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Gina Parody: uribista independiente

Gina Parody: uribista independiente

Uribista hasta la médula, la senadora Gina Parody se opone a la reelección indefinida. Pero en el fondo siente que es inevitable y por tanto prefiere guardar distancias durante un tiempo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de agosto 2008 , 12:00 a. m.

"Un bebé", dice Gina Parody cuando le cuento que tengo treinta años. Lo dice como si la brecha generacional fuera inmensa y con tal determinación, que en realidad me siento como una niña. Ya cumplió treinta y cuatro, pero al parecer siempre se ha sentido mayor que sus mayores. Su mamá cuenta que el primer día de kínder fue ella quien le dijo "Mami, ya te tienes que ir". Hoy en día le parece casi una paradoja que sus más cercanos asesores sean sus papás precisamente, con quienes no guarda secretos ni imposturas, porque para ella es claro que en el Congreso nadie hace amigos, aunque se precia de contar con "buenos compañeros". Muy seguramente ese mismo talante de cuando era niña es el que hoy le está dictando un "ya te tienes que ir" a ella misma, que parece muy convencida de hacer un viaje para estudiar economía política por fuera, aunque en los corrillos del Congreso la gente le diga "usted es la próxima alcaldesa de Bogotá".

La oficina de Gina Parody no sobresale por sus muchos detalles particulares. Cada uno de los jóvenes asesores está frente a la pantalla, excepto dos de ellos, que discuten ese tipo de acciones cotidianas que jamás se registran en los periódicos: reuniones con familias en barrios donde hay contaminación auditiva, o con estudiantes de colegios públicos. En el lugar donde cualquier persona tendría una foto familiar, Gina tiene una de Álvaro Uribe con su esposa y sus hijos. Le pregunto qué tan personal siente su oficina del Congreso, y dice que después de estar seis años trabajando allá, ni siquiera siente la necesidad de "habitar" las oficinas que le adjudican. "No es muy diferente de mi casa, la verdad. Allá también tengo mi Uribito", dice con esa cautela que tienen los políticos fogueados y cancheros en los medios.
 
Entre los libros de teoría política, los códigos y las constituciones, reposa en el estante A farther shore (En España se tradujo como Memorias Políticas: el largo camino de Irlanda hacia la paz), del político Gerry Adams. El libro está subrayado con lápiz: "Peace and plenty were promised only in next life" (la paz y la plenitud fueron prometidas solo en la otra vida). En la letra de la senadora hay un apunte al pie: "No puede ser así". Tal parece ser el leitmotiv de trabajo de Gina, que decidió ser política el día en que visitó el municipio de El Aro, en Antioquia, donde se produjo una de las masacres más grandes de los paramilitares. "Yo salía con un periodista que me pidió hacer un recorrido que se llamaba la ruta de los desplazados. Los cuadernos tirados y las huellas de los niños daban cuenta de la estampida en la que habían tenido que huir de la escuela", me cuenta mientras el peluquero la maquilla para la sesión de fotos y ella se queja porque le van a poner pestañas postizas. 

Leer a Gina es difícil. Es joven, pero muy adulta. Su estética es clásica, pero ella le pone cierto toque moderno con sus marcos de colores y sus tacones magenta o aguamarina. Es estudiante, pero profesora (está haciendo un MBA en el Inalde y dicta clases en la Javeriana). Es de partido, pero independiente. Es uribista, pero no reeleccionista. Lo más claro es que su obsesión es la ilegalidad y no tiene ningún problema en llamar a las Farc 'los cartelitos de la droga'. Pero la desvela mucho más (es un decir, porque Gina ya no se desvela por nada) el tema de la ilegalidad en la política que en la selva y es partidaria de la legalización de la droga. 

Ya todos han explotado ciertos lugares comunes de Gina, como que era bailarina, que hace yoga y que tiene cinco pares de gafas (por cierto, tienen apenas una dioptría de miopía y unos pocos puntos de astigmatismo). Lo cierto es que a ella el yoga le cambió la vida. "Cuando estoy así como ingobernable, hago quince minutos de yoga". Poco les importa a los medios ese proyecto de ley sobre discriminación que trabaja Parody, o los videos de reciclaje que cuelga en su página de Internet. Muy seguramente nadie está enterado de la pelea que ha dado en el Congreso por la ley contra la prostitución infantil, sobre la cual muchos de sus colegas opinan que no se debería castigar a quienes sostengan relaciones con menores de dieciocho, sino de dieciséis "porque alegan que en ciertas regiones del país las niñas de dieciséis ya están bien desarrolladas". Todos esos temas están siempre de lado cuando surge el monotema de los colombianos: la reelección de Uribe. 

Mientras recorremos los pasillos del Congreso para llegar hasta donde el fotógrafo la espera, conversamos de manera entrecortada. Intento una charla menos formal, pero Gina jamás olvida que tiene a una periodista caminando a su lado. Le sobra esa mesura que muchos dicen que le falta a su líder político. Mientras le toman las fotos intento hacerme invisible y recoger frases sueltas, pero ella me mira cada tanto desde sus gafas con marco negro y rojo. Nunca a la defensiva, nunca desconfiada, pero siempre cautelosa.

