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"Las lenguas son la reserva espiritual de la humanidad": Jon Landaburu

"Las lenguas son la reserva espiritual de la humanidad": Jon Landaburu

Landaburu es coordinador del Ministerio de Cultura en el Programa de Protección de la Diversidad Etnolingüística.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de julio 2008 , 12:00 a. m.

El lingüista vasco Jon Landaburu llegó a Colombia hace 40 años cuando debía cumplir un año de servicio social por cuenta del servicio militar. Acababa de estudiar lingüística y filosofía en la Sorbona en París, cuando armó maletas y se desvió de su destino original, Lima. Llegó a trabajar dictando clases de francés en el Liceo Francés y pronto se dio cuenta que su área de formación era prácticamente virgen en el país. Trabajó de la mano del reconocido antropólogo Reichel Dolmatoff y fue haciendo su camino aquí en Colombia. Hoy es coordinador del Ministerio de Cultura en el Programa de Protección de la Diversidad Etnolingüística. CAMBIO habló con él de camino a la inauguración del Festival Wayúu en el municipio de Uribia, Guajira. 

CAMBIO: ¿Por qué es tan importante hablar de las lenguas indígenas y afrodescendientes?

Jon Landaburu: Yo diría que el tema va mucho más allá de las fronteras del país, es un tema mundial. Por esto la Asamblea general de las Naciones Unidas el año pasado declaró el 2008 como el año internacional de las lenguas. Porque realmente la globalización tiene el peligro de reducir toda la humanidad con su diversidad en una cosa muy homogénea. Es un peligro que se está viendo en la fauna, en la flora, con la desaparición de muchas especies, y también con la desaparición de formas de cultura. Si no buscamos espacios para que se integren a esta globalización de una manera armoniosa, vamos hacia una catástrofe ecológica en lo natural y en lo cultural. Es un problema que rebasa Colombia, pero que también tiene de manera excepcional porque tiene una diversidad muy grande en comparación con muchos otros países. En general los países de la cintura ecuatorial tienen mucha diversidad cultural. Por eso hay una responsabilidad del país por el porvenir de la humanidad. Y desde luego también hay una responsabilidad del país que integra a toda su gente y le da espacio a las comunidades para seguir siendo lo que son, adaptándose a las nuevas condiciones.

¿Cuál es su diagnóstico de sobrevivencia de estas lenguas?

La situación actual es muy variada, hay muchas lenguas de grupos muy pequeños que están amenazadas. La transmisión de estas lenguas puede ser muy problemática y en algunos casos lo es. En esos casos lo que hay que hacer es documentar para guardar el testimonio, el patrimonio, la memoria de esto y apoyar en algunos procesos de tipo escolar.

Pero por el otro lado, hay lenguas que están todavía muy vivas, como el wayunaiki, de los wayuu en la Guajira, a quienes hay que acompañar en la modernización, en la estandarización, en la documentación, y en la escuela, tribunales, hospitales, etc. Estamos haciendo autodiagnósticos en todas partes, y mucha de esta gente es monolingüe y no habla español, por eso tenemos que aprender sus lenguas también. Y los que lo hablan, también hay muchas formas de promover, que es lo que propone las Naciones Unidas, es fomentar el plurilingüismo, que es definitivamente una ventaja intelectual y cultural, ya que las personas que pertenecen a varios mundos mentales tienen realmente una ventaja y una capacidad de adaptarse a este mundo cada vez más globalizado, respetando su propia identidad y acercándose a las identidades más amplias. 

¿La selección de las 20 lenguas con las que empezaron es porque se encuentran en mayor riesgo?

No, realmente el riesgo está un poco repartido, así que no es un criterio discriminante. De todas maneras pensamos en tres años cumplir todo. Sino en función de la accesibilidad que teníamos en este momento, de los colaboradores que pudieran trabajar con nosotros y que hubiera una diversidad tipológica de situaciones suficiente.

¿Cómo proteger a las comunidades amenazadas desde la salvaguardia de la lengua?

