Así registró EL TIEMPO el 'escorpión' de René Higuita en 1995

Así registró EL TIEMPO el 'escorpión' de René Higuita en 1995

Crónica de aquella noche de septiembre en el estadio de Wembley en Inglaterra.

22 de julio 2008 , 12:00 a.m.

¡Es-pec-ta-cu-lar!

El reloj marcaba el minuto 21 de la primera parte cuando René Higuita, el amado y odiado, el admirado y criticado, el santo y el demonio del fútbol colombiano, decidió inventarse una 'maroma' de fantasía en la puerta norte del estadio de Wembley.

Ojo, no fue en un entrenamiento en Girardota o en una ¿recochita' en un parque con sus amigos. Fue en la cancha emblema de este país donde se creó este jueguito, el más practicado y seguido en todo el planeta.

'El Loco', como le dicen al portero antioqueño, fabricó una verdadera joya como para levantarle allí una estatua, en el mismísimo templo del balompié. Una jugada que eclipsa el resto del partido amistoso que jugaron las selecciones de Colombia e Inglaterra, que se liquidó 0-0.

La pelota, disparada por Redknapp, venía elevada buscando el centro del pórtico donde estaba parado Higuita. Era un balón fácil para que él levantara los brazos y lo atrapara. Pero, como siempre, impredecible, René dejó que el 'cuero' pasara por encima de su cabeza, se lanzó hacia adelante y levantó al mismo tiempo sus piernas para despejar el balón con los taches de sus botines. Como de no creer...

Una jugada similar a la que hace unos años efectuó Víctor Hugo Aristizábal en el estadio Nacional de Santiago de Chile para convertir un gol antológico con la camiseta nacional. Algunos la llaman 'el escorpión'. Otros, como el goleador mexicano Hugo Sánchez, la denominan 'La Patada de Mula...'.

Llámese como se llame, los 20.038 espectadores que observaban el lance en Wembley (de ellos, unos cuatro mil colombianos) quedaron atónitos. Unos se pararon de sus asientos y saludaron esa escalofriante acción con una salva atronadora de aplausos.
 
Higuita, ahí sí, levantó sus brazos y recibió la admiración de los fanáticos. Otros, quedaron como atornillados en sus asientos.

En esa acción quedó retratado de cuerpo entero el fútbol practicado ayer por Colombia. Un fútbol que intentó darle alegría a la gente, que entendió que el partido, más que una competición deportiva, era un espectáculo.

Por eso, la osadía, el atrevimiento de Higuita, con ese fantástico despeje en la propia línea de gol, disimula los tres balones que los delanteros ingleses estrellaron en la puerta colombiana; los milimétricos pases de Valderrama en busca de Asprilla o Rincón, las ganas de Paul Gascoigne cada vez que corrió con la pelota pegada a su guayo derecho, la falta de fortuna de Valenciano a la hora de sacar el 'metrallazo' o los problemas de Bermúdez y Mendoza para despejar los 'ollazos' al corazón del área.

Prácticamente, el juego duro lo que Higuita demoró en ver descender la pelota y efectuar su plástico salto. Lo demás quedó relegado a un segundo plano... Que la colectividad, que la figura, que el pressing a los costados... Todo eso ayer perdió cabida por la verdadera esencia del fútbol, la diversión.

"Ojalá que la gente de Frutiño (refresco que utiliza para su publicidad la imagen del melenudo guardameta) se acuerde de la oportunidad que me dio para hacer esa jugada en un comercial. Es una jugada que sirve para el espectáculo y tal vez para motivar el equipo. Ojalá, Dios siempre esté con uno. Solo quiero decirle gracias a los que siempre han confiado en mí", dijo Higuita en el vestuario, minutos después de terminar el partido. 

Gabriel Meluk
Editor de Deportes
gabmel@eltiempo.com.co

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