¿Cómo son sus relaciones con Uribe ahora que se opone a la reelección? ¿Evaden el tema?
- Sí. En los temas en los que no estamos de acuerdo, como la dosis personal o la reelección, la relación es pública. Uribe no tiene conversaciones privadas que no sean públicas. El momento más crítico de mis relaciones fue un día antes de la votación del proyecto de justicia y paz. Yo fui y le dije que si él quería, yo votaba sí. Él dijo: "jamás le pediría a una persona que votara algo de lo que no está convencida. Lo más importante es tu conciencia". Él es súper tranquilo...

Eso no es tan visible. ¿Será que entonces el único uribista con el que se puede discutir es Uribe?
- Usted está como Vladdo, que dice que los uribistas no permiten que se hable ni bien ni mal. No, a mí me parece que es una persona racional y argumentativa. No sé si ecuánime y tranquilo, pero creo que está dispuesto a llevar sus ideas hasta el final, aunque tenga unas convicciones democráticas como que tiene que haber una nueva generación política libre y eso hace que uno siga enamorado de la cosa.

Pero entonces si no es Uribe ¿quién?
- Colombia, a diferencia de muchos países de América Latina tiene muchos líderes. Rafael Pardo, Juan Manuel Santos, Marta Lucía Ramírez, Sergio Fajardo, Cecilia López. Lo que pasa es que el Presidente ha logrado unirnos a todos alrededor de la Seguridad democrática como pilar del desarrollo del país y del desarrollo económico que se ha dado por cuenta de eso. Esa es su herencia, digamos. 

¿Usted no le encuentra ningún defecto a esa política de Seguridad democrática?
- Hay muchas formas de concebir la seguridad. Lo más importante fue que cada casco urbano tuviera policía y que los ciudadanos se sintieran protegidos por la fuerza pública. Creo que ahora tenemos que comenzar a hablar de seguridad urbana en Bogotá.

¿Y esas detenciones preventivas que tanto criticaron?
- Creo que eso se llevó a un debido proceso. Nunca hubo un desmadre con la seguridad democrática. A tal punto que va tener que pasar de ser una política de gobierno a una política de Estado. 

¿Y Uribe se tiene que volver una política de Estado también?
- Aunque yo soy de las más uribistas, es mejor reelegir la política. Creo que por encima está el compromiso democrático de un gobernante. Hoy es Uribe el que cambia las reglas de juego. Hoy nos llegó el mejor. Mañana es cualquier otro ciudadano, el peor tal vez, y esas prácticas no democráticas perjudican el interés general.

¿Qué diferencia tiene entonces la primera reelección de esta segunda? ¿Por qué antes sí era legítimo cambiar las normas del juego?
- Si uno concibe la reelección pasada en abstracto, era una reelección que cabía en un Estado democrático. Una cosa es darle un período más a alguien que está haciendo las cosas bien, y otra muy distinta, reelegirlo indefinidamente, porque se pierde por completo la intención de la Constitución del 91: que haya pesos y contrapesos para que ninguna de las ramas del poder público concentre poder. Dejarla indefinida se sale del marco democrático. Una sola vez, sale bien. Indefinida, sale mal.

¿Y qué opina usted del tema de Yidis Medina, con respecto a la legitimidad de la primera reelección?
- Es un tema que para bien de todos ya está en la justicia. Mi experiencia personal, en los casos de votación por los cuales yo he tenido que juzgar a los demás, es que Uribe no es capaz de pedirle un sí o un no ni siquiera a personas como yo, que no le pedirían nada a cambio. No me imagino a Uribe obligando a nadie.

¿Entonces Yidis está diciendo mentiras?
- Yo creo. Uno tiene discusiones con el gobierno y ellos tratan de persuadir, pero nada más.

¿Qué opina de lo que dijo Rudolf Hommes en su columna sobre la necesidad de frenar el gasto público y lo poco viable que eso es con un Presidente en campaña?
- Respeto un montón a Rudy, pero es indiscutible que el crecimiento de este país ha sido tan sólido como para tener un presupuesto más rico en el que Uribe, además, tiene prioridades que probablemente no serían las de Hommes, como Familias en acción, pero él ya tuvo su turno. Familias en acción es un tema efectivo en el campo rural.

En caso de que no haya reelección ¿cómo imagina la baraja?
- Me imagino mucha gente a principio de campaña. Varios liberales, y uribistas, Juan Manuel, Vargas Lleras, Oscar Iván, Marta Lucía y Pacho, sin duda. 

¿Y para cuál de esos sería el aval del Presidente?
- Creo que eso lo trasnocha. No veo a ninguno más cerca que otro, porque a todos les ha hecho un guiño...

