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Esta es la historia de seis vidas congeladas por el secuestro

Esta es la historia de seis vidas congeladas por el secuestro

Estas son algunas historias de quienes no pierden la esperanza de volver a tener a sus sehres queridos en casa.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de julio 2008 , 12:00 a. m.

'Yo sé que Yesenia está viva'

En estos doce años no le han faltado lágrimas a Florinda Farfán para llorar a su hija Yulie Yesenia Chacón. La tragedia de esta mujer empezó el 20 de febrero de 1996, cuando la niña de 11 años desapareció luego de salir del colegio.

Las primeras versiones señalaron que a Yesenia se le habían llevado dos hombres, luego las autoridades le atribuyeron la desaparición a una red de trata de blancas.

Entonces empezó la peregrinación de doña Florinda. "Después de publicar las fotos empezaron a llamarme. Me pidieron plata, luego me dijeron que la tenía la mafia japonesa, otro día me contaron que se la había llevado la guerrilla y hasta viajé a San José del Guaviare...", relata.

En medio de la búsqueda logró que en Estados Unidos y Japón pegaran la foto de Yesenia con un 'Se busca'. "He hablado hasta con mentalistas -confiesa- que me dicen que la ven sufriendo, pero nada".

En su casa permanece intacto el cuarto de la pequeña, que el pasado 22 de abril cumplió 23 años. El tiempo se detuvo en esa casa del sector de Suba, en Bogotá.

En el cuarto de Yesenia hay una pila de regalos, esperándola. Uno por cada año, por cada Navidad, por cada día del amor y la amistad. Está la cadena de los 15, un cofre para los 18...el primer labial.

"Mi niña se hizo mujer lejos de mí, pero ni un día la he dejado sola. Ahora me sueño con ella, la imagino volviendo, toda una señorita hermosa abrazándome. Yo sé que mi hija está viva en algún lugar y aunque pase el tiempo no voy a dejar de buscarla", dice.

Una ex magistrada espera a su hijo artista

El pasado 10 de junio una juez especializada condenó a 25 años de cárcel a Vidal Manosalva Niño, alias 'Ernesto', jefe del Eln calificado como uno de los más despiadados secuestradores en el país.

La condena fue por los plagios de Diego Fernando Carvajal Mahecha y Édgar Humberto Obando, quienes van a cumplir dos años en cautiverio. Édgar, además, tiene una limitación física: nació sordo.

Para su mamá, la ex magistrada del Consejo de Estado Margarita Olaya, su hijo está doblemente aislado. "Puede estar rodeado de mucha gente, pero el no oír, el no entender lo que los demás dicen, hace que esté más solo".

A Édgar, que estudió artes plásticas, lo secuestraron el 3 de agosto del 2006.

Su papá le había montado un negocio de café internet porque no había podido emplearse. Además, -cuentan sus padres- él mismo decía que vivir de la pintura era algo bastante complicado.

Lo que saben las autoridades es que, con engaños, lo sacaron del negocio y se lo llevaron para los Santanderes.

Casi al mes de su desaparición se confirmó el secuestro. La ex magistrada Olaya sostiene que quien la llamó para pedirle rescate fue el propio 'Ernesto'.

Con el secuestro de su hijo llegaron a su fin 35 años de carrera judicial. Ella salió de los estrados para dedicarse a seguir cada pista, a tocar cada puerta que pudiera abrirle las puertas del cautiverio a Édgar.

"Me retiré porque no tenía cabeza para nada más. Lo que hacía era ordenarle lo que ya estaba ordenado. Limpiarle lo que estaba limpio. Al final tuve que arrendar el apartamento de él", dice la señora.

En todo este tiempo han recibido tres pruebas de vida. La última de ellas llegó en en noviembre. La llamaron para leerle unas preguntas muy puntuales que solamente Édgar conocía.

Y así siguen pasando los días, las semanas, los meses y los años. La única respuesta que han recibido de 'Ernesto' es que Édgar está bien, pero el hombre se niega a colaborar con su liberación por supuestas convicciones políticas.

20 años buscando a Vivian

Lo único que encontró el ingeniero industrial Néstor Montañez durante la frenética búsqueda de su hija Vivian Paola fue un zapatico. Apareció quemado y junto a frascos de compota y cajas de jugo en un cambuche hallado cerca de la represa del Zulia, en Norte de Santander. Eso fue hace ya 20 años, cuando su hija contaba apenas 22 meses de edad.

A Vivian Paola Montañez Castellanos se la llevaron el 21 de junio de 1988 y, según los expedientes, en el crimen hubo participación de algunos conocidos de don Néstor Montañez, entonces gerente de una textilera en San Antonio del Táchira.