Es un problema muy difícil, la violencia y las situaciones de desalojo y espaciamiento destruyen cualquier tipo de comunidad. Obviamente las comunidades que tienen su tradición amarradas a un territorio, el apego y la simbología, todas las prácticas festivas, los lugares de cacería, de trabajo, de recolección son fundamentales. Así que cuando se desplaza una comunidad es algo muy grave.

Estamos tratando de trabajar en los cascos urbanos, donde viven también migrantes, unos por traumas de violencia, otros porque salieron también de su comunidad por diversas razones. Ellos se suelen reunir en barrios, suelen mantener algunas redes, es importante que los niños encuentren un espacio, que pueden ser centros de cultura o casas de cultura, para que mantengan vivos y tengan algún tipo de apego a la lengua y tradición, culinaria, festiva, etc.

¿Existen comunidades más arraigadas que otras?

Hay comunidades como los quechuas en Bogotá que mantienen su lengua de manera bastante fuerte, muchos de ellos son comerciantes, así que les sirve de herramienta de solidaridad, pero otros están en condiciones muy diferentes. La conservación de la lengua y de la tradición parte de una voluntad de identidad que es muy variable según los grupos. Hay grupos que uno puede decir que de aquí a 20, 30 años se van a terminar y aunque nada está escrito las perspectivas son complicadas. Pero hay comunidades como los embera, que migran a diversos lugares, como Nariño, pero mantienen su lengua.

¿Cuáles son los grupos más vulnerables?

Aquí la perspectiva histórica es fundamental. En la costa Caribe fue un desastre, la población desapareció, en buena parte fue reemplazada por esclavos y descendientes de esclavos. Esta gente de la costa y de los Andes, lleva cinco siglos en la tarea de mantener su identidad en condiciones adversas y algunos lo han logrado. Precisamente los wayúu son ejemplo de adaptación y de mantenimiento. Las poblaciones del Cauca y del sur del país también lo han logrado. En Antioquia, la cordillera central y la occidental ha sido más duro y han desaparecido cantidad de pueblos. En el Amazonas y en el oriente en general, el contacto con la civilización occidental ha sido mucho más reciente y en este momento está golpeando a los grupos porque los procesos de adaptación, de selección natural están jugando y muchos grupos probablemente van a desaparecer. Es difícil saber cuáles, hay grupos pequeñitos en el Vaupés, por ejemplo, que mantienen mucho y que incluso usted pasa de un río a otro y hablan una lengua distinta, y tienen mecanismos para mantenerlo. Por ejemplo uno no se puede casar en el Vaupés si no con una persona que hable otra lengua, entonces todo el mundo es multilingüe. Eso significa que en la residencia, puede ser una maloca, un caserío, se hablan cuatro, cinco lenguas distintas y la gente las habla. Se han acostumbrado a esta especie de convivencia del lenguaje, y además hablan español y portugués porque están en contacto con el Brasil. Hay condiciones que pueden ser más favorables, pero otras no. El español está dominando como lengua de contacto entre los grupos y cuando hay grupos muy pequeños la funcionalidad de la lengua es cada vez más limitada.

¿Cómo ven estas comunidades el matrimonio con colonos y "blancos"?

Ese efectivamente es uno de los factores de pérdida de la lengua, no siempre, pero sí depende un poco del entorno. Si la valoración de la lengua es muy baja como ha sido la tradición de la escuela -que ha sido considerada como dialectos bárbaros, sin gramática, vestigio de épocas antiguas de la humanidad que había que superar-, obviamente muchas veces la gente esconde su propia lengua. Pero si a raíz de una conciencia mundial y nacional de los grupos étnicos de que todo esto tiene mucho valor e importancia, si se valoriza y está presente en los medios de comunicación, en la escuela, etc, se producen unos cambios que son fundamentales, por ejemplo una persona, una mujer  indígena casada con un blanco o viceversa va a tener que aprender la lengua. Y se dan casos, en el Guainía hay gente curripaco que es una lengua muy fuerte y blancos mestizos que se casan y aprenden la lengua también. Eso es variable, pero depende de la conciencia del valor añadido que tiene para el futuro de los niños la lengua.

