Campesinos de Córdoba recuperaron tierras arrebatadas por Salvatore Mancuso

Campesinos de Córdoba recuperaron tierras arrebatadas por Salvatore Mancuso

Un total de 58 familias campesinas de Córdoba recibieron ayer, de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, la finca Costa de Oro que les había sido arrebatada por los paramilitares desde 1990.

26 de junio 2008 , 12:00 a.m.

El predio de  1.454 hectáreas está ubicado en la vereda Tres Piedras, zona rural de Montería y se había convertido en una de las haciendas consentidas del extraditado jefe paramilitar Salvatore Mancuso Gómez.

La entrega, incluida en el proceso de reparación a las víctimas de las autodefensas, contó con la presencia de representantes de la Comisión Nacional de Reparación, Defensoría del Pueblo, OEA, Policía y Ejército.

El fiscal 8 de la Unidad de Justicia y Paz, Leonardo Cavana, fue el encargado de notificar y hacer entrega oficial de las escrituras a los campesinos, que fueron citados a las 9 de la mañana en la finca para el acto simbólico.

A cada una de las familias le fue entregada la escritura de 15 hectáreas de tierra, que desde ayer pueden utilizar como lugar de residencia, cría de animales y cultivo de productos pancoger.

El fiscal Cavana, quien se dirigió a los campesinos asistentes al acto, dijo que Mancuso Gómez aceptó ante su despacho la responsabilidad por el desplazamiento, intimidación y despojo de las tierras.

Luego del proceso de reconocimiento de las víctimas y de las pruebas de supervivencia de las mismas, la finca Costa de Oro volvió a sus antiguos propietarios.

"Esta entrega es importante, porque es la primera que se hace de manera colectiva, y el hecho de que les estemos entregando las tierras es un avance importante en este proceso de reparación", dijo Cavana.

Es el primer paso: Comisión de Reparación

El delegado de la Comisión Nacional de Reparación, Edgardo Porras Mendoza, dijo que la restitución es el primero de los cinco pasos que incluye el proceso de resarcimiento a las víctimas de la violencia de los paramilitares.

Quedan pendientes la rehabilitación social, jurídica y moral como segundo paso del proceso.

Los tres eslabones siguientes serán la compensación económica por los daños materiales y morales; la reparación simbólica, que consiste en el perdón y olvido; y finalmente el derecho a garantías de protección y de no repetición de los actos violentos en su contra.

"Todos estos puntos deberán ser garantizados y cumplidos por la Unidad de Justicia y Paz, con el acompañamiento de las instituciones comprometidas como son la CNR, la OEA, Defensoría del Pueblo y autoridades", explicó Porras.

Mancuso pidió perdón

A través de su abogado, Eduardo Rincón, Mancuso pidió perdón a las 58 familias campesinas que fueron víctimas del horror de sus hombres, que además del desplazamiento forzado y de las pérdidas económicas, vieron asesinar a varios de sus seres queridos.

El abogado Rincón leyó una carta de tres hojas escrita a mano, supuestamente por Mancuso desde su lugar de reclusión en los Estados Unidos.

En la misiva el ex jefe paramilitar pidió al gobierno no darle un 'boom' publicitario a la entrega, como hace cuatro años cuando se desmovilizó.

"Hoy, como lo hice hace cuatro años vuelvo ante las autoridades a entregar un territorio a quienes siempre debieron sus legítimos dueños. Solo espero que esta no sea nuevamente una quimera publicitaria, sino que el Estado les garantice el disfrute y la productividad de la fértil Costa de Oro", señala la carta.

Era la finca más productiva de la región

La historia de la finca Costa de Oro se inicia en 1990, cuando los paramilitares al mando de los hermanos Carlos y Fidel Castaño empezaron a intimidar a las familias campesinas que conformaban la vereda.

Era un pueblo de al menos 100 casas humildes, donde sus propietarios eran simples campesinos que trabajaban la tierra y criaban animales de corral en menor cuantía.

Pero en 1992 llegó a la región Jesús Ignacio Roldán Pérez, alias 'Monoleche', enviado por los Castaño para tomar posesión definitiva de las parcelas de los labriegos.

Para el año de 1994 el desplazamiento de los habitantes de la vereda Costa de Oro había finalizado y las tierras fueron ocupadas por hombres armados que vigilaban la entrada y salida de personas a la zona.

Fue entonces cuando Salvatore Mancuso acondicionó las 1.454 hectáreas como una de sus fincas más prósperas.

La fertilidad de la tierra y el encanto de los paisajes cautivaron al ex jefe paramilitar, quien se había megado a entregar el predio dentro del proceso de reparación, según comentan los campesinos que aún sienten temor al dar declaraciones públicas.

La hacienda llegó a tener 1.500 cabezas de ganado en su mayoría de raza Cebú, la de mayor productividad y comercialización por su calidad reproductiva.

Todavía existen grandes cultivos de árboles maderables, corrales y cercas electrificadas.

Una gran casa campestre que había sido construida para atender a los invitados de Mancuso fue destruida en su totalidad, lo que ayer sorprendió a los campesinos que recuperaron sus parcelas.

El ganado y la maquinaria también desaparecieron, aunque los labriegos sienten satisfacción por la entrega de la tierra a la que pretenden volver a bautizar como vereda Costa de Oro.

GUDILFREDO AVENDAÑO MÉNDEZ

Especial para EL TIEMPO

MONTERIA

  

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