20% de beneficiarios de comedores comunitarios de Bogotá no necesita esta ayuda

20% de beneficiarios de comedores comunitarios de Bogotá no necesita esta ayuda

23 de enero 2008 , 12:00 a.m.

POCO DESPUÉS DE las 12:30 p.m. del martes 22, Rogelio llegó a un comedor comunitario, en la localidad de Kennedy, a una hora en que las mesas están atestadas de personas humildes. El hombre de unos 33 años, alto, blanco, bien vestido, sobresalía entre la larga fila de ancianos y niños que esperaba con ansiedad por el almuerzo del día: un apetitoso plato de espaguetis con carne.

Cuando llegó a la caja registradora, Rogelio le dijo a la empleada que había olvidado en su casa el documento que lo acredita como usuario habitual del comedor. La cajera no hizo pregunta alguna, tampoco reparó en la apariencia del beneficiario y acto seguido procedió a autorizar que le entregaran la bandeja con la alimentación.

El episodio, del que fue testigo un reportero de CAMBIO, no deja duda de la existencia de una irregularidad porque Rogelio no tenía derecho a ese almuerzo y la cajera del comedor comunitario se equivocó al entregárselo.

Casos como este se ven a diario en buena parte de los comedores comunitarios instalados en 19 de las 20 localidades en que está dividida la capital. La zona de Sumapaz aún no ha sido incluida en el programa por sus difíciles condiciones geográficas.

No es como lo pintan

Si bien es cierto que los comedores comunitarios -creados como parte importante del programa Bogotá Sin Hambre del entonces alcalde Luis Eduardo Garzón- benefician en forma directa a 94.100 personas todos los días, hay quienes de manera indebida sacan provecho de los comedores comunitarios para recibir alimentación sin tener derecho a ello.

Los comedores fueron creados con el ánimo de restablecer el derecho a la alimentación de las personas que viven en condiciones de extrema pobreza y para divulgar hábitos de nutrición saludable. Asimismo, el público objetivo al que van dirigidos comprende a familias en condiciones de vulnerabilidad y pobreza de estratos uno y dos con nivel Sisbén uno y dos; también a niños, mujeres gestantes, madres lactantes, adultos mayores, personas con serias limitaciones físicas, desplazados  e individuos que habitan en la calle.

No obstante, un estudio realizado por el investigador Jairo Núñez para la Personería de Bogotá, dejó al descubierto que de las 94.100 personas beneficiadas cada día por los comedores comunitarios, 18.800 no viven en condiciones de pobreza absoluta y tienen un trabajo. "Es obvio que quienes van a los comedores no son ricos pero hay quienes no necesariamente requieren de una atención de esta naturaleza", explica Núñez.

CAMBIO comprobó en un recorrido por algunos comedores comunitarios de la localidad de Kennedy que cualquier persona puede ingresar a ellos y pedir un almuerzo con una excusa tan sencilla como la pérdida del carné. Es frecuente que allí acudan personas en edad productiva que no llenan el perfil requerido por la Secretaría de Integración Social.

El asunto le resulta extraño al consultor del programa Bogotá Sin Hambre, Julio Figueroa, quien explica que para acceder al carné que acredita a las personas como usuarias de los comedores, la Subdirección Local Para la Integración Local hace un estudio socioeconómico "que determina de forma precisa las condiciones en las que vive el solicitante y después el Comité de Beneficiarios del proyecto aprueba o rechaza la admisión".

Sin control

El programa Bogotá Sin Hambre que en la alcaldía de Samuel Moreno continuará bajo el nombre de Bogotá Bien Alimentada, pretende mantener los comedores comunitarios como uno de sus pilares. Sin embargo, la concejal María Angélica Tovar sostiene que la Alcaldía debe replantear en cierta medida los criterios con los cuales determina quiénes son aptos para ingresar al programa. "No existen los mecanismos de control necesarios para saber quién es apto o no y tampoco hay un sistema de información eficiente que permita conocer quiénes son las persona más vulnerables", sostiene Tovar.

Además de los comedores comunitarios, la canasta complementaria y los bonos alimentarios son los otros beneficios que brinda el programa Bogotá Bien Alimentada y que diariamente cubren a 670.000 personas de escasos recursos.

El estudio desarrollado por el investigador Jairo Núñez, que reveló que el 20% de los usuarios de los comedores comunitarios no merece el servicio, seguramente obligará a la Alcaldía a replantear el sistema de escogencia de los beneficiarios.

 Mucho más ahora que el Concejo de la ciudad aprobó una partida de 73.443 millones de pesos para garantizar el funcionamiento de los comedores comunitarios durante 2008. Establecer esos controles es necesario para no desvirtuar un proyecto social sólido  que ha demostrado todas sus virtudes.

"HAY QUE SANCIONAR A LOS CONTRATISTAS"
Eduardo Díaz Uribe
Director del Programa 'Bogotá Sin Hambre'.

¿Cómo trabajar en el tema de los colados en los comedores comunitarios?

No hay que tumbar el estadio para sacar al colado. Es decir que es necesario adoptar una política de seguimiento muy dura para evitar que los avivatos y oportunistas sigan aprovechándose del servicio que prestan los comedores, sin que se desprestigie el programa.

¿El criterio para determinar quiénes son aptos y quiénes no, debe ser evaluado?

Debe ser reforzando a través de las interventorías que ejerce la Universidad Nacional, denunciar y hacer un seguimiento. A los contratistas de comedores que no están cumpliendo con los contratos hay que sancionarlos.

¿Cómo reducir la brecha tan amplia que hay en las condiciones locativas de los comedores?

Los comedores son una iniciativa de las comunidades locales para enfrentar el problema del hambre, lo que hizo el Distrito fue aliarse con ellas para apoyarlas y poder ampliar la cobertura. La infraestructura de cada comedor depende del nivel de pobreza que tenga el barrio en el que está ubicado.

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