Las enfermedades son el peor problema de los secuestrados en la selva

Las enfermedades son el peor problema de los secuestrados en la selva

La noticia de que iban a volver a ser libres les produjo a Consuelo González de Perdomo y Clara Rojas la doble sensación de felicidad y un profundo dolor, una inimaginable angustia.

12 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Tener la certeza de que se iban a terminar estos años de "vida suspendida", como denominaron al periodo de tiempo en el que las Farc las mantuvieron secuestradas en la selva, las llenó de alegría.

Pero la obligada despedida de sus 8 compañeros de cautiverio que quedaron allí, encadenados, enfermos y un poco más solos, dibujó en el horizonte de la libertad una oscura nube de incertidumbre.

Como siempre, el anuncio les llegó a través de las ondas radiales que alcanzan a llevar hasta lo más profundo de la selva las noticias del país y las de sus familiares. Tal como pasó durante los años de cautiverio, Consuelo y Clara esperaron en vano a que los guerrilleros les dijeran algo al día siguiente.

"Nos levantamos a la expectativa para recibir el tinto y a ver qué nos iban a decir, pero el día transcurrió normalmente", contó Clara.

Pero el 20 de diciembre, dos días después de que escucharon la noticia, llegó el momento de la despedida. En el campamento quedaron, con las cadenas atadas al cuello, el coronel Luis Mendieta, el capitán William Donato, el capitán Enrique Murillo, y el sargento Arbey Delgado.

También los políticos Jorge Eduardo Gechem, Alan Jara, Orlando Beltrán y Gloria Polanco. Todos azotados por enfermedades que los mantienen menguados física y anímicamente, según le dijo a EL TIEMPO Consuelo González.

Aunque todos estaban felices por la partida de Consuelo y Clara, ninguno pudo evitar el llanto. Están convencidos de que esta liberación les puede abrir las puertas a los demás, pero saben que nada está garantizado.

"La liberación de los compañeros que quedaron allá va a ser producto de un hecho político y como tal quiero asumirlo, dedicarle todo el tiempo y las energías", dijo Consuelo después de su liberación.

Viaje a la libertad

Tras la separación de sus compañeros de cautiverio, ellas empezaron una marcha por la selva que duró 21 días hasta el jueves pasado, cuando se hizo su entrega al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y a representantes del gobierno venezolano.

Reconocieron que durante el trayecto sintieron de cerca la presión de las operaciones militares contra la guerrilla.

"La guerrilla nunca le dice a uno nada y lo que alcanzábamos a ver era la preocupación de ellos por la presencia del Ejército. Eso se traduce en que ordenan que nos movamos, parar, guardar silencio, apagar la mechera o la linterna cuando se necesita. Es tener prudencia en la movilización y una paciencia infinita para quedarse quietitos cuando toca", narró Clara.

Sentían de cerca los helicópteros, una de las mayores torturas para los secuestrados que piensan que no van a superar la sensación de que el sonido de las aspas golpeando el aire vendrá acompañado del ruido de las ametralladoras.

La marcha estuvo acompañada por un reducido número de guerrilleros del que hacían parte cuatro mujeres que, según Consuelo, hicieron todo lo posible por hacerles menos duro el recorrido.

En el trayecto el menú fue el mismo que la guerrilla les ofreció durante el cautiverio: arroz, lentejas, fríjoles, arvejas o pasta. "Si hoy comíamos arveja, sabíamos que mañana invariablemente eran fríjoles. La carne solo la probábamos cuando cazaban algún animal del monte y nos tocaban pedazos muy pequeños porque el grupo era de unas 40 personas", dijo Consuelo.

Leche, queso, frutas o dulces no se ven. "Si acaso unas naranjas dos o tres veces al año, pero nada más", afirmó.

Pero al parecer los guerrilleros que los acompañaban no eran tan pocos. Según Clara, cuando llegaron a la zona despejada donde fueron entregadas al CICR, vio a un grupo más numeroso de guerrilleros que venían hacia ellas muy bien armados.

