención. Inició la búsqueda de minas mal explotadas o sin explotar y se estableció en lo que luego sería Santander, en una mina  denominada La Montuosa, donde tampoco le sonrió la fortuna. Por ello se mudó para lo que hoy es Tolima y se dirigió primero a las minas de Santa Ana, cerca de la población de Mariquita, y luego a las denominadas Real del Sapo, cerca de Ibagué.

"Algo de plata debió ganar, pero no le fue como él esperaba", comenta Santiago Díaz Piedrahita, presidente de la Academia Colombiana de Historia.

El 'zar' de la quina

Al ver que la minería no resultaba ser lo que esperaba, Mutis (1732-1808) se dedicó al comercio de la corteza de la quina, con la que se fabricaba el medicamento más eficaz de la época para combatir las fiebres tropicales como la malaria y la amarilla.

Su gran contrincante en este campo fue el médico Sebastián López Ruiz, quien se le enfrentó por lograr el dominio del mercado. "Finalmente le ganó a López Ruiz y logró que le dejen el estanco de la quina, que era equivalente a lo que hoy podría ser la  Federación Nacional de Cafeteros. Ese organismo tenía el monopolio de la quina. Ahí sí debió hacer plata", dice Díaz.

La corteza se bajaba de los árboles y se dejaba madurar en depósitos cercanos a Honda y de allí se enviaba a La Habana para luego ser exportada a España. El profesor Díaz destaca que era un producto tan apetecido que valía casi el peso en oro. "Con decirle que el observatorio astronómico de Bogotá se construyó con el producto de una venta de quina".

Quizás a ese espíritu ambicioso y visionario de Mutis, que lo llevó a abarcar tantos frentes a la vez, se le debe que ya en su madurez haya aceptado comenzar un proyecto de la dimensión e importancia de la Expedición Botánica, cuando se lo propuso el  obispo y virrey Antonio Caballero y Góngora.

"A juicio mío, lo más interesante que tenía Mutis es que pensaba en grande. Era ambicioso y nos mostró que somos capaces de hacer cosas grandes", concluye Díaz, al destacar la obsesión del científico español por el mejoramiento de las universidades, la creación de nuevas cátedras y la promoción de la ciencia, la cultura, la agricultura y la industria.

CARLOS RESTREPO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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