La eutanasia sigue siendo un delito

La eutanasia sigue siendo un delito

02 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

Se dice hoy en día, con cierta ligereza irresponsable y malintencionada, que desde 1997, y por virtud de un fallo de la Corte Constitucional, la eutanasia es legal y lícita en Colombia. ¡No es cierto!

Dijo la Corte, en aquella oportunidad, que el homicidio por piedad con el consentimiento expreso del sujeto pasivo (del paciente) no constituía una conducta antijurídica y que no tenía por lo  tanto sanción penal porque "los individuos no pueden ser forzados a continuar viviendo cuando, por las circunstancias extremas en que se encuentran, no lo estiman deseable ni compatible con su propia dignidad". Y agregó, la Corte que "la actuación del sujeto activo (de quien mata) carece de antijuricidad porque se trata de un acto solidario que no se realiza por la decisión personal de suprimir una vida, sino por la solicitud de aquel que por sus intensos sufrimientos, producto de una enfermedad terminal pide le ayuden a morir."

Así, solo es legal en Colombia la eutanasia activa en el paciente (terminal y gravemente enfermo), consciente y lúcido que expresamente solicita que lo maten. Esto, a mi modo de ver, fue un gran error de la Corte Constitucional, porque el paciente (gravemente enfermo e incurable) que quiere que lo maten puede más bien optar por morir por inanición. Morirá en menos de 10 días y su muerte será (con la sedación adecuada) absolutamente indolora. No tiene por qué "ensuciar" ni involucrar a terceras personas en un homicidio.

Además, si ese mismo paciente solicita, no que lo maten, sino que le suspendan todo tratamiento ya instaurado, entonces morirá como consecuencia directa de su enfermedad y en ese caso no se puede hablar de ningún tipo de eutanasia, puesto que cualquier persona es libre (y su acción es lícita, ética y jurídicamente) de aceptar su condición terminal y de "entregarse" al curso natural de su estado patológico para morir como consecuencia de él. Quien respeta esa decisión NO está practicando ningún tipo de eutanasia y tampoco puede decirse que el mismo enfermo se esté "eutanasiando" por cuanto el concepto mismo de eutanasia hace referencia a la acción de terceras personas de matar y no a la acción personal de matarse ni tampoco a la acción personal de dejarse morir. No era necesario, entonces, un fallo de esa naturaleza y lo único que logró fue distorsionar gravemente el valor constitucional de la vida y también los conceptos de solidaridad ciudadana y de dignidad humana.

Sin embargo, no todo fue malo con respecto del fallo de la Corte. Afortunadamente, fue muy clara al estipular las condiciones de la solicitud o del consentimiento por parte del enfermo. Dijo que el sujeto pasivo debe contar "con la capacidad intelectual suficiente para tomar la decisión.", que el consentimiento del sujeto pasivo "debe ser libre y manifiesto inequívocamente", que el sujeto pasivo debe tener la "información seria y fiable acerca de su enfermedad y de las opciones terapéuticas y su pronóstico..." y finalmente, que el consentimiento debe ser "genuino y no el efecto de una depresión momentánea".

Y lo anterior es muy importante porque, sin lugar a dudas, cierra definitivamente las puertas a cualquier tipo de eutanasia en el paciente inconsciente (en coma). Hoy por hoy, en Colombia, gracias a la sentencia de la Corte, no es lícito, ni constitucional, ni jurídica, ni éticamente matar enfermos graves o terminales en estado de coma, ya sea directamente por medio de una inyección letal (eutanasia activa), o indirectamente suspendiendo tratamientos ya iniciados o desconectando máquinas de soporte vital (eutanasia pasiva). Y esto es obvio puesto que el paciente en coma no está en la libertad constitucional requerida para cumplir con los requisitos que (en buena hora y con buen juicio) impuso la Corte con respecto del consentimiento.

Y como bien puede inferirse de ese fallo, los consentimientos previamente firmados no tienen validez. Y no la tienen, además, porque el paciente, ahora enfermo y en coma, pudo muy bien haber cambiado de opinión. Ante la duda, cualquier persona debe abstenerse de abandonarlo y sobre todo de quitarle la vida. Además, en la sentencia de la Corte no se menciona nunca la posibilidad de matar cuando son terceras personas las que hacen la petición. Esto quiere decir que la Corte Constitucional respeta la autonomía tutelar constitucional y singular del enfermo con respecto de su propia vida y reconoce adicionalmente que solo el paciente, y nadie más, es el paciente. El paciente no es la familia ni su dolor. El paciente no es la EPS ni sus intereses mezquinos. El paciente no es el Estado ni sus intereses políticos. El paciente no es el médico indigno ni sus intereses académicos distorsionados. El paciente es el paciente, y punto. ¡Y quien no lo respete y lo abandone o lo mate, aunque sea por piedad, además de responder ante su propia conciencia y ante Dios, tendrá que irse para la cárcel!

* Cirujano general (Universidad Javeriana)

medicosazules@hotmail.com

 

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