De una cultura primordialmente escrita, hoy en día hay una nueva valoración de la oralidad, ¿esto beneficia los procesos?

El tema de la oralidad es muy complejo. Es cierto que la civilización occidental se ha construido y fundamentado sobre la escritura y desde luego es muy importante. Pero con el contacto cada vez mayor del mundo occidental con las culturas del mundo entero se han dado cuenta que muchas civilizaciones que por distintas razones no han accedido a la escritura tenían en sí valores muy grandes, tradiciones literarias -o más exactamente oralitura-, es decir textos muy valiosos pero que no han sido transcritos, tradiciones muy construidas con valores estéticos. El mismo mundo occidental se ha ido acercando a esto. Esto ha hecho que la gente esté más en contacto con estas fuentes de cultura humana y tradición, que lo era antes tenía que pasar todo por la escritura, además el uso de las técnicas modernas de información y comunicación permite primero transcribir fácilmente a distintas lenguas, con alfabetos distintos, esto ha permitido que la gente de la ciudad esté en contacto con tesoros de la humanidad que hasta el momento o se despreciaban, porque el hombre de la ciudad despreciaba al del campo, con esa tradición de superioridad. Yo he pasado mucho tiempo viviendo en el Amazonas y la Sierra Nevada de Santa Marta, y uno es consciente de estos mamos y chamanes, que tienen un discurso que usted puede estar tres días y tres noches contando mitos y tradiciones que son como la Iliada, que son historias de fundación del mundo, normas morales, cuentos picarescos, fábulas, poemas, con inventiva, una cosa grandísima que estamos apenas empezando a entender. Cuando esta gente ya sale a la luz porque el entorno se ha vuelto más tolerante y más favorable, esto es un acontecimiento positivo que permite que, como estamos viendo en Uribia, la gente se congregue y celebre con nosotros. Tenemos que aprender de todo esto.

Decía hace poco que hay lenguas condenadas a desaparecer, y que están intentando documentarlas, ¿estas lenguas tienen alfabetos y maneras de quedar registradas?

La transcripción de una lengua es una operación que el lingüista hace que no es demasiado complicada, requiere de un año de trabajo. En este momento podemos decir que prácticamente todas las lenguas de Colombia tienen su alfabeto. A veces hay problemas porque se han construido varios alfabetos, problemas que a veces se asocian con la división de la comunidad, porque uno fue traído de los norteamericanos, otro por la iglesia católica, otros por los movimientos indígenas mismos. Y también está la grabación, la filmación, que permiten documentar y conservar.

No es suficiente con saber una lengua, ¿qué tantos maestros se están formando para transmitirla?

Uno de los retos del Ministerio de Educación, y que tiene que hacerlo más fuertemente, es crear maestros bilingües con conocimiento no solamente interactivo de la lengua sino también gramatical. Eso está en gran parte por hacer. Hay intentos en el Cauca, el Vaupés, la Sierra Nevada, en la Guajira, pero estas iniciativas hay que darles un apoyo institucional y articularlos en una red que les permita sostenibilidad.

¿Qué lenguas están definitivamente condenadas a desaparecer?

Hay unas pocas lenguas, como cinco, que sabemos que van a desaparecer, porque son habladas por un puñado de personas que son ancianas. Está el quinigua en la Sierra de la Macarena donde solamente la habla una persona, está el totoró en el Cauca, donde hay 10 a 15 hablantes pasivos, es decir que entienden pero ya no hablan, el carijona, del Amazonas, donde pueden haber 20 hablantes pasivos. Está una lengua en el Vaupés, el pisamira, que está siendo substituida por otras lenguas indígenas, el nonuya, del Amazonas, que es hablada por una familia, pero rodeada por una comunidad que está tratando de aprender de ellos y de mantenerla.

Y luego hay muchas lenguas de las 65 indígenas que hay la mitad que tiene menos de 1.000 hablantes. Entonces cuando esta gente vive en condiciones aisladas, distantes de los centros de mercado, mantienen su lengua vernácula y ahí depende mucho de la voluntad de transmisión que a veces es muy fuerte, a veces se está perdiendo. Pero son lenguas en situación de gran precariedad.

