Un amplio legado, que los colombianos prácticamente desconocen, deja Daniel Arango Jaramillo

Un amplio legado, que los colombianos prácticamente desconocen, deja Daniel Arango Jaramillo

El humanista, poeta, historiador, académico, abogado, intelectual y político vio la luz en Villavicencio (Meta) en 1921 y acaba de despedirse para siempre.

29 de junio 2008 , 12:00 a.m.

Desde sus primeros años, su vida estuvo marcada por una noble pasión por las ideas. Cuando era un muchacho y se graduó como bachiller en el colegio San Simón de Ibagué (Tolima), ya estaba inclinado por la Filosofía y las letras.

En la Universidad Nacional de Bogotá, donde se graduó como Doctor en Derecho y Ciencias Políticas y Sociales, se consolidó como prospecto intelectual de la mano de su profesor de Derecho Penal, Jorge Eliécer Gaitán.

Fue un hombre de profundas convicciones liberales. No solo como político, sino como intelectual.

Como catedrático se desenvolvía con sabiduría por diversas disciplinas: desde sus clases de literatura colombiana en el Colegio Nicolás Esguerra de Bogotá, hasta sus profundas reflexiones como profesor de humanidades en la Universidad de Los Andes.

Fue un incansable intelectual. En Los Andes, universidad que convirtió en su centro de actividades durante la mayor parte de su vida, todavía queda el recuerdo de sus cátedras sobre Grecia, la Edad Media o los escritores de diversas épocas y su consagración al impulso de diversas publicaciones. También fue su vicerrector.

Trabajó incansablemente por infundir a sus estudiantes el respeto a los altos valores del espíritu, el amor a la historia y la necesidad de servir de manera responsable a la sociedad.

Logró reconocimiento como escritor "generacionista" influenciado por el movimiento literario conocido como los "piedracielistas". Admiraba al poeta Eduardo Carranza, a quien le reconocía influencia sobre su obra.

Alguna vez criticó a Pablo Neruda, por haber convertido una anécdota en poema.

Sus principales ensayos fueron publicados por el Instituto Caro y Cuervo en 1996, con el título de 'La Ciudad Is'.

Como hombre público, fue director de la Revista de la Policía Nacional, director de Museos y Exposiciones del Ministerio de Educación Nacional y jefe de la sección de Bellas Artes de esa misma institución.

Más tarde ocupó otros cargos de alta responsabilidad como gobernador del Meta, ministro de Educación Nacional, representante a la Cámara, concejal por Bogotá y embajador ante la Unesco.

Era un excelente conversador. No solo porque arrullaba con su inmenso conocimiento sobre diversas disciplinas intelectuales, sino porque era un hombre amable, cálido y sencillo en su hablar.

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