Ex ministro Rafael Pardo Rueda propone establecer como delito la pertenencia a un grupo terrorista

Ex ministro Rafael Pardo Rueda propone establecer como delito la pertenencia a un grupo terrorista

16 de enero 2008 , 12:00 a.m.

LAS COSAS HAN LLEGADO a lo que se presumía que llegarían cuando Hugo Chávez llegó al poder. Sus declaraciones sobre la necesidad de reconocer que las Farc y el Eln son ejércitos rebeldes y no grupos terroristas, y su petición a los países latinoamericanos y a Europa de retirarles la calificación de terroristas, son delicadas y merecen no sólo un análisis cuidadoso sino, sobre todo, definir un camino que no menoscabe los intereses colombianos.

1. Revolución. En Venezuela ocurrió una verdadera revolución en el sentido político, es decir, un cambio del régimen dominante, una sustitución de élites. Surgió una nueva estructura de poder y una nueva relación entre el Estado y la sociedad. Hay que distinguir entre el Socialismo del siglo XXI -caracterización debatible-, del proceso político que es de verdad revolucionario, aunque esta situación no ha sido adecuadamente leída por los líderes de opinión colombianos que siguen en la idea de que el chavismo es algo improvisado, en cierto modo folclórico, y lo simplifican como una expresión populista informe.

2. Proyecto coherente. Cuando Chávez llegó al poder fue evidente un alejamiento de posiciones con el Estado colombiano. Varias declaraciones del mandatario venezolano, aparentemente sueltas y en diversos momentos en los últimos nueve años, han ido mostrando las piezas del rompecabezas. Las diatribas contra la oligarquía bogotana en tiempos de Pastrana; las acusaciones a los santanderistas colombianos del asesinato de Bolívar; las referencias explícitas de líderes del chavismo a la traición que sufrió Bolívar en Colombia, y en Venezuela, por los regímenes que lo sucedieron, y la convicción de Chávez y sus seguidores de que su revolución derrotó al régimen que en Venezuela traicionó Bolívar y de que ese régimen sigue en el poder en Colombia, son elementos que sustentan la animadversión contra los gobiernos colombianos que, en su opinión, son gemelos de los gobiernos que ellos derrotaron. El régimen político colombiano vigente es gemelo del régimen del pacto de Punto Fijo que Chávez desmontó y derrotó.

El proyecto bolivariano de Chávez es afín a las Farc y al Eln no tanto porque esos movimientos usan el nombre del Libertador, sino porque los dos son revolucionarios y se autoproclaman como de izquierda.

3. Terrorismo y beligerancia. El presidente Chávez tocó ante la Asamblea Legislativa dos temas separados y con consecuencias bien distintas. Uno, la exclusión de las Farc de las listas de grupos terroristas. Otra, el reconocimiento de la condición de ejército rebelde con legitimidad, que es una especie de reconocimiento de beligerancia. 

4. Ejército rebelde: implicaciones. Reconocer a las Farc como ejército rebelde tendría consecuencias políticas y jurídicas. Políticas: implicaría tratarlas como Estado en formación, es decir, hacerles un cierto reconocimiento de legitimidad -el camino que recorrió la Organización para la Liberación de Palestina-. La pretensión es, en últimas, poner en plano de igualdad, para ciertos efectos de las relaciones internacionales, al Estado con el grupo rebelde. Jurídicas: podría concederles, entre otros derechos, el derecho de asilo a los miembros del grupo, la no extradición o deportación, privilegios diplomáticos e, incluso, otorgarles estatus de observador en la ONU. La figura de beligerancia no tiene un procedimiento establecido en la normas internacionales y es improbable que se de. Lo grave es que el jefe del Estado de Venezuela haya dado ese paso.

5. Estatus político vs. beligerancia. Tal vez por ignorancia, Chávez habló de beligerancia queriendo señalar que las Farc -como establecía la legislación colombiana antes de 2002, Ley 418- tienen estatus político para negociar. Eso sería otra cosa, pero el reconocimiento de estatus político como requisito para negociar fue eliminado en la Ley 782 de 2003 y ahora el Gobierno negocia con quien discrecionalmente decida, siempre que sean grupos armados según definiciones de ley.  "Se entiende por grupo armado al margen de la ley, aquel que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerza sobre una parte del territorio un control tal que le permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas".(Parágrafo 1, artículo 8 de la Ley 782 prorrogada por Ley 1106 de 2006)

Con esta definición se negoció con las Auc y el Eln. Si el Gobierno, como ha propuesto, negocia con las Farc un acuerdo humanitario, ésta sería la consideración. Si esto era lo que Chávez quería decir, se equivocó de cabo a rabo e hizo evidente que ni él ni sus asesores conocen la legislación colombiana bajo la cual deben hacerse las negociaciones de paz.

6. Negociación vs. beligerancia. El Canciller de Venezuela ha dicho que negociar la paz con un grupo armado implica reconocerle beligerancia, e incluso dijo que el Estado colombiano les reconoció ese estatus al M-19 y al Epl al negociar con ellos. Fue todo lo contrario: la negociación fue para que terminaran el alzamiento y dejaran de ser grupo armado -no para que continuaran la lucha- y así ocurrió. Un Estado puede negociar el fin de la violencia con un grupo armado sin que implique reconocerles como un Estado contendiente. No puede justificarse la lucha armada para poder negociar como lo que insinúa el Canciller venezolano.

