Carta del coronel Luis Mendieta se convirtió en símbolo de la crueldad del cautiverio en la selva

Carta del coronel Luis Mendieta se convirtió en símbolo de la crueldad del cautiverio en la selva

El oficial de la Policía de mayor rango entre los secuestrados por las Farc lleva nueve años de cautiverio le envió una comunicación a su esposa, María Teresa, a través de Consuelo González.

15 de enero 2008 , 12:00 a.m.

"Me tocaba arrastrarme por el barro para mis necesidades, únicamente con la ayuda de mis brazos, porque no podía levantarme", narró el oficial a través de su carta escrita el pasado 21 de diciembre desde la selva inhóspita, en medio de duros quebrantos de salud.

Su crítico estado lo llevó a no poderse levantar un día. Entonces los guerrilleros y sus compañeros tuvieron que envolverlo en mantas atadas a palos para transportarlo día y noche.

Uno de los mensajes que más refleja la angustia que padece se refiere al olvido que siente en medio de la selva, a la falta de solidaridad con su situación y la de sus compañeros de destino.

"No es el dolor físico el que me detiene, ni las cadenas en mi cuello lo que me atormenta, sino la agonía mental, la maldad del malo y la indiferencia del bueno, como si no valiésemos, como si no existiésemos".

En otro aparte, el oficial relató el drama en que se convirtió haber perdido hasta sus "calzoncillos" a manos de sus captores. Llegó el día en que Mendieta no fue capaz de cargar siquiera la pequeña bolsa en la que guardaba apenas un par de prendas.

Contó que un día el guerrillero que acostumbraba a llevar sus pertenencias no apareció con ellas.

"Como es lógico, por la enfermedad, me quitaron la cadena con candado del cuello, pero resulta que mis cosas personales ellos tenían que transportarlas y de un día para otro desaparecieron, es decir, quedé sin nada, únicamente con lo que llevaba puesto. Afortunadamente al comienzo del vía crucis, Delgado (un sargento) se ofreció a colaborarme con cargar el paquetico donde guardo las fotos, y a Dios gracias eso se salvó. Posteriormente me entregaron la chaqueta de la sudadera azul que me envió María A., todavía la conservo y prácticamente es mi pijama", escribió.

La alegría que se refleja en medio del dolor, por haber conservado las fotos de sus familiares, arrancó no pocas lágrimas ayer entre los suyos. Y la pérdida de sus prendas interiores, que reflejan la precariedad de la situación, se convierten en no más que una anécdota en su relato.

"Luego Delgado me colaboró dándome dos calzoncillos, 1 sábana y 1 toalla, Murillo me dio una pantaloneta para la noche, Donato me prestó un pantalón, Consuelito una camiseta y la señora Gloria un par de medias, con todo esto se inició otra etapa en este peregrinar. Días después trajeron alguna ropa para todos, entonces pude devolver la camiseta y el pantalón prestados y tratar de llevar el día a día con esa ropa".

Como ha ocurrido con otros secuestrados abandonados por años en poder de las Farc, la oración y su fe en Dios ha sido su principal soporte para resistir.

Mendieta comentó que fue la oración de su familia la que lo ayudó a recuperarse de los quebrantos de salud para poder continuar las agobiantes caminatas que a esta hora, seguramente, continúa.

Diario de la familia

María Teresa Ramírez de Mendieta y su hija Jenny no han parado de leer y leer la carta. Sus rostros se convierten en ríos de lágrimas cada vez que repasan los párrafos, y María Teresa dice que ya casi la memoriza.

Hay momentos que no se apartan de sus memorias. Ambas recuerdan que el día que lo secuestraron se despindió con un "¡Los amo, los amo y oren por mí y los muchachos". También recuerdan que las llamó a eso de las 4:45 de la tarde en medio del ataque guerrillero a Mitú (Vaupés) el primero de noviembre de 1998.

Desde ese día, María Teresa (la esposa), de ojos claros y mirada triste, ha registrado la cotidianidad de su familia en un diario. Ya tiene dos libros. "Cuando no tengo qué escribirle le hago poemas o un acróstico. Cuando él venga ahí va a estar registrado todo lo que han sido estos nueve años de nuestra familia", narra.

Además, a su Papucho, como le dice con cariño desde que se casaron, lo esperan en casa unas cajitas con las pruebas que ha enviado, las cuales fueron más seguidas durante la zona de distensión en el Caguán.

El mensaje que les arrancó lágrimas a los colombianos aún no ha sido recibido por los padres del coronel Mendieta, quienes residen en Boyacá. María Teresa les llevará la carta, pese a la preocupación que le causa que desde el secuestro de su esposo, su suegro "se ha deteriorado" y hasta temen por sus días. 

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