Orlando Beltrán, el hombre de la disciplina

Orlando Beltrán, el hombre de la disciplina

Este ex representante a la Cámara fue secuestrado por la columna móvil 'Teófilo Forero' cuando aún se desarrollaban los diálogos de paz en la zona de despeje del Caguán.

27 de febrero 2008 , 12:00 a.m.

Viajaba con un grupo de amigos desde Gigante (Huila), hacia Neiva, el 28 de agosto del 2001, desarrollando su trabajo político en ejercicio de su segundo periodo en la Cámara. Tenía 43 años. 

Desde entonces, su esposa Deyanira Ortiz, una abogada y Notaria de Neiva quedó al frente del hogar conformado además por dos hijos: Hugo Felipe, que hoy tiene 12 años, y Nicolás, de 19.  

Hasta el pasado 10 de enero, cuando las Farc liberaron a la ex congresista Consuelo González y a Clara Rojas, la familia había recibido solo dos pruebas de supervivencia de Beltrán. 

Con las liberadas llegaron nuevos mensajes en los que el político deja ver uno de los rasgos más definidos de la personalidad de este ingeniero industrial que le dedicó su vida a la política: la disciplina. 

En las cartas, les recomienda a sus hijos que estudien, y que lo hagan con mucho juicio para que sean los primeros en el colegio. 

"Es muy exigente con su trabajo, muy estricto, le gusta que todo esté perfecto", dijo desde Caracas, donde esperó varias días su liberación, Deyanira Ortiz. 

Y aunque lo recuerda como un hombre muy tierno, su esposa lo describe además como una persona estricta, recia, con mucho apego a la disciplina. 

Eso quizás le permitió salir adelante en Bogotá, durante su época como estudiante de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. 

Fue allí donde se vinculó con el Partido Liberal y le dio comienzo a una carrera política que muy pronto lo llevó a la Asamblea del Huila, sin pasar, como es usual entre los políticos colombianos, por el Concejo de su cuna, Neiva, donde nació el 15 de diciembre de 1957.  

Orlando Beltrán fue presidente de las comisiones Quinta y de Paz de la Cámara, e impulsó desde su curul en esa corporación, proyectos para beneficiar a los campesinos de su departamento, como el Fondo Agrario.

El campo era su principal pasión. Practicaba la cacería y la pesca y trabajaba la tierra como cualquier campesino, en los ratos que le robaba a su labor en el Congreso. Según Deyanira, jugaba fútbol de vez en cuando y leía mucho. 

Ella lo esperó en Venezuela con sus hijos y su cuñado Eduardo, que no quiere moverse de allí hasta tener la oportunidad de volver a ver a su hermano.

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