REFLEXIÓN (columna de Carlos O. Pardo)

REFLEXIÓN (columna de Carlos O. Pardo)

Los novelistas de El Líbano

17 de abril 2008 , 12:00 a.m.

 Seis son los novelistas del Líbano incluidos en la colección 50 novelas colombianas y una pintada. Y no por un capricho sino porque son ellos parte de la sobresaliente nómina de prosistas con que el Tolima ha hecho una importante presencia nacional a lo largo de ya no pocos años. Se trata del consagrado Eduardo Santa, cuya nueva obra Rosita Milanta o los tiempos del bolero confirman el diestro manejo de un oficio que realmente nunca ha sido fácil.

Rosita Milanta retrata una época importante en la vida de nuestra provincia donde los divertimentos y el erotismo, el humor y la picardía van de la mano de la tragedia por los tiempos en que el bolero era el rey de la noche. La aparente ingenuidad de aquellos ciclos donde la juventud empujaba sus sueños y sus pesadillas bajo la luz de autores que marcaron una generación, encuentra aquí su testimonio vigoroso de vida y muerte a través de varias voces que hacen eco a la conciencia y al paisaje.

Y se encuentra Germán Santamaría con No morirás, ganadora del Premio Iberoamericano de Novela en Santiago de Chile, llevada a la pantalla por Jorge Alí Triana. El drama de la tragedia de Armero con una historia de amor como fondo y las evocaciones poéticas a la violencia de mitad del Siglo XX está contado con la agilidad y el vértigo de su prosa que cada día se confirma como una de las mejores del país.

No falta Jorge Eliécer Pardo con su ya clásica obra El jardín de las Weissmann que ha sido traducida al francés y al inglés e inclusive con una versión bilingüe completándose aquí la octava edición como una muestra de su éxito literario y que se transmitió a la televisión en forma de telenovela bajo el título de La estrella de las Baum.

La historia de las inmigrantes alemanas ha despertado estudios críticos en diversos países y se le tiene como texto en la universidad de la Sorbona. Surge el nombre de Manuel Giraldo Magil con su novela En noche de carnaval, donde la preparación de la fiesta termina siendo un ritual que sin pensarlo dispone a sus protagonistas para la muerte. Las angustias de un escritor en la Barcelona de los años 80 se aminoran con lo intenso de la lectura, los vinos, los paseos y el goce en medio de un penetrante invierno que anuncia la tragedia. La obra es una interminable y acelerada trashumancia por calles, barrios y bares, sueños, sentidos y sentimientos.

Los personajes son novelistas que no piensan en el último adiós ni en su mirada, sino en un oficio en el que gastan sus mejores ilusiones mientras un joven vigoroso y enamorado campea entre la soledad y los cuchillos y es testigo excepcional de una tertulia interminable que pareciera sigue hasta en el más allá. Pero los tiempos llegan a los días de hoy con las vidas paralelas, el narcotráfico y los sicarios al estilo de lo narrado en La cita de Carlos Flaminio Rivera, el más joven de estos escritores. Y desde luego me meto en la foto porque sale la cuarta edición de mi novela Lolita Golondrinas, donde la pasión arrolladora de un gran amor y los desencuentros finales tiene aquí su dramático escenario.

*Escritor

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