'Martín Sombra', el carcelero de las Farc capturado esta semana, dice que no le teme a extradición

'Martín Sombra', el carcelero de las Farc capturado esta semana, dice que no le teme a extradición

Hely Mejía Mendoza admitió que estuvo al mando del grupo que custodiaba a Íngrid Betancourt y los tres estadounidenses secuestrados. Asegura que no trató mal a los rehenes.

29 de febrero 2008 , 12:00 a.m.

"¿Extradición? ¿Por qué me van a extraditar? Antes me tienen que agradecer. Yo lo que hice fue no dejarlos matar, hasta mi responsabilidad los cuidé y los defendí, les di de comer y les enseñé a hablar algo de español. Analice", afirma Mendoza.

Su captura esta semana, tras cuatro décadas en el monte,
es uno de los golpes más fuertes dados a la guerrilla tras la muerte del 'Negro Acacio' y 'Martín Caballero'.


La captura de uno de los 'históricos' de la guerrilla a manos de una unidad élite de la Dijín de la Policía coincidió con la liberación de cuatro de los secuestrados que él tuvo a su cargo: los ex congresistas Gloria Polanco, Jorge Géchem, Luis Eladio Pérez y Orlando Beltrán.

Tal vez pensando en que su papel de 'carcelero' de los rehenes, especialmente de los 3 estadounidenses, lo pondrá pronto en la misma situación de 'Simón Trinidad', 'Martín Sombra' accedió a hablar por primera vez con un medio de comunicación.

En entrevista con EL TIEMPO, 'Sombra' intenta explicar las duras condiciones del cautiverio de los plagiados. Luce más delgado que la última vez que se supo de él, hace 4 años, cuando asistió a una reunión con Carlos Antonio Lozada y otros jefes de las Farc en La
Julia (Meta) y un equipo de reporteros se topó con él.

Su singular hablado campesino, lleno de dichos populares, ni siquiera lo deja para recordar que a su padre, un liberal del Tolima que murió en sus brazos, le tocó armarse con chispones y escopetas en la violencia bipartidista "para que no los pelaran".

¿Es verdad que usted llevaba más tiempo en el monte que 'Tirofijo'?

En la amnistía de Rojas Pinilla tenía más papeles un marrano robado que yo (...) no la pude hacer. Entonces seguí en lo mismo por años y me uno a las Farc en el Magdalena Medio en 1968, por sugerencia de un familiar. Fue muy berraco. Se me pusieron las patas 'planchetas' de las caminadas y me dio duro hacer guardia, el acomode de la gallina y el arranche (la cocina).

¿Cómo fueron esos primeros años en las Farc?


Llegué al cuarto frente como guerrillero raso. Estuve en Otanche y otra cantidad de pueblos que no recuerdo, donde aún había 'pájaros' conservadores. En 1984 el secretariado me llama para un curso de conducción de tropa en el Sumapaz, al lado de 'Jacobo Arenas' y de 'Manuel' ( 'Tirofijo').

Dicen que usted fundó siete frentes de la guerrilla...


Después del curso salí para Arauca y ahí compuse la columna Ciro Trujillo. Luego arranco para Casanare, Sogamoso, Paz de Ariporo, Pore, Orocué, Duitama... Ahí monté una caballería de 60 caballos, porque para mí era berraca la caminada y con la ayuda de antiguos líderes llaneros guadalupanos me organicé.

Fui llamado por el Embo (estado mayor del bloque Oriental) para rendir cuentas de por qué andaba a caballo. Yo le expliqué a Jorge (el 'Mono Jojoy'); él me escuchó los descargos. Él mismo me mandó para Mesetas y organicé lo que hoy es el frente 43 y después ya viene la zona de distensión.

¿Pensó en ser negociador de las Farc?

Nooo. Yo soy muy malo para la política. Me tocó recibir a las prisioneros y trasladarlos a las cárceles en Ciudad Yarí cuando se acabaron los diálogos.

¿A quiénes tuvo en sus campamentos?

A todos. Estaban Íngrid, todos los militares, Gloria (Polanco), Eladio (Pérez) y los gringos...

¿Por qué los obligaba a caminar tanto?


Porque una hora de retardo era poner en peligro la vida de ellos.
Había la necesidad de hacerlo porque el Ejército iba atrás, adelante y por encima. Los políticos no lo comprendían porque ellos (están) siempre en sus mesas sentados, solo hablando. En cambio, con los militares era diferente.

La comida estaba presupuestada y nunca faltó. La remesa la llevaban los guerrilleros en la espalda. Ellos (los secuestrados) solo llevaban sus chécheres.

