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La penúltima reconciliación

La penúltima reconciliación

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de julio 2008 , 12:00 a. m.

Salud Hernández

No hay derecho a que uno tenga que tratar con un sátrapa impredecible como el mandatario venezolano. Que debamos tragarnos sus improperios, sus amenazas de guerra, sus complicidades con la guerrilla en aras de asegurar la plata. Debe de ser que estamos tan acostumbrados al chantaje de los violentos, a pagar recompensas, que ya ni nos duele ni nos afecta agachar de nuevo la cabeza.

No sé cómo la izquierda del planeta no se avergüenza de semejante espécimen. De un personaje que tiene colocados en el gobierno a toda la familia, incluidos los papás, los hermanos, los cuñados y los primos. Puede no ser tan cutre como su pupilo Ortega, de Nicaragua, que viaja por el planeta con hijos, yernos, nietos y sobrinos a costa del erario, pero es igual de descarado.
(Uribe) "Será recibido como siempre: un hermano, como un amigo. Nos dijimos cosas muy duras, entre hermanos también ocurren esas cosas. Pasó y ojalá pase para siempre. Que nos respetemos, pues", comentó sobre la visita en una de sus insufribles alocuciones cotidianas. Habría que aclararle que insultó él, que irrespetó él y que si esta postrera reconciliación es definitiva o un capítulo más de su sainete, depende en exclusiva del Comandante Presidente.

El título que se colocó el aprendiz de Castro, no sé si heredado de su maestro 'Tirofijo', ya figura hasta en los comunicados oficiales que emiten desde la Casa de Nariño. Al menos escogieron para el encuentro el sitio que tocaba, una localidad petrolera, porque es por causa del oro negro por lo que tenemos que estrechar la mano que esconde el cuchillo. Cuándo volverá a clavárnoslo, imposible adivinarlo; cualquier mañana de estas en que despierte de una noche de insomnio o cuando crea que les sirve a sus propósitos.

América Latina no cambiará de cara ante el planeta mientras los Chávez de turno no desaparezcan de los tronos donde se atornillan con unos tentáculos que estrangulan de a poquitos la democracia; mientras los gobernantes no se asemejen a Bachelet, a Lula da Silva, dirigentes de la izquierda civilizada que pueden cometer errores como cualquier mandatario, pero que dan la imagen de que sus naciones avanzan hacia el primer mundo.
"¡Yo soy un Jefe de Estado y como tal tengo que actuar!", les dijo el imitador del Libertador a los comunistas que pretendían organizar una marcha contra Uribe a su llegada a Venezuela, al anunciar que no lo permitiría. Qué lástima que no fuera Jefe de Estado cuando alimentó la crisis entre Colombia y Ecuador, cuando envió sus tanques a la frontera o cuando financió y protegió a las Farc (yo creo que sigue haciéndolo bajo mano) y pidió para ellas un trato preferente.

Comprendo que los empresarios colombianos sientan un gran alivio al ver que las relaciones con el mejor socio comercial se recomponen y que pueden respirar tranquilos al menos hasta las próximas elecciones locales en el país vecino. El que Chávez haya empezado a robárselas haciendo que sus organismos de control, que maneja con el dedo meñique, suspendan a más de trescientos candidatos de la oposición con posibilidades de arrebatarle el poder en las regiones es irrelevante si firma los cheques y deja que el comercio fluya.

Lo mismo vale para esa comunidad internacional que mira con lupa a Colombia, atenta a las violaciones de los derechos humanos, mientras observa con lentes turbios lo que ocurre en el país de al lado. Emiten algún que otro comunicado aislado para condenar cualquier pendejada porque en los tiempos actuales de crisis petrolera, con precios y demanda disparados, lo mejor es estarse quietos. Y con esa chequera abundante, hasta conviene aplaudir un poco al dueño del dinero.
Lo siento por Venezuela y por este lado del hemisferio. No podrán tomarnos en serio.

NOTA.Cientos de mujeres sufren en silencio el abuso sexual de sus hijos a manos de familiares pervertidos. Pueden encontrar luces sobre su drama en el Congreso sobre Sicopatía y Maltrato Infantil. Es abierto y tiene lugar esta semana en la sede de la Gobernación de Cundinamarca (www.afecto.org.co).
 

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