"Me da susto porque digo: qué va a pasar", contó.

"Ellos están en el plan de la entrega -agregó- pero cuando vienen los helicópteros reaccionan y yo digo, Dios mío, qué está pasando. Cuando yo veo los helicópteros con el emblema de la Cruz Roja, salgo feliz con la mochila y ellos me previenen: Clara, no corra. Pero qué pena, yo sí corro porque yo ya me voy".

El nacimiento de Emmanuel

Clara Rojas le contó al mundo cómo nació su hijo Emmanuel. Dijo que los guerrilleros le programaron una cesárea debido a las dificultades del parto y que todo ocurrió lejos del campamento donde estaban los demás secuestrados.

"Cuando todo eso transcurre estoy en la camilla recobrando el hálito de vida y me dicen, Clara, no se mueva. Es un niño. Es el momento más feliz de la vida. Estoy dolida por todas las condiciones, pero llena de alegría de poder abrazar a mi niño, escasamente lo puedo tener pero lo acercan a mí".

Emmanuel nació el 16 de abril del 2004. En junio de ese año Clara regresó al campamento en medio de una tensa situación por los combates en la zona. Debido a esto comienzan en septiembre una marcha que culminó a finales de octubre y en la que al parecer atravesaron el río Guaviare. Luego de la marcha los guerrilleros deciden dividirlos en grupos por razones de seguridad. Esa fue la última vez que vio a Íngrid Betancourt.

En enero del 2005 Emmanuel presenta leishmaniasis y la guerrilla le dice que se lo va a llevar para tratamiento. Jamás vuelve a saber de él, hasta el pasado 31 de diciembre, cuando, pendiente de su liberación, oye en las noticias que el niño está en Bogotá.

La vida en el campamento era tediosa. Allá no hay nada qué hacer que no sea distinto a hacer los oficios normales de lavar la ropa de cada uno, del aseo personal, organizar su cama, el equipo.

Para distraerse jugaban parqués o cartas. El ex gobernador Alan Jara dicta clases de inglés a quienes están interesados y a otros clases de ruso, "tratando de ganarle tiempo al tiempo, de no estar sin hacer nada porque eso significa preocupación y angustia. Si estábamos ocupados no estábamos pensando: qué pasará con el intercambio, será que salimos, será que no salimos, será que resistimos", afirmó Consuelo.

Ella piensa que todos los colombianos deben unir sus fuerzas para romper de una vez por todas las cadenas que penden del cuello de los militares en el día y que en la noche los ata a sus camas.

"Yo no sufrí tortura física, aparte del secuestro en sí, pero me dolía en el alma ver a esos hombres encadenados que enfrentan a la guerrilla en defensa de su país", dijo.

Cómo están los que se quedaron

  • Alan Jara, ex gobernador. Está muy mal de salud, pero no se sabe qué tiene. Sufrió de un severo paludismo.
  • Coronel Luis Mendieta. Desde hace unos 5 meses tiene un dolor constante en el pecho. Tuvo leishmaniasis.
  • Cap. Enrique Murillo. Sufre de hinchazón en articulaciones y no se aguanta el dolor en los pies.
  • Jorge E. Gechem. Tiene problemas gástricos y en la columna. Ha tenido varios preinfartos.
  • Gloria Polanco. Tomaba droga para la tiroides antes del plagio. A veces no le llegan los suministros.
  • Sargento Arbey Delgado. Lo afectan serios problemas gástricos y ha sufrido además de paludismo.
  • Orlando Beltrán. Sufre de Hipertensión. Debe tomar una droga. Cuando no se la dan se pone muy mal.
  • Cap. William Donato. Problemas de riñones. Se le hinchan los pies. Una alergia dificulta su respiración.

CARLOS SALGADO R.
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
CARACAS 

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