Recordando a Bateman

Recordando a Bateman

No es usual que a uno le abra la puerta un señor con estatura de basquetbolista, nariz a lo Cyrano de Bergerac y bigote de cantante de boleros.

21 de mayo 2008 , 12:00 a.m.

Si quien abre esa puerta es, adicionalmente, Jaime Bateman Cayón, fundador del M-19, la sorpresa crece.

Una puerta de esas me abrió Bateman el 26 de abril, hace 25 años, en un apartamento de El Rodadero, en Santa Marta. Dos días después, el 28, el antiguo secretario de 'Tirofijo' en las Farc tomó una avioneta en compañía de sus colegas alebrestados en armas Nelly Vivas, la 'Negra', y Conrado Marín, 'Efrén', y el ex parlamentario y piloto Antonio Escobar.

Ese 28 de abril partieron hacia Panamá a hablar de un posible proceso de paz, la gran obsesión del hijo de doña Clementina, quien lo mantenía vivo a punta de cadenas de oración. El Nobel García Márquez y el presidente Betancur estaban detrás de la aproximación con esa guerrilla, a través del gobierno panameño.

El aparato nunca llegó a su destino. Después de investigar, la gente del M-19 concluyó: fue un prosaico accidente. Lo contó José Yamel Riaño, en un libro-entrevista (La espada de Bolívar, Instituto Tecnológico Metropolitano, de Medellín) que hizo a dos manos con el 'pazólogo' Jaime Jaramillo Panesso. El aparato fue encontrado 8 meses después en la selva panameña.

Le pregunté al 'Flaco' o 'Pablo', dos de sus alias, si no era dar papaya abrir una puerta así no más, al primer advenedizo. La respuesta fue un lacónico "No damos papaya".

Bateman murió en su ley, buscando la paz, un legado que continuaron sus sucesores, Ospina, Fayad, Carlos Pizarro, asesinado el 26 de abril de 1990. La dirigencia del movimiento asegura que esa muerte no ha sido aclarada. "Así Carlos Castaño se lo haya endilgado. Todos sabemos que Castaño era solamente un sicario de alto turmequé", me dijo un activista del 'Eme', de cuyo nombre un súbito alzhéimer me prohíbe acordarme.

Nacer y morir en abril ha sido una constante en el M-19, que surgió como reacción al robo electoral consumado en las elecciones de abril de 1970, según sus historiadores. También en abril fue asesinado Afranio Parra, el "guerrero total" del 'Eme'.

Hace 25 años, como lo recuerda EL TIEMPO por estos días, el M-19 y su comandante eran noticia porque habían sido encontrados en Recife (Brasil) aviones con el buche lleno de armas. Se decía que eran fusiles libios para el 'Eme'.

Sospecho que el propósito de la entrevista a la que había sido invitado era desmentir el "infundio" de que las armas eran para sus cuadros.

Le pregunté por qué habían decidido recurrir a un reportero de la llanura, que trabajaba para la agencia de noticias Colprensa. "Estamos cansados de las figuras", comentó el anfitrión del que sería el último sancocho de sábalo que despacharía.

En una entrevista para Patricia Lara, recogida en su libro Siembra vientos y recogerás tempestades (Planeta), Bateman había dejado claro que "hacer bien la política es como hacer bien el sancocho". El sábalo quedó como para repetir. Siguen cocinando su receta política.

Fue un sábalo rociado con dos cervezas para mojar la palabra de Bateman, un caribe desmesurado, como sus paisanos García Márquez y el Pibe Valderrama. Bateman, Nobel en mamagallismo, tenía la palabra por cárcel. Era un ducho en eso de "echarle fresco a la lengua", como dicen samarios como su paisano el general (r) Manuel José Bonett Locarno.

A su lado estuvo siempre Marín, quien hacía poco se había reintegrado a la guerrilla del 'Eme' en protesta por la muerte de varios de sus compañeros, que se habían acogido a la amnistía decretada por el presidente Betancur, el "populista", en la semántica de Bateman, el de la guerrilla chévere.

Marín sufría amibiasis, que Bateman sugirió combatir con Coca-Cola. Marín, un paisa silencioso sin exceso de lecturas, convencido de las bondades de su causa, criticó que la gente quisiera curar enfermedades a punta de gaseosa.

Presentar a Marín de nuevo en sociedad guerrillera era otro claro objetivo de la charla. Una foto malísima, como tomada por el "enemigo", dejó constancia del regreso a la clandestinidad de Marín, quien había cumplido la obra de misericordia de recuperar otras armas que venían -esas sí- para el 'Eme' en un avión de Aeropesca, que hicieron acuatizar en el río Orteguaza.

En la que sería su última entrevista, Bateman insistió en que Colombia no necesita una revolución sino mejorar la condición de la gente. Y restarles poder a los militares.

Me deseó "mucha suerte" a mi regreso. Y, luego, con Marín, gastó 20 minutos en camuflar el casete en su empaque original de celofán para que pareciera virgen ante voyeristas ojos oficiales que pudieran decomisarlo.

Bateman no tuvo para él y sus compañeros de revolución la suerte que me deseó. No sembró en el desierto: sus pupilos son ahora aconductados prójimos que desde el silencio de los fusiles buscan escenarios para mejorar la vida de los del gajo de abajo.

oscardominguezg@etb.net.co

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