Internacional

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01 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

 Y de postre... amenaza nuclear

Mientras los georgianos enterraban, dos semanas después de su deceso, los 46 muertos producidos por la incursión armada de Rusia en Osetia, el mundo empezó a descubrir asombrado que, aparte de las consideraciones económicas alrededor del tema del gas natural, en el conflicto subyace el temor de Vladimir Putin a que Georgia y Ucrania ingresen a la OTAN y se conviertan en espinas militares en el costillar de la 'madrecita Rusia'.

El presidente ruso Dmitri Medvedev, a quien todo el mundo reconoce como una prolongación del cerebro de Putin, también ha empleado su mejor tono retador ante las amenazas de sanción por parte de las potencias occidentales. La idea de ambos es devolver a su país su condición de potencia imperial, y para ello presiona, no solo a Georgia sino a Ucrania y Bielorrusia, para solo mencionar tres casos.

Y por si quedaban dudas, Rusia ensayó en medio de la crisis un misil balístico intercontinental de la clase Tópol, dotado con ojivas nucleares múltiples capaces de penetrar cualquier escudo nuclear gracias a su alcance de unos 10.000 kilómetros.

 

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