7. Reconocimiento político vs. relaciones entre Estados. Carece de sentido pedir reconocimiento político a los grupos armados que atentan contra un Estado para normalizar las relaciones con ese mismo Estado. Que Chávez haya puesto como requisito para que las relaciones con Colombia vuelvan a la normalidad que el Gobierno de Uribe reconozca a las Farc y al Eln como beligerantes, no sólo es una contradicción sino que significa inclinarse a favor de esos grupos y no del Estado legítimo. 

8. Conflicto político vs. beligerancia. Reconocer que el conflicto es por el poder, que  es político, no significa reconocer a la guerrilla como beligerante. El conflicto colombiano tiene varias calificaciones y sobre esto no hay acuerdo e incluso hay quienes dicen que no hay conflicto.

Estoy entre los que piensan que el conflicto colombiano es por el poder, que el conflicto es político, pero esto no tiene que ver ni con la calidad de las propuestas políticas de las Farc, ni con su vigencia u obsolescencia. Las Farc son un grupo armado que ha buscado el poder y para ello se financian con drogas y secuestro, recurren en forma sistemática al terrorismo, asesinan, afectan a civiles y cometen crímenes de guerra y de lesa humanidad.

9. Exclusión de las listas terroristas: implicaciones. Las listas  de grupos terroristas son un procedimiento que utilizan algunos países -en particular Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea- no como simple expresión de rechazo o repudio a sus actos, sino por sus efectos jurídicos. Los integrantes de los grupos tienen responsabilidades penales por el solo hecho de pertenecer a ellos y, además, son susceptibles de extradición y no de asilo. Las listas -no exentas de alguna dosis de arbitrariedad- son hechas sobre la base de elementos objetivos y tienen consecuencias jurídicas, pero NO -con mayúsculas- impiden negociar con los grupos.

El IRA y los grupos paramilitares de Irlanda del Norte estuvieron por años en las listas de grupos terroristas de Gran Bretaña y Europa, y cuando avanzó la negociación fueron sacados de ellas y cesaron las implicaciones jurídicas para sus miembros: órdenes de captura y condenas por pertenencia a grupo terrorista.

10. Listas terroristas y penalización. No conozco que la legislación de algún país suramericano incluya el procedimiento de las listas. En Colombia no existe pero está tipificado el acto terrorista, y las conductas criminales cometidas con fines terroristas son agravadas. Sin embargo, la legislación penal colombiana no penaliza la pertenencia a grupo terrorista, como sí a un grupo rebelde (delito de rebelión).

Hace cuatro años, cuando estaba en trámite la reforma antiterrorista, le propuse al Gobierno establecer la pertenencia a grupo terrorista como delito y la consecuente necesidad de definir en listas cuáles son grupos terroristas. La respuesta del Ministro del Interior de entonces fue que esa medida impediría la negociación -aún en pañales- con las Auc, y la cosa quedó ahí.

No cabe duda de que las Farc, el Eln y las Auc son grupos terroristas, pero esta definición no tiene en Colombia consecuencias jurídicas y es necesario que las tengan. Mientras eso no suceda y sigan usándose las listas de Europa o Estados Unidos, el debate será retórico y estará supeditado a lo que hacen los países que las tienen.  

Colombia debería tener listas de grupos terroristas y penalizar la pertenencia a esos grupos, pues haría más claro el panorama jurídico y político con respecto el tratamiento de ese delito -desde 1973, el terrorismo no es susceptible de indulto o amnistía- y facilitaría nuestra posición internacional.

11. La vía diplomática. Las declaraciones del presidente Chávez no son de poca monta y por ello la reacción del Gobierno colombiano no puede quedarse en la diplomacia del micrófono: un simple comunicado retórico leído por un funcionario sin representación política. El asunto es muy delicado e implica un tratamiento por la vía diplomática: una nota de protesta o llamar a consultas al Embajador en Caracas. Si Chávez se equivocó por falta de conocimiento de los conceptos -beligerancia y estatus político-, podría acudirse a una vía reservada pero seria para enderezar las cosas.

12. El Gobierno y la liberación de los secuestrados. Mientras el Gobierno siga marchando a la zaga y cediendo la iniciativa, otros llenarán el espacio. Lo hizo Chávez. Haber aceptado una zona de encuentro en Florida y Pradera hace dos o tres años habría evitado este deterioro, habría evitado la liberación de decenas de guerrilleros sin contraprestación alguna.

13. La Gran Colombia. El otro gran tema que tocó el presidente Chávez fue el de crear de nuevo la Gran Colombia, tema que no ha merecido comentario alguno pero que es de fondo. Como los asuntos de Chávez están siempre llenos de claves, el mapa que mostró para explicar la Operación Emmanuel no tenía fronteras entre los dos países. Sin embargo, y a pesar de que la idea de integración es muy atractiva, el Presidente de Venezuela ha ido en contravía de ella: se retiró de la CAN.

Además, la integración para abolir fronteras puede tener varios modelos pero lo básico es que los integrantes compartan, al menos, los principios democráticos, de seguridad y de política exterior, y nada de eso comparten Colombia y la Venezuela actual.

POR RAFAEL PARDO RUEDA,
ex ministro de Defensa y ex consejero de Paz.

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