Sala de Belleza Lorena: expertos en cortes desde 1993

Sala de Belleza Lorena: expertos en cortes desde 1993

La furia femenina no se debe tratar a la ligera, que lo diga John Wayne, el esposo de Lorena Bobbit. ¿Qué sucede cuando las mujeres se enojan? Pues que los hombres pierden la cabeza.

04 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.
Hace 15 años ocurrieron hechos que cambiarían el curso de la historia para siempre. El World Trade Center de Nueva York fue bombardeado, Checoslovaquia se dividió en República Checa y Eslovaquia, Pablo Escobar fue abatido y el cantante Prince, en esta coyuntura, considero oportuno reemplazar su nombre por un símbolo. Pero nada marcó más mi adolescencia, que el día en que Lorena Bobbit le rebanó el pene a su marido con un cuchillo de cocina mientras éste dormía. Fuentes confiables afirman que una marca de cuchillos le ofreció a la "decapitadora" en mención, un millón de dólares para que dijera en el juicio que era de su línea 500, como estrategia para comprobarle al mundo la efectividad de sus cuchillos para todo tipo de carnes. Desde ese momento aprendí dos lecciones valiosas para el resto de mi vida:

a. Cuando se esté durmiendo con una mujer enfadada en su cama, siempre hay que acostarse bocabajo.
b. Pedirle al carnicero el lomo ya cortado en medallones.

Dicen que la Bobbit (que de ¤bobbita¤ demostró no tener nada) tomó la justicia en sus propias manos. No sé si esto sea cierto, lo que sí puedo asegurar es que tomó otra cosa en sus manos, el miembro de su marido, al que decidió llevar de paseo en su carro, para luego lanzarlo por la ventana en medio de la carretera, dejándolo abandonado hasta que un grupo de rescate lo encontró horas después y le salvaron la vida metiéndolo en una bolsa de hielo y llevándolo a la sala de cirugías del hospital, donde su dueño y, hasta entonces, mejor amigo, se encontraba cruzando las manos y hasta las piernas, para que apareciera. Estos dos nunca volvieron a ser tan unidos como antes. Si esto fue como muchos aseveran, un claro ejemplo de La ley del talión, yo les pregunto: Ojo por ojo, diente por diente, pene... ¿por queeé?

Esto, entre otras cosas, desvirtuó el mito de que los hombres son cazadores y las mujeres recolectoras, pues en este caso, la cazadora fue ella y al que le tocó salir a recolectar su órgano perdido, fue a él.

Lloré de la rabia el día que declararon inocente a esta ecuatoriana con complejo de rabino miope, dizque porque sufrió una demencia temporal. Esta condición se conoce en nuestra legislación como un momento de ira e intenso dolor. La ira e intenso dolor, en todo sentido, fuela que sufrió el pobre John Wayne, su esposo, que en nada se parece al Duque en El último pistolero y que sigue muy decepcionado de que su esposa no cumplió su promesa ante Dios, de hasta que la muerte los separe. De lo que sí no queda la menor duda es que esa noche, ambos perdieron la cabeza.

Él nunca imaginó que, cuando le pidió la separación, ella lo iba a tomar en el sentido literal y mucho menos que le quitara la mitad de todo, cuando él alega que ella ya se había llevado su tajada. John Wayne quedó marcado de por vida. Ella le dejó una inmensa cicatriz, bueno, por lo menos por las mañanas. Los que lo conocen aseguran que nunca ha estado igual de bien parado que antes y que todo lo que ha hecho de ahí en adelante, ha sido más bien flojo: su papel de actor porno en la película ¤Uncut¤, que traduce "sin cortes", o el fracaso de su banda de rock, a pesar de que él aseguraba ser experto en desconectados, son solo algunos ejemplos. Dicen que por ser un tipo tan desprendido (del dinero) siempre se queda corto y que por esto ha tenido problemas con la ley en varias ocasiones. Pero quién puede culparlo, ¿acaso tiene algo más que perder en la vida?

Cuando ya casi superaba este trauma de infancia, vi hace unos días a la ex señora Bobbit en televisión, feliz de la dicha con su nuevo novio (¿Hay derecho al desespero de algunos?) celebrando su recién concedida licencia de peluquera. A todos nos quedó claro que la señora es experta cortando, ¿pero pelos? Un país lo suficientemente precavido como para tener una comisión encargada de decidir quién puede o no ser peluquero y le pasan el examen a esta señora, pues está comprobado que ha mutilado y no propiamente motilado a seres humanos. No debe ser una de las preguntas del examen: ¿Alguna vez le ha causado daño a terceras personas con una tijera, cuchilla u otro objeto cortopunzante? No encontré esta pregunta en todo el examen y envié una carta a la comisión.

Pero lo preocupante de todo esto, es que cuando de parejas se trata, la justicia ha demostrado ser muy blanda. Después del caso de O.J. Simpson quedó sentado el precedente de que uno puede asesinar a su mujer y no le pasa nada. Y donde me deja el
caso de Mary Winkler, que aceptó abiertamente asesinar a su esposo, un pastor, para recibir solo 7 meses de cárcel y la custodia de los 3 hijos o la mujer en Rusia que mató a su marido con un sofá reclinable o la tejana que le practicó un enema a su amante con dos botellas de jerez, o el caso en Alemania de la señora Doris Keningale, a la que solo le dieron 3 años de rehabilitación después de haber aceptado matar a su esposo con el mismo cuchillo con el que le estaba haciendo los sándwiches. Tal vez estaba tratando de comprobar la teoría que dice que la forma más fácil de llegarle al corazón a un hombre, es a través del pecho.

No sé, la verdad sea dicha que ni soy experto en el tema, ni creo en juzgar a las personas por sus acciones, para eso está Dios y, al mismo nivel aparentemente, los magistrados. Lo que sí puedo confesarles es que si yo estoy sentado en una peluquería y veo el reflejo de Lorena Bobbit a través del espejo, con unas tijeras en la mano, salgo corriendo despavorido, antes de que tenga la oportunidad de preguntarme, cómo es que quiero que me lo corte.
Por: Maurizio Mancini

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