Castro, un ateo que comulga con las raíces revolucionarias del Cristianismo

Castro, un ateo que comulga con las raíces revolucionarias del Cristianismo

Aunque le gustaría reencarnar en un escritor, Fidel Castro no cree en una próxima vida, ni siquiera en la eterna. Considera el pensamiento cristiano "revolucionario" en su ética y origen.

16 de junio 2008 , 12:00 a.m.

Nacido en un hogar católico, fue enviado desde pequeño a escuelas de órdenes religiosas donde adquiere una amplia cultura católica, se compenetra con preceptores jesuitas. Incorpora en su inquieto carácter el sentido de sacrificio y elementos de la ética cristiana.

"Yo no he sido creyente, sencillamente porque los métodos que se emplearon para inculcarme los sentimientos religiosos, eran métodos dogmáticos", le confesó Castro a Oliver Stone en su documental 'Comandante'.

Durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-58), Castro organiza un movimiento plural desde el punto de vista religioso, tanto para asaltar el cuartel Moncada (1953), la expedición del Granma (1956) o la lucha guerrillera en la Sierra Maestra (1956-58).

Católicos, evangélicos, masones y santeros integran su tropa. La intervención del Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Enrique Pérez Serantes, evita que Castro sea asesinado tras el fracaso del Moncada; el sacerdote Guillermo Sardiñas, con el máximo grado de Comandante, actúa como capellán en su columna de la Sierra Maestra.

En su entrevista con el dominico brasileño Frei Betto, en 1986, Castro explicó que desde el punto de vista educativo, fijó su atención "hacia los aspectos revolucionarios de la doctrina cristiana".

"A lo largo de estos años, he tenido la oportunidad de expresar la coherencia que existe entre el pensamiento cristiano y el pensamiento revolucionario", agregó.

Pero tras el triunfo de la Revolución en 1959, y sobre todo luego de definir su carácter socialista en abril de 1961, comenzó un encarnizado enfrentamiento con la jerarquía católica.

Buena parte de las propiedades de la Iglesia Católica, sobre todo colegios, estaban incluidas dentro de las nacionalizaciones realizadas por la revolución. La jerarquía eclesiástica pierde también acceso a los medios de comunicación.

Los curas satanizan en los templos al nuevo gobierno comunista y brindan apoyo a la oposición. Castro expulsa a dos centenares de sacerdotes extranjeros, sobre todo españoles.

Durante sus 48 años de Gobierno, las relaciones de Castro con los obispos católicos han sido tensas y oscilantes. Tras las crisis de los años 60, se pasó a dos décadas de tensa convivencia en los 70 y 80, para volver a ser muy difíciles durante la crisis económica de los 90.

Las otras religiones también fueron marginadas hasta 1992, cuando el IV Congreso del Partido Comunista reconoce la plena libertad e igualdad de cultos y acepta militantes creyentes.

Sin embargo, no se acusa a Castro de anticlerical. Fue amigo personal del primer nuncio tras el triunfo de la revolución, monseñor Cesare Sacchi, a quien debe su pasión por los espaguetis.

Con el fallecido Papa Juan Pablo II hubo una corriente de empatía, además de coincidencias de Castro con la doctrina social del Pontífice. Tras su visita a la isla, en enero de 1998, las relaciones Iglesia-Estado se volvieron más cercanas.

Cuba, uno de los últimos países comunistas, tuvo un verdadero luto oficial a la muerte del Papa polaco.

La visión como estadista de Castro sobre la religión comenzó a variar tras conversaciones con católicos en Chile, en 1971, y evangélicos en Jamaica, en 1977.

Tras su entrevista publicada en todo el mundo como un libro, 'Fidel y la religión', Frei Betto lo ve así: "Fidel es hombre privilegiado por su formación cristiana, su opción marxista y la asimilación de la prédica martiana".

Para su amigo personal, el presidente Hugo Chávez, es un "cristiano social", lo que el líder cubano acepta gustoso.

Doctrinalmente se sigue proclamando marxista-leninista, pero en los últimos años, cuando ha descubierto "que casi todo quedó por detrás y que la vida tiene sus límites", su discurso se ha afincado más en principios éticos, que en las proyecciones de los clásicos del comunismo.

Piensa que el sentido de la vida es adquirir "valores y conocimientos" para ayudar a los demás, y opina que si el hombre viviera 500 años "terminaría aburrido terriblemente".

Preguntado por Stone si quisiera vivir para siempre, responde rápido: "no, porque mi mente está acostumbrada a la idea de que hay un período limitado de tiempo".

La Habana
AFP

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.