¿Por qué algunos dolores físicos causan placer?

¿Por qué algunos dolores físicos causan placer?

Las razones del disfrute de prácticas como el sadomasoquismo pueden encontrarse en procesos químicos del organismo.

09 de abril 2008 , 12:00 a.m.

ARTURO RAMÍREZ tiene 23 años y su cuerpo está cubierto de tatuajes, incluido el cuello, que fue donde más le dolió. "Es como si cogieran un alfiler y te pincharan 9.000 veces por minuto -dice-. Duele tanto, que duré una semana con el cuello tieso". Sin embargo, repitió la experiencia dos veces y no solo por el gusto de tener un dibujo imborrable, sino por el placer de sentir el dolor que produce la aguja cuando penetra la piel. 

Aunque parezca extraño, hay muchas personas como Ramírez que encuentran placer en el dolor, un fenómeno usualmente atribuido a causas psicológicas pero que también puede tener su origen en procesos del organismo. Cuando el cuerpo recibe algún estímulo doloroso, un receptor en las terminales del sistema nervioso envía la señal de dolor al cerebro, donde hay unas zonas con funciones específicas que pueden o no activarse según la persona: el lóbulo parietal, donde la sensación se vuelve consciente; la ínsula, que da una respuesta física  -elevar la tensión, por ejemplo-, y el cíngulo, donde se identifican las sensaciones y las emociones. El cíngulo no solo capta el dolor, también el placer.

Arrancarse el pelo con gusto -tricotilomanía-, comerse las uñas hasta tenerlas en carne viva -onicofagia- o disfrutar los golpes y la asfixia durante el sexo -sadomasoquismo- no pueden calificarse como simples excentricidades; pueden ser comportamientos causados por la cercanía del placer y el dolor en los procesos de reconocimiento de las sensaciones y las emociones. "El gusto por el sufrimiento depende de mecanismos biológicos particulares, del ambiente y de la presión del medio externo", asegura el psiquiatra Rodrigo Córdoba.

Un estudio de la Universidad de Michigan sobre las relaciones placer-dolor, encontró la explicación de este fenómeno en el sistema que produce la dopamina -sustancia que facilita las conexiones de las neuronas y envía señales al cerebro como recompensa a estímulos placenteros-, un sistema químico de gran importancia que regula algunos comportamientos.

El estudio, dirigido por el investigador español Jon-Kar Zubieta y publicado en el American Journal of Neuroscience, revela que cuando una persona siente dolor, el sistema dopaminérgico se activa y la dopamina actúa como interfase o elemento de conexión entre el dolor, el estrés y las emociones -entre lo físico y lo afectivo.

Ante la evidencia de que hay personas que experimentan lo que parece una contradicción, "dolores placenteros" -más la excepción que la regla- se ha llegado a la conclusión de que ese tipo de respuesta al dolor depende de cada organismo y de la forma en que la persona lo percibe. "Se ha demostrado la importancia del sistema dopaminérgico en la modulación del dolor y el placer, pero solo cuando los mecanismos neuronales tradicionales se alteran a causa de factores de predisposición genética pueden presentarse, conjuntamente, estas dos sensaciones que por lo general se oponen", explica Carlos López Jaramillo, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría.  

Las endorfinas

Otro factor que puede inducir a disfrutar el dolor son las endorfinas -su producción es regulada por la hipófisis, una pequeña glándula situada en la base del cerebro-, que inhiben el dolor y producen un efecto sedante y placentero similar al de la morfina; actúan como analgésicos naturales.

El deporte es un estímulo que hace secretar endorfinas, lo mismo que las relaciones sexuales, la acupuntura y ciertos bailes rituales o ceremoniales pero, según numerosos estudios, de todas estas actividades el ejercicio es el que más aumenta las endorfinas. "Por eso los deportistas de alto rendimiento, a pesar de exigirle mucho a su cuerpo y llegar a límites que rayan con el dolor, no pueden dejar de practicarlo -explica John Jairo Hernández, presidente de la Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor-. El deporte excesivo produce mayor cantidad de endorfinas que generan placer".

En este sentido, algunos especialistas hablan de la adicción al deporte e incluso consideran que la dependencia de relaciones afectivas conflictivas, en las que no hay un maltrato físico pero sí dolor psicológico, se ve reforzada por los mecanismos del sistema dopaminérgico, razón por la cual requieren tratamiento. "Los dolores que disfrutan algunas personas pueden liberar sustancias que producen placer y desencadenan conductas y pensamientos adictivos -asegura el psiquiatra López-. En caso de tornarse graves, deben recibir tratamiento médico especializado". Son casos que, por lo general, tienen causas más profundas de tipo psicológico o emocional.

Detrás de las personas que sienten placer en el dolor hay factores químico-orgánicos, pero también una percepción psicológica, ya que es una sensación que las personas perciben en forma diferente. Por eso algunos disfrutan con el sexo rudo -besos que dejan moretones, rasguños...- sin necesidad de llegar a extremos sadomasoquistas, o con el dolor que les produce la hechura de un tatuaje, o morderse las uñas o los labios, o bañarse con agua que hierve, o echarse limón en las heridas...

SEXO CON DOLOR

El sadomasoquismo es reconocido como una parafilia (del griego para o junto a, y filos o amor) y antes se consideraba una perversión sexual. Los sexólogos definen al individuo parafílico como aquel que requiere fantasías o estímulos específicos para lograr excitarse y llegar al orgasmo.

En el sadomasoquismo hay que diferenciar el sadismo o fantasía sexual recurrente y altamente excitante, en el que los impulsos o comportamientos sexuales implican actos reales de sufrimiento psicológico o físico de una víctima, y el masoquismo que implica ser humillado, golpeado, atado o víctima de cualquier forma de sufrimiento para sentir excitación sexual.

Psicólogos y psiquiatras no encuentran mal que un individuo tenga este tipo de fantasías, siempre y cuando los que disfrutan de estas prácticas lo hagan en forma  segura, sin riesgo de sufrir consecuencias físicas o psíquicas. Por eso los involucrados deben dejar claros los límites, sobre todo por parte del sometido.  Algunos expertos consideran que en estas relaciones  el placer no se deriva directamente del dolor, sino que están basadas en un intercambio de poder. Uno manda, el otro pierde el control, y es eso, no el dolor, lo excitante.

25 PERSONAS PARTICIPARON EN EL ESTUDIO que comprobó que el sistema dopaminérgico se activa con el dolor y el placer.

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