Yo tenía que cumplir, porque le respondía a Jorge ('Jojoy'). Tenía que evitar que los bombardeos acabaran con ellos y evitar yo quedar como un zapato.

¿Qué recuerda de esas marchas?

Teníamos un problema fundamental de un niño que lloraba mucho, que era el hijo de Clara Rojas.

¿Qué hacían para calmarlo?

Los niños no tienen horario para llorar, ese no era problema para mí. El complique era que lo oyeran los soldados y nos detectaran y eso sí hubiera sido fatal. Le dábamos tetero. Las guerrilleras llevaban los tarros de leche Klim en el equipo y se lo preparaban.

¿Usted tuvo a los tres norteamericanos?


Sí. Fue un problema cuando los norteamericanos llegaron. Como no sé inglés y ellos nada de español, me tocó enseñarles hasta a pedir comida. Pero yo soy metódico y ellos aprendieron rápido.
Quedé más enredado con ellos que una gallina criando patos.

Las pruebas de supervivencia demuestran la crueldad hacia los secuestrados. ¿Usted cómo los trató?

Que lo digan ellos. Yo le puedo decir a usted mucho, y ellos salen y me desmienten. Que digan cómo los traté.

¿Por qué les dieron la orden de asesinar a los rehenes si llegaba el Ejército?

No, la orden era defenderlos. Entonces yo les digo a los muchachos (guerrilleros) que de ahí no se va nadie si hay combate. O salimos todos o nos quedamos todos y si alguien se me va por los bombardeos, pues después me la paga.

Era muy complicado cuidarlos...

Pues imagínese: el chino berreando, a unos transportándolos en hamaca porque estaban malogrados, otros jodiendo y los helicópteros encima... ¡Eso era muy berraco cuidar a los prisioneros!

¿Cómo hacía para entenderse con ellos?

Acordé con el coronel Mendieta que él recogía las inquietudes de los prisioneros y yo me entendía con él. De comandante a comandante.

¿Alguna vez tuvo problema con alguno?


Problema no. Solo una vez Orlando (Beltrán) instigó a los gringos, en inglés, para que no cargaran las maletas; entonces yo le dije que si seguía metiendo cizaña lo ponía a cargar los equipos de ellos tres... Solo era para pararlo.

¿Hasta cuándo los tuvo?


Los entregué en el Guayabero, en el 2006. Ahí acaba mi responsabilidad sobre ellos, porque yo quedo inválido, se me friegan las rodillas y me recetan muletas.

Me quedé en el frente 27, con 'Efrén', para que me cuidaran. Ahí me dan dormida y comida, pero después deciden sacarme para tratamiento.

¿Para Venezuela?

No. Yo a Venezuela fui a buscar trabajo, porque me mandaron con un tal 'Costeño' y él me dejó botado. Con unos amigos conseguí el salvoconducto venezolano, pero entonces me tocó devolverme. Luego me cogen.

¿Usted qué debe?

No debo nada. El hecho es que estoy aquí, agarrado (...) Mi única responsabilidad fue cuidar a los secuestrados y la cumplí.

¿Le teme a la extradición?


Eso es difícil. Tienen que analizar bien, lo único que hice fue no dejarlos morir.

¿Qué tanto le duelen a las Farc la muerte de 'Acacio', la de 'Caballero'?


Usted sabe que si a uno le matan un hermano le duele. A qué comandante no le duele la pérdida de sus hombres.

Se movía legalmente entre Venezuela y Colombia

'Martín Sombra' entró a Venezuela el pasado 11 de enero con su nombre real, Hely Mejía Mendoza, y con el número de cédula 10.161.163 de La Dorada (Caldas).

Para ello, obtuvo el permiso 418 otorgado por el Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia del vecino país, que fue expedido por la Oficina de Migración y Fronteras. Era para ser utilizado durante 8 días "contados a partir del 11 de enero del 2008" y le permitía moverse hasta la ciudad de Machiques de Perijá, en el estado Zulia.

La autorización está firmada por el Jefe de la Oficina de Migración Boca del Grita, Oswaldo Silva, quien les pide a las autoridades civiles y militares "prestarle la mayor colaboración" al portador del documento.

Hasta ahora, 'Sombra' se ha negado a dar mayores detalles sobre lo que estaba haciendo en Venezuela, aunque las autoridades creen que en varias oportunidades había estado allá.

JINETH BEDOYA LIMA
REDACTORA DE EL TIEMPO
justicia@eltiempo.com.co

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