¿Por qué un hablante se vuelve pasivo?

Porque sus propios padres les pudieron transmitir en un momento, pero ellos, por razones como traslados o matrimonios mixtos, voluntad propia de ya no seguir con la tradición. Por ejemplo, el caso de los nonuya en el Amazonas fue muy patético, porque fue una población que fue exterminada por los caucheros de la Casa Arana y quedaron pocos individuos. Conocí un nonuya en los años 70, y este personaje que era importante, decidió de por sí, por el trauma del genocidio y por no querer revivir el pasado, no transmitir su lengua a sus hijos. Entonces sus hijos oyeron algunas cosas en algunas ocasiones, en algunos cantos, etc, pero su manejo de la lengua es muy pequeño.

¿A las comunidades indígenas les interesa aprender el español?

Sí, normalmente sí. Hay casos un poco aislados en zonas muy alejadas donde se mantienen tradiciones religiosas autóctonas muy fuertes y donde están metidos tanto en su propio mundo, estoy hablando de algunos centros ceremoniales koguis, uwas o sitios muy aislados de comunidades en el Chocó donde en realidad no hay un uso práctico ni necesario del español. Pero normalmente buscan que algún miembro de la comunidad sepa el castellano para hacer intercambio. Y luego, la mayoría es gente que tiene mucho más contacto y está buscando y mandan los hijos a la escuela, con mucho recelo porque ésta ha sido un factor de desculturización, de aculturación y pérdida porque no daba espacio al mundo propio, tradicional.

¿Y la pregunta al revés, a los colonos les ha interesado aprender las lenguas indígenas que los rodea para integrarse con esas poblaciones?

Es raro, por la desvalorización y desprecio que tradicionalmente ha sufrido el mundo indígena. Pero sí se dan casos en ambientes más mayoritarios como en el Guainía o Vaupés, pero son casos aislados. 

¿Cómo se hace una política para la protección de la lengua cuando es algo en constante movimiento?

Hay que trabajar en distintas fuentes, la toma de conciencia del valor que tiene la gente es muy importante. Que la misma gente hablante se de cuenta de que en tal parte ya no se está hablando, de que las generaciones más jóvenes no están hablando ya la lengua para que ellos mismos tomen conciencia y estén buscando la solución. Lo fundamental de la transmisión de la lengua es el hogar, son los padres, eso no hay política exterior que valga. Ahí no se puede hacer nada, si las comunidades deciden no transmitir no hay nada que hacer, documentación para mantener algo de memoria y no más. Una política no puede sino estar encaminada a actuar sobre la conciencia de a gente, favorecer la autovaloración, nosotros solo estamos en una política de acompañamiento, nosotros no podemos hacer una política de obligación que no tiene ningún sentido y sería antidemocrático.

¿Qué debe hacerse con más premura?

Lo que se puede hacer es esto: favorecer los procesos de autovaloración de la gente y después, trabajar en ampliar los distintos ámbitos de uso, oficial, la Constitución dice que las lenguas de grupos nativos tienen que ser cooficiales con el español en los territorios donde son hablados, y esto se ha puesto en práctica en pocos sitios. Eso quiere decir que en los hospitales, en los tribunales y en todos los ámbitos oficiales se pueda usar la lengua, que una persona que no sepa el español pueda ser admitido, o que aunque lo sepa pueda defenderse mejor en los tribunales y explicar mejor su situación en su lengua, pueda hacerlo. Pero también hay toda una dimensión de medios de comunicación, que en las radios y la televisión donde se usen las lenguas, ya los hay, donde las noticias puedan ser transmitidas, en las enfermedades, los cantos, los regocijos, los festivales y que esto pueda ser socializado a través de los medios de comunicación y eso le da un prestigio grande y un pulmón a la lengua.

¿Por qué hace esto?

A nosotros que ya la cultura nos llega por televisión y chupamos todo de manera pasiva, ya no tenemos capacidad creativa interna. Esta es la reserva espiritual de la humanidad, esto hay que tomarlo en serio. 

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