Fernando Vallejo contó todo sobre su renuncia a la nacionalidad colombiana

Fernando Vallejo contó todo sobre su renuncia a la nacionalidad colombiana

En el Carnaval de las Artes, en Barranquila dijo que renunció a ser paisa porque no es un orgullo para él ser de la misma región que produjo a Pablo Escobar y a Álvaro Uribe.

18 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Que no renuncia a ser colombiano sino a ser paisa. Así lo manifestó ante los espectadores barranquilleros que asistieron al Teatro Amira de la Rosa, para presenciar la entrevista que le hicieron María Jimena Duzán y Eduardo Mercedes Dacomte. 

No quiere decir que se esté arrepintiendo o retractando de una renuncia oficial a la nacionalidad colombiana. Vallejo explicó lo que pasó, con detalles, hablando de forma sencilla, sentado de frente al auditorio, al calor de un whisky, después de hablar de sus intentos fallidos de ser biógrafo de Porfirio Barba Jacob, de su frustración cuando quiso hacer cine colombiano, aunque tuviera que hacerlo en México para ser, al final, censurado en Colombia. 

Vallejo explicó el asunto de la nacionalidad, después de una hora y media de charla, ante un público que tuvo que esforzarse para contener los deseos de aplaudirlo a cada frase para no perderse, por el ruido, una palabra. Vallejo, habló como si estuviera en su casa, después de precisar la distinción entre un buen prosista y un buen escritor, que para él no son lo mismo. Y después de tocar una pieza musical en el piano que habían dispuesto para él, escondido, tras el telón del escenario.

Y después de reiterar sus desafíos a las iglesias, dijo:

"El asunto pasó así -comenzó-. Escribí un artículo en la revista Soho. Venía con un reportaje gráfico que comenzaba con una muchacha desnuda que cargaba la cruz y terminaba con la última cena. Como la parodia de Buñuel en Viridiana. Estaban personajes de la cultura colombiana y la política, Andrés Hoyos de El Malpensante, y el Carlos Gaviria. Y alguien resolvió poner una denuncia por insulto a la religión en el artículo mío.

"(...) Siguió el proceso y el juez nos puso al editor de Soho, Daniel Samper Ospina y a mi como responsables. Y la condena fue la cárcel para nosotros. Y dije: ¿Cómo me van a condenar a mí a la cárcel cuando hay miles de paramilitares impunes por ahí. Si estoy sosteniendo lo que es mi verdad?  No lo puedo permitir.

"A mí nunca se me ocurrió en la vida que yo iba a cambiar de pasaporte. Nunca. A mí no me importó. No viajaba porque para ir a Centroamérica y el Caribe, había que sacar visa para todos lados. Pero esta vez dije: ¿Qué voy a hacer? No voy a permitir que me metan preso por esta situación. Es una infamia. En ese momento empecé los papeles para nacionalizarme en México.

"Y pasó un año. La revista apeló y al fin se resolvió el asunto. El juez dijo que no era ningún delito y se acabó el problema. Lo que pasa es que el trámite ya seguía en México. Y cuando me entregaron me pasaron un papel que decía: Usted renuncia a la nacionalidad colombiana. Dije: yo no sabía esto, pero es una cosa muy rara, todos los amigos míos que se nacionalizaron mexicanos nunca me dijeron que había esto. Le pregunté a un amigo y me dijo: ah, eso es un trámite, no tiene ninguna importancia. Firmé y se acabó el problema.

Pero no renuncié aquí a la nacionalidad colombiana, porque es un trámite que dura como dos años. He sido desde entonces un mexicano de segunda, porque solo puedo tener un pasaporte, que es el mexicano, y si tengo otro me quitan el mexicano. No así los mexicanos, ellos sí pueden tener 20 pasaportes. Y nosotros, los colombianos, podemos también. Pero no había opción. Así que entre 60 millones de mexicanos, soy uno de segunda. 

"El día en que me entregaron el pasaporte, llegó un periodista mexicano que venía a hacerme una entrevista por el lanzamiento del libro mío sobre la religión (La puta de Babilonia). Yo llegaba de Relaciones Exteriores con el nuevo pasaporte y le dije: mire acabo de renunciar a la nacionalidad colombiana. Y sabía que lo iba a publicar. Y se lo dije porque no tengo por qué ocultar las cosas.

"Como cinco días después, un personaje de los medios en quien yo confiaba y me llamó y me preguntó. Y le contesté con una carta explicándole la situación (...) la soltaron por entregas durante varias horas, para poder asuzar a la chusma durante horas en contra mía.

"Al día siguiente, a la madrugada, estaban llamando los colombianos de todos lados del mundo, indignados por lo que había hecho. Yo puedo hablar de la religión, pero no puedo hablar contra Colombia. El patrioterismo es peor que la religiosidad.

"Y les he dicho: ¿por qué están allá si en Colombia todo es maravilloso? ¿Por qué no están aquí? Ellos están afuera porque aquí no pudieron y se fueron. Esos que están apuntalando el país, compatriotas, dicen que yo soy tan mal hijo de Colombia y tan mal hijo de mi mamá, llamaban para insultarme. Y cantidad de gente que está nacionalizada en México, porque los colombianos nacionalizados que firman el papel y aceptan son miles y miles. Y eso fue todo. Pero ya no importa". 
 
Algunas frases

 
"Que lo voy a contar todo. Eso sería una charla pornográfica. Pero la pornografía está bien, vista u oída y, en general actuada. Mientras no haya violencia de por medio, ni conduzca a la reproducción. Como sea, con quien sea, por dónde sea. Yo se la recomiendo mucho a la gente. A mis paisanos, a mis ex paisanos antioqueños, se las recomiendo, a ver si dejan ese mal humor".

"Colombia, de 1880 a 1930 fue gobernada por presidentes gramáticos: los presidentes conservadores, como 15 (...) Uno de esos presidentes era Marroqúin, que en 1902 dejó perder a Panamá porque estaba tan preocupado por defender el idioma de los gerundios y los qués galicados que le importaba un comino que los gringos provocaran la secesión del país. Yo estoy de acuerdo con él. Siento una gran ternura por ese presidente colombiano que estaba viendo distinto: Qué importaba que se llevaran a Panamá, que se lleven ese zancudero. Defendamos lo que tenemos aquí":

(El matrimonio) es una organización delictiva si se fecundan. Si no, no. El matrimonio es una compañía (...) pero el amor se vuelve rutina. No puede ser de otra forma.
El asunto es muy sencillo.

"No podemos llamar religión a una empresa criminal. Y una empresa criminal hay que desaparecerla. No podemos ahora permitir que el nazismo vuelva, que masacró a la gente durante 14 años (...) Entonces, si estamos permitiendo que vuelva el nazismo que torturó a la humanidad durante 17 años, por qué le estamos permitiendo seguir a la secta de los dominicos que durante 700 años mató a miles de personas con la inquisición".

LILIANA MARTÍNEZ POLO
REDACTORA DE EL TIEMPO
Barranquilla

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