¿Aún hay secuestrados?

¿Aún hay secuestrados?

No son números, son seres humanos, olvidados por la sociedad.

02 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Ya pasó la hojarasca. Ya nadie se acuerda de la gran manifestación. Todos nos fuimos a casa con el falso sentimiento de tener la conciencia tranquila. Francia ya está confinada en sus cuarteles de verano. España y Suiza recibieron un cómodo "retírense y dejen solo al Gobierno colombiano". Chávez y Piedad siguen estigmatizados. Una vez liberada Íngrid, a Sarkozy no le parece necesario hacer esfuerzos para buscar la liberación de ciudadanos de otras nacionalidades que despiertan poco interés en Francia y sólo le producirían un rédito político despreciable.

¿Estarían libres los que fueron rescatados con Íngrid si no fuera por ella y los estadounidenses? Todavía serían parte de la masa amorfa y olvidada de los cautivos que tienen las Farc. Poco se sabe de los liberados. ¿Qué dicen hoy en día Gechen, los soldados, los policías, Luis Eladio, los tres estadounidenses? Sus incómodas voces ya no dicen nada. Clara Rojas pasó por la indagación morbosa de las revistas de farándula. Perdieron interés en ella.

Parece que no hubiera secuestrados. La "operación perfecta del rescate" sirvió para que el Gobierno se liberara de la presión internacional y ganara un cierto prestigio. No cuajó el descrédito de ciertos periodistas internacionales. El uso indebido del emblema de la Cruz Roja Internacional no pasó de ser un triste incidente.

Pareciera que esta institución internacional hubiera aceptado la obtusa idea de que la venta de las estampillas, encendedores y otros chécheres con su símbolo autorizara su uso indebido. Pocos entendieron que los emblemas aseguran la imparcialidad de los que actúan en funciones humanitarias, y, por lo tanto, protegen su integridad. Claro que estos son detallitos si se recuerda que las Farc atacaron vehículos de las Naciones Unidas. En estas guerras sucias, todo parece ser válido.

Es inaceptable el abandono de los que están secuestrados, tanto de aquellos que están definidos como canjeables como de los que están pudriéndose en la selva por "razones económicas".
Definiciones arbitrarias que vienen de los secuestradores, pasivamente aceptadas por el Gobierno actual y los que nos precedieron. Distinciones y categorías banales.

En el inédito libro que escribí sobre el secuestro de 'La Chiva' Cortés queda claro que las Farc secuestran sin distinción del nivel de ingreso. No sólo él no era un hombre de fortuna, sino que estaba acompañado por gentes humildes por las que se exigían sumas escandalosas. El Estado ha permanecido siempre a espaldas del problema del secuestro económico. Tampoco se puede decir que se ha preocupado excesivamente por el secuestro político. En la nada han quedado los esfuerzos de los que han pedido un intercambio humanitario. Un secuestrado sólo siente el abandono.

Es doloroso y lamentable oír el programa Las voces del secuestro con los mensajes que familiares y amigos envían a los secuestrados. Igualmente dramática resulta la lista de ellos en su página web. No son números, son seres humanos, con nombre y apellido, olvidados por la sociedad.

El comisionado Restrepo parece esperar a que las Farc queden completamente agotadas, se ilusiona con el estado de aislamiento en que se encuentran y lanza al aire ofertas para que los guerrilleros y sus jefes se rindan y entreguen a los secuestrados.
Restrepo se queja con ingenuidad del dogmatismo de 'Cano'. Si este no fuera dogmático ya habría bajado del monte. A lo mejor nunca hubiera subido. No parece eficaz la estrategia del Gobierno de dejar que las Farc se deterioren, sin importar cuánto se deterioran los secuestrados.

Mientras tanto, Íngrid ha dejado sus vacaciones para visitar al Papa y al presidente italiano. Ojalá estas visitas sirvan para algo más que para lograr el mencionado Nobel de la Paz. Mientras tanto, todos le rezan a Dios porque saben que en lo terrenal nadie se mueve.

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