'Chirrinchi', aguardiente hecho en el cerro de Monserrate

'Chirrinchi', aguardiente hecho en el cerro de Monserrate

Esta bebida es tan popular como los cotudos y las barras de dulce de colores. Lo mismo sucede en el cerro vecino, Guadalupe.

01 de agosto 2008 , 12:00 a.m.

Otros lo llaman 'Pirrín' o 'Palito' y está hecho de siete hierbas que pueden variar dependiendo de las necesidades o de los gustos.
Manzanilla, mejorana, cidrón, yerbabuena, hinojo, limonaria y albahaca son las más usadas, y deben dejarse por más de 15 días para lograr un buen sabor.

Cada vez que José Dávila y sus amigos subían por el camino a Monserrate, el mejor remedio no solo para el frío sino para el guayabo de días de fiesta era este aguardiente de hierbas. Una bebida que cuarenta años atrás se vendía en todas las tiendas camino al cerro y que arriba, justo detrás de la iglesia, se había convertido en el mayor punto de venta y consumo.

Como una parodia al bambuco que dice "el que en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate, no sabe lo que es canela ni tamal con chocolate...", los más fervientes peregrinos afirman igualmente que quien no ha subido a este cerro, no sabe tampoco lo que es tomarse un trago del aguardiente de hierbas.

Para los cólicos o para sacar el 'frío del cuerpo' se debe calentar el trago. Los más creyentes curan dolores o morados del cuerpo tomándose un trago y luego sobando con el mismo aguardiente la zona afectada. Para el reumatismo, Beatriz Ruiz, una campesina de una vereda cerca a Choachí, cuenta que "lo más efectivo es enterrar el aguardiente por uno tiempo y beberlo en ayunas por nueve días".

Hoy no son más de diez los lugares donde se consigue. Sin embargo, todavía muchos lo buscan incansablemente, como Dora Clavijo quien por años lo ha utilizado para curar su reumatismo.
"Una o dos copitas diarias en ayunas y me hace sentir mejor", afirma.

Para otros, los beneficios van más allá de emborracharse o pasar un buen rato. Según ellos, unas buenas copas ayudarían a sanar la artritis, los cólicos y hasta las amebas.

Lo preparaban los abuelos en los pueblos cercanos a Bogotá, como lo hacía Alcira Clavijo en San Bernardo, Cundinamarca, en una finca lejos del pueblo. "Eran cuatro ollas, una encima de la otra, con anís, panela y a veces guarapo. Cuando salía el líquido lo empacábamos en botellas con las hierbas, lo dejábamos algunos días y después lo bajábamos en burro a escondidas", cuenta.

Esto se debía a que el aguardiente que se fabricaba de manera casera era prohibido en Bogotá y sus alrededores. Las medidas de salubridad no resultaban ser las mejores y por eso la Policía estaba pendiente de estos lugares. Sin embargo, familias enteras se las ingeniaban para seguirlo preparando y complacer a los fervorosos clientes. Una de las estrategias que usaban era la quema de llantas para alejar el olor del anís.

"La historia de Don Fidel, que pasó frente a la nariz del alcalde las botellas de aguardiente que él mismo hacía, las metió en un ataúd y pudo llevarlas al centro que abastecía al pueblo", cuenta José Herrera, un campesino de la vereda Verjón Alto, muy cerca del cerro de Guadalupe.

LINA SÁNCHEZ ALVARADO
REDACTORA DE EL TIEMPO ZONA

 

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.