Artista Miler Lagos conquista a los coleccionistas

Artista Miler Lagos conquista a los coleccionistas

Gracias a la solidez de su trabajo, con humor y una posición crítica frente a la escultura.

02 de abril 2008 , 12:00 a.m.

EL NOMBRE DEL ARTISTA MILER Lagos no es muy familiar entre los colombianos, pero sí entre los compradores de arte. Ella Cisneros, reconocida coleccionista venezolana, compró en septiembre pasado en la feria de arte de Bogotá ArtBo, uno de su conjunto de árboles tallados construidos a partir de resmas de papel grabadas con reproducciones del Apocalipsis y la Pasión de Cristo, de Alberto Durero. Lo mismo hicieron el presidente de la feria arteBA, de Buenos Aires, Mauro Herlitzka; y Solita Mishan, coleccionista venezolana que reside en Nueva York.

Sólo unas semanas atrás, en agosto, se había ganado, con ese mismo trabajo, el primer premio del Salón Bidimensional de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Y antes de que se inaugurara la muestra El papel aguanta todo, que por estos días se expone en la galería Nueveochenta, ya tenía toda la obra vendida.

Lagos (Bogotá, 1973) está pasando por su cuarto de hora, pero, lejos de dejarse llevar por la vanidad, sabe que no puede quedarse en la comodidad del éxito. "Tengo claro que con esta exposición estoy cerrando un ciclo", asegura. Habrá que seguirle la pista para ver hacia dónde dirige ahora su atención.

Su historia comienza al graduarse con tesis meritoria de la facultad de Artes de la Universidad Nacional, en 2002. Colmó un salón con columnas jónicas. Tituló el trabajo Lugares soberanos. "Desde los palacios de gobierno hasta el Vaticano, las columnas jónicas imparten su poder. Son símbolo de la democracia en la antigua Grecia", explica Lagos. Lo curioso de este trabajo es que las columnas estaban vacías. Construidas en fórmica imitación mármol, consiguió una apariencia que le interesa particularmente. "Me apropio de formas y materiales utilizados en la decoración de cafeterías, salas de belleza, discotecas, casinos, residencias, buses y busetas, que, realizadas en fórmica, le otorgan un nuevo estatus y cuestionan el carácter propio del lugar". 

Detrás de su trabajo, sorprende el humor con el cual aborda los temas. Su obra es una apariencia de lo que no es. Las obras que le siguen a Lugares soberanos lo comprueban. En Levedad insoportable (2004-2006), atiborra una sala de globos infantiles, que en realidad están rellenos de cemento. En Inmersos (2004 y 2007), a los bustos de los próceres que decoran las diversas plazas de las ciudades, les salen pies de los pedestales, que los hacen ver como si en realidad, esos próceres estuvieran arrodillados. En Los términos del juego (2006) las pelotas plásticas con las que juegan los niños parecen balas de alguna de las armas representadas por Leonardo da Vinci; y en Cimiento (2007) y El papel aguanta todo (2008) los tallos de los árboles en realidad están construidos con miles de hojas y libros apilados que, moldeados con fuego, reproducen las vetas de la corteza.

Aunque el trabajo de Miler Lagos ha sido apreciado por curadores e investigadores, razón por la cual ha estado presente en espacios experimentales como la Alianza Francesa, el Centro Cultural Salamanca y el Salón Bidimensional, fue necesario que lo exhibiera una galería y que ésta lo llevara a la feria de arte para que se diera a conocer masivamente.

Talados

Los árboles nacieron del azar el día en que Lagos vio que una pila de papel quemado sugería el tronco de un árbol. Y que incluso las diferentes calidades de papeles producían colores y vetas distintas. De allí partió para ir hacia las raíces mismas del material y de su uso. En un momento en donde se hablaba de la proximidad del fin del mundo, en 1498, el artista alemán Alberto Durero interpretó el terror de la época en una serie de grabados sobre el Apocalipsis. Por la relevancia de la obra, Lagos apiló 5.000 hojas con su reproducción y conformó un tronco. "Lo que me interesa del papel es cómo se ha articulado a través del tiempo como elemento conector entre la tradición y la contemporaneidad y que por su apariencia me lleve a indagar incluso por la naturaleza y el origen del hombre". Por eso, en la actual exposición se pregunta qué cosas importantes ha soportado el papel. "Todo", se responde, pero particularmente la religión, las leyes, las ideologías y el arte. Por eso en esta última muestra construyó cuatro pilas de libros con estos temas.

Los monumentos

A diferencia de tiempos pasados en los que las efigies eran un homenaje a intelectuales, políticos y próceres, para Lagos los monumentos actuales son homenajes que recuerdan tragedias. "Basta recordar las Torres Gemelas, que ni siquiera alcanzaron a ser una ruina". 

Inspirado en la obsolescencia en la que han caído los bustos nacionales, el artista bogotano se ha dedicado a intervenir monumentos públicos, tal y como actualmente puede verse en el Museo de Antioquia, donde Lagos tiene montadas fotos del proceso. La idea, en realidad, nació de la imagen macabra de la película Dick Tracy en la que a un hombre le meten los pies en un balde de cemento antes de lanzarlo al agua.

Se trata de añadir brazos y pies a los bustos de próceres, héroes inmolados y figuras del poder que pululan por los parques y plazoletas muy orondos en sus pedestales. Es una ironía, no cabe duda, pero una ironía con una carga particular. "Cuando te das cuenta de que vives en un país en donde es posible encontrar cuerpos fragmentados por la acción de las bombas y las minas, la idea del monumento cambia". Mirado desde el ángulo de la violencia, un busto con brazos y piernas resulta dramático.

En la sede principal del edificio Idea, en el complejo de la Alpujarra, en Medellín, Lagos les añadió brazos y piernas a los bustos de los políticos asesinados Gilberto Echeverri y Guillermo Gaviria, del escultor Jairo Tobón. Algo similar ocurrió con el monumento a 13 paisas ilustres detrás del Jardín Botánico, entre ellas Rosita Turizo, precursora del voto femenino en Colombia; la cacica Dadeiba y la pintora Débora Arango. "Les puse brazos para que no se vean tan tristes", cuenta Lagos. Pero no es tan sencillo. "Que algo desarme al espectador y le rompa su idea de lo que se supone deberían ser las cosas, es lo que más me interesa de lo que hago", dice el artista. Ese es su manifiesto. Y eso es, justamente, lo que logran sus obras.

LO QUE DICEN LOS CRÍTICOS

"Parece haber una constante preocupación por indagar acerca de qué tan real es la realidad y de cómo al transformar las representaciones que se generan sobre el mundo se puede llegar a sugerir un cambio en su propia estructura. Si el sentido común falla como canal de comprensión de algún hecho, muy seguramente su propia lógica sea un mecanismo de manipulación ideológica". Jaime Cerón, curador.

"Cada parte del trabajo no responde a un capricho o especulación estética sino a preguntas muy profundas de las cuales está indagando una respuesta en los materiales y sus representaciones. Les asignamos pesos excesivos a las representaciones culturales y él nos muestra que todo está construido, y por ello todo puede ser transformado. Esos pesos son débiles y se pueden manipular y poner en situaciones paradójicas, risibles. Esa es la solidez de su trabajo". María Soledad García, historiadora de arte.

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