Defensa del mísero can

Defensa del mísero can

03 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Hombre don García Márquez, mérmele. ¿Cómo así que sufre "como perro" con la calidad del periodismo actual? Por más Nobel en literatura y en periodismo que sea,  no calumnie a los perros. Ellos no tienen la culpa de que los periodistas escribamos mal.

Son más fieles que el Renault 4. No odian. No tienen que perdonar, ni olvidar, que es más difícil. Mientras más conozco a los hombres más quiero a mis focas, dicen que dice Brigitte Bardot. El perro es el único amigo que no me mordió, se lee en el monumento al sacrificado ministro Gilberto 'Ratón' Echeverri, en Rionegro (Antioquia).
 
Vea, don Gabriel, cuando murió nuestra perrita, 'Yiya', por la vía fácil de la eutanasia, se  "nos piantó más de un lagrimón" sobre los cachetes. El dolor fue tal que no la hemos querido remplazar. Los que dialogan con los muertos, como John Edwards, en su programa de televisión en Infinito, hablan con frecuencia de perros que acompañan a sus mascotas (que somos nosotros, no ellos). Eso hace más soportable la certeza de "la muerte tan escondida". Algunos antiguos juraban sobre su perro.
 
No creo que los perros sufran, don Gabriel.  Lo que pasan es muy rico. No tienen que pagar arriendo, ni lata, ni nada. Pagan en lealtad, eso sí. Y en calidad y calidez perrunas. Todos miran con la ternura extraviada del perrito de la Víctor.
 
Sus amos nos encargamos de conseguirles novia. Les ahorramos curso prematrimonial. Una canita al aire y los que regresan a casa. No tienen que preocuparse por hacer colas ante ventanillas públicas o privadas.
 
No votan. No reeligen (menos). No tienen que aguantar trancones. Cuando la familia sale de vacaciones, van adelante, muy orondos,  como perros de rico. Si no los incluyen en el paseo, duermen en guarderías, donde son tratados como emperatrices. No tienen que leer periódicos mal escritos como los que lo desvelan a usted. Es más: algunos son adiestrados para que traigan el periódico a casa.

Ya los perros tienen siquiatra, como cualquier bípedo implume, para que puedan sobrevivir a sus amores platónicos. El estrés que creíamos reservados al humano, también les da a ellos. ¿Y quién paga la cuenta? Sus amos.
 
Tienen restaurantes exclusivos. Y sastres o dedales propios: no es sino mirar las ciclovías, que ellos convierten en pasarelas.
 
Los arropan sociedades protectoras que velan por sus derechos 'humanos'. Solo les falta un puesto en la Constitución de los países. De pronto les va mal en misa. Le oí decir a un párroco furioso, porque un perrito ladró en algún momento de su somnolienta homilía: "Les recuerdo, hermanos, que los perros no tienen obligación de asistir a la Eucaristía". Y siguió tirando línea teológica.
 
O sea que si escribimos mal los que nos ganamos el pan con el sudor de nuestras falanges, nada tienen que ver los "hermanos" perros, como los llamaría el "mínimo y dulce" Pacho de Asís.  Don Gabriel, procuraremos mejorar en nuestro oficio, pero, por favor, manos fuera de los "míseros canes".

(oscardominguezg@etb.net.co

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