El 'narc déco', inadvertida revolución cultural

El 'narc déco', inadvertida revolución cultural

21 de mayo 2008 , 12:00 a.m.

De tanto pensar en Uribe, en la seguridad democrática, en las Farc, en el crecimiento económico, en la 'parapolítica', en el TLC, en los derechos humanos, en Chávez, no nos hemos percatado de la gran revolución cultural que ha sacudido a nuestro país, del inmenso aporte estético que le estamos haciendo a la humanidad.

Aquí, en estas tierras ubérrimas, en este desbordado río de la imaginación, ha nacido el narc déco. Hay un eco francés en esta corriente criolla; también acá su influencia trasciende las artes y se afinca con una fuerza en la vida cotidiana. Pasa con fluidez de la literatura, la música y la arquitectura al cuerpo exuberante de las niñas de 15 años; se detiene juguetona en la pintura, avanza hacia la manera de vestir de los señores y descansa, por fin, en las salas de cine.

Pero los franceses van a palidecer cuando se den cuenta de que sus 'años locos', su belle epoque fue un juego de niños comparado con nuestro estridente cambio de milenio, con nuestra era de carteles, 'paras' y águilas. Van a ver que nuestro arte decorativo no se detuvo en los interiores de casas y edificios y, con gran audacia, se metió con el cuerpo y se propuso moldear senos y culos, cincelar caderas y muslos, corregir labios y respingar narices.

Van a saber que, en vez del humilde aluminio y del pálido estaño, nosotros nos atrevimos a utilizar el fulgente oro para hacer grifos y deslizar incrustaciones en muebles y adornos. Que, en todo caso, privilegiamos la estética corporal y nuestros excéntricos nuevos ricos acogieron generosamente los diamantes y las esmeraldas para hacer brillar su humanidad aun en las noches más oscuras.

El ámbito literario se estremeció con la irrupción del género testimonial apócrifo. Mi confesión, de Carlos Castaño, catapultó esta nueva manera de contar las miserias, las dichas, las aventuras y los crímenes de hombres y mujeres de vidas azarosas. Después vendría una larga lista: Amando a Pablo, odiando a Escobar, un texto bien logrado de Virginia Vallejo; Las obras de Rodríguez Mondragón; un título un poco odioso: El cartel de los sapos. El género tiene derivaciones hacia la novela: Sin tetas no hay paraíso.

Las innovaciones arquitectónicas corrieron paralelas a un auge de la construcción. En centros comerciales, en clubes y en lugares vacacionales es donde más se aprecia esa manera robusta de edificar, esa utilización de complejidades geométricas, que a la gente poco enterada de las tendencias postmodernas le parecen estrambóticas: Atlantis, El Obelisco, El Nogal, Ruitoque, Las Heliconias.

Víctor Gaviria sorprendió llevando al cine el destino trágico de algunos personajes de ambiente narc déco. Aunque no gusta mucho en esos lares, debido a su empecinamiento en mostrar una crueldad que ellos no reconocen. Quizás tienen más acogida películas como El Rey o Colombian Dream.

La música no podía ser ajena y en el vallenato suenan hasta el delirio temas y nombres que evocan gestas y amores de comandantes y políticos que sentaron sus reales en la Costa. En el interior tienen más acogida los llamados 'corridos prohibidos' en los cuales estas hazañas son más directas y escabrosas.

Aun los intelectuales más informados creen que esta corriente cultural se gestó espontáneamente. No saben que Pablo Escobar, en ell momento de ser abatido, tenía en sus bolsillos El Manifiesto, que le daba identidad y proyección histórica, y fueron los 'Pepes' y la DEA quienes hurtaron -y quizás destruyeron- este documento.
Alguna vez, mi amigo Joe Broderick y yo pensamos en reconstruir
El Manifiesto y entregarlo a los descendientes de Escobar para que lo proclamaran. Fue Broderick, más sensato, quien intuyó que descubrirían rápidamente la autoría y nos veríamos en serios problemas. En todo caso, ya habíamos deslizado diatribas contra Los Nuevos y los nadaístas, corrientes predecesoras.

valencia@nuevoarcoiris.org.co

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