Opinión / Leovigildo y los Pijaos

Opinión / Leovigildo y los Pijaos

Mirador de Ícaro

02 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

El chaparraluno Leovigildo Bernal ha sido muchas cosas; entre ellas, íntegro y avezado servidor público: Juez municipal, Concejal, Parlamentario, Magistrado de los más altos Tribunales, Rector de la Universidad del Tolima.

En su fascinante travesía de pensamiento y acción se han encontrado el Derecho, la Política, la Literatura, la Arqueología, la Antropología, la Historia y la Filosofía, como disciplinas tutelares de un quehacer enciclopédico. Su obra es densa y diversa.

Siguiendo las huellas de Darwin, Lamarck, Huxley, Tehilard de Chardin y otros evolucionistas, se ha impuesto la ímproba tarea de descifrar -no por la vía mística, sino por la científica- los enigmas más intrincados y complejos de la historia, el hombre y el cosmos.

La hondura y el progreso de sus investigaciones nos resultan evidentes a quienes conocemos, apenas, una parte de su producción intelectual y del legado que se ha propuesto dejar. Un paisano nuestro ha dicho que 'Leovigildo ya averiguó cuál es el origen del Hombre y ahora está dedicado a averiguar el de Dios'. Algo hay de cierto en esa apreciación que podría parecer jocosa.

Repasando algunas de sus anteriores producciones y leyendo el libro que recién nos ha entregado -del cual el capítulo más original e interesante resulta ser el dedicado a la importancia antropogénica de los Pijaos-, se siente uno como preparándose 'ad-hoc' para asistir, despojado de prejuicios mágicos, al encuentro con los más profundos interrogantes de la existencia: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos?... El naturalista Wagensberg ha publicado recientemente algunas reflexiones en dos opúsculos cuyos títulos podrían compendiar, con bastante aproximación, el aporte que Leovigildo ha venido realizando: "Si la naturaleza es la respuesta, entonces ¿cuál es la pregunta?" y "A más cómo, menos por qué".

No obstante, aquellas realizaciones no son muy conocidas. No sólo porque muchas de ellas aún no han sido publicadas, sino por que el autor no las ha promocionado. Tal vez por timidez y por modestia -probablemente los mayores defectos de Leovigildo-, por confianza en el fluir incesante de las cosas, por esa 'echandiana acinesia' que lo emparienta, más allá del paisanaje, con el insigne Maestro a quien -también como a él- bañaron de niño en las aguas 'lustrales' de la quebrada 'El Chocho'.

Pero, cuando las resonancias de esa obra monumental sean percibidas en su verdadera magnitud, desde diversas latitudes se volcarán sobre ella las inquietudes de los entendidos.

¿Acaso la mayor de las consagraciones no es la que otorga la posteridad? Siempre que se pretenda reflexionar acerca de la historia del Tolima y de la patria, de los misteriosos 'informes' de la arqueología y de la secuencia de los 'saltos' efectuados entre Neandertal y Cromañón, entre el prehomínido, el homo erectus, el homo sapiens y el homo ethicus, habrá que abordar esta obra que, para mayor honra del Chaparral de los grandes, se proyecta como un regio aporte del Tolima a la cultura universal.

Por Jairo Rivera
Ex senador 

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