¿Sí será que lo trasnocha, teniendo tan claro lo de la reelección?
- Yo creo que si la tuviera tan clara, lo diría.

Hablemos de reformas ¿Por qué no está de acuerdo con que en la reforma política se pretenda subir el umbral para obtener curules?
- Eso significaría fortalecer a la fuerza -valga la redundancia- unos partidos que no existen. Nosotros en Colombia necesitamos partidos -probablemente, porque ni siquiera estoy tan segura de eso- construidos a punta de ideología. Si queremos transformar las costumbres políticas, lo mejor es empezar de ceros. Lo que ha demostrado la historia, desde el Frente Nacional, es que la clase política no está comprometida con el interés general. El aumento del umbral fortalece artificialmente los partidos políticos porque la gente se une a un partido para poder salir elegida. En Alemania, por ejemplo, se subió el umbral para evitar que hubiera partidos de extrema, pero acá es para fortalecer el clientelismo y la corrupción.

Hablando de corrupción, ¿qué hacer con el tema de la parapolítica?
- Era importante el tema de la silla vacía, porque si los grupos ilegales coartaron la libertad en el voto, la representación de esa gente no es legítima. Eso no se aprobó y me parece que Colombia siempre vive rezagada frente al alcance de la ilegalidad. En ese momento era importante la silla vacía. Para el próximo Congreso ya no sirve mucho, porque la ilegalidad se va a meter de otra manera. Ya no va a haber pactos como el de Chibolo o el de Pivijay. Pero lo más importante es que la justicia funcione y yo creo que el Fiscal que tenemos no es un fiscal comprometido con la verdad. Hay muchos pactos regionales que no han sido investigados. Para eso no se necesita ninguna reforma.

¿Será por eso que los congresistas renuncian a su fuero? ¿Para que los juzgue la Fiscalía y no la Corte Suprema? En el caso particular de Carlos García usted qué puede decir...
- Si a uno lo investigan y está representando a tantas personas y es inocente, pues lo mejor es dejar la investidura y volver una vez se pruebe su inocencia. 

¿Cuánta gente falta por caer?
- Todos los días pareciera que tenemos más personas vinculadas.

¿Cuántos congresistas cree que no tienen ni la más mínima posibilidad de resultar investigados?
- No tengo el cálculo Mancuso, pero sí le aseguro que hay personas que uno nunca se imaginó involucradas, como Carlos García, mientras que hay otras de las que uno siempre sospechó y las ve tranquilas en el Congreso. 

Usted hace una fuerte crítica a la justicia. ¿Qué tan oportuna es la reforma judicial en este momento?
- No, la reforma no la entiende nadie. Ni las cortes, ni los congresistas. El peor problema de la justicia es la falta de acceso. Eso por ejemplo, no está en la reforma. 

Algunos dicen que la reforma busca debilitar a la Corte Suprema...
- No. Creo que tiene puntos interesantes, como la reestructuración del Consejo Superior de la Judicatura. Cumple con una sentencia de la Corte Constitucional que dijo que a los congresistas los debe investigar un ente y juzgarlo otro. Pero yo creo que necesitamos menos reformas constitucionales y más profundización de la democracia.

Usted fue muy crítica con la ley de justicia y paz. ¿En qué paró el proceso con los paras?
- Hemos fallado en el tema de la verdad, que es el primer elemento que justifica una disminución de penas. 

¿Y en qué ayuda esa extradición tan abrupta?
- Yo fui muy pesimista cuando extraditaron a los paramilitares porque dije "hasta aquí llegó el proceso de paz". Me preocupaba además la pena que iban a recibir esos señores, porque la experiencia es que no colaboran lo suficiente y a los tres años están viviendo en Palm Beach. Yo no quiero ver a Mancuso así.

...¿Entonces?
- Voy a tratar de ser optimista. Quiero creer que van a contar la mayor parte de la verdad.

Parte de esa verdad estaba en los computadores de los que nadie da cuenta en el Inpec...
- Yo dejé una constancia en el Congreso. Si somos capaces de guardar el computador de Reyes, deberíamos ser capaces de guardar el de los paramilitares. La Procuraduría debería investigar al Director del Inpec. 

Volvamos al principio de esta conversación. En la eventualidad de que no hubiera reelección, ¿los colombianos van a elegir al sucesor de Uribe?
- No necesariamente. El Partido Liberal puede dar sorpresas, y el Polo también, si no está Uribe. Pero con Uribe, el único que tendría posibilidades sería Gaviria, aunque Uribe ganaría, sin duda. 

Parece insinuarme que va a haber reelección irremediablemente. ¿En qué queda su uribismo, si la reelección rompe ese principio democrático en el que usted cree?
- Si hay reelección, de todas maneras sería elegido democráticamente. Mi uribismo quedaría en mi corazón y en el corazón de él. Yo me iría a estudiar...

¿O sea que está anunciando un viaje?
- Eso creo.

Por Margarita Posada Jaramillo

 

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