Una empleada de la familia Montañez aseguró que ese día, cuando sacó la niña al parque La Ceiba, se la llevaron hombres armados. Según la investigación la mujer le entregó la menor a un tío de su esposo, también empleado de los Montañez.

El tío fue detenido y los miembros de la banda cayeron y confesaron que dejaron ir a la niña, de casi dos años, detrás de la alambrada de un camino veredal en Zulia. Agentes del F-2 llegaron hasta la represa y el único rastro que encontraron fue el zapato. Eso fue hace 20 años. La familia de la niña viajó a E.U. y con expertos hicieron un bosquejo de cómo sería Vivian Paola hoy.

El 23 de septiembre de 1988 un juez de Cúcuta condenó a seis personas a más de 20 años de cárcel. Pero recobraron la libertad con menos de cinco años tras las rejas.

No hay una pista de Erick

Desde el momento en que se lo llevaron, la mañana del 14 de junio del 2006 -cuando iba para el colegio San Francisco en Acevedo (Huila)- la familia de Erick Alejandro Samboní no ha recibido ni una sola fe de vida.

Nunca escucharon su voz, ni recibieron un video o una fotografía. Solo hubo llamadas para pedir dinero, que se acabaron seis meses después.

A Alejandro se lo llevaron unos hombres que iban en una camioneta. Lo subieron al vehículo en el momento que su hermanita entró a una tienda y salieron con rumbo a Santo Domingo, a 30 kilómetros de Acevedo, donde el carro fue abandonado. Aparentemente el niño fue internado en la región de Belén de los Andaquíes, en Caquetá.

Los tres hombres acusados del secuestro son enjuiciados en Neiva. Testigos los señalan como los responsables, pero han negado el secuestro. Eran del frente 61 de las Farc.

La familia del niño dejó el pueblo por físico miedo. Don Henry Samboní, el papá, era dueño de un almacén de ropa y calzado. Aguantó con el negocio seis meses más, pero terminó vendiéndolo, arrendó la casa y con su esposa y sus otros tres hijos se marchó a Pitalito.

"Uno no tiene moral para trabajar. No tiene sentido trabajar y trabajar para que a uno le quiten la vida y la tranquilidad", dice. Él y su esposa, doña Idalí Barragán, aún esperan que un día vuelvan a tener noticias de su hijo.

El dolor de madre salió a las calles

Virginia de Beltrán, madre del sargento segundo Luis Alfonso Beltrán, secuestrado en 1998 en El Billar (Caquetá), fue una de las primeras en llegar a la calle 32 con Séptima.

Se levantó temprano, se puso unos tenis, la camiseta blanca, se terció el bolso y dejo su casa en Ciudad Bolívar.

Llegó al centro a las 8 a.m., se encontró con los otros miembros de Asfamipaz y se preparó para marchar. Todos se encadenaron con una cuerda blanca, y clamaron por el regreso de su seres queridos. Ella lo considera un acto de amor: "Con tal que mi hijo sepa que estoy pendiente", dijo.

Arengó con la calma propia de quien reza un rosario, pero gritó con el alma cuando mencionaban a su hijo, del que no recibe pruebas de supervivencia desde el 2002.

Su viacrucis, que lleva 10 años y cinco meses, se vuelve literal al cargar la pancarta con la foto de su hijo, como una cruz. Su cara brilla cuando se encuentra con su otro vástago, Milton César, quien le recibe la carga. Si así reacciona con él, que lo ve todos los días, ¿cómo será cuando vuelva Luis Alfonso?

Una década tras las huellas de su hijo

Una pregunta sin respuesta completa una década en la mente de Blanca Flores Camacho: "¿Por qué las Farc se llevaron a mi hijo?".

El 18 de noviembre de 1998 milicianos de las Farc secuestraron, en la avenida Caracas con calle 27 sur, al quindiano de 24 años Jesús Antonio Rodríguez, quien se desempeñaba como conductor de un prestante ganadero.

A Blanca no le han entregado ninguna prueba de supervivencia. La única señal de vida de su hijo es una vieja conversación sostenida en el departamento del Caquetá entre ella y un comandante guerrillero. "La libertad de Chucho le vale 100 millones de pesos, mi señora", le dijo.

Este domingo , muy de madrugada, Blanca recogió sus cabellos con una moña y partió rumbo a la calle 94 con Séptima. No iba sola. La acompañaba la fotografía de su hijo estampada en un cartel y el tricolor patrio izado en un palo de escoba.
Caminó a paso lento con rumbo a la calle 72, suplicando que -por fin- su pregunta tenga respuesta.

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