Hombre que dibujó para Fontanarrosa cuando este estaba enfermo estará en el Carnaval de las Artes

Hombre que dibujó para Fontanarrosa cuando este estaba enfermo estará en el Carnaval de las Artes

Cristóbal Reinoso -Crist- y Hermenegildo Sabat son algunos de las personalidades del mundo de la cultura que se darán cita en Barranquilla del 15 al 20 de enero.

12 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Crist, conoció al 'Negro', como llamaban a Fontanarrosa (creador de Boggie el Aceitoso e Inodoro Pereyra), cuando ambos estaban alrededor de los 25 años. Hacía parte del equipo de la revista cordobesa 'Hortensia', en la que fue a trabajar el rosarino.

Tenían en común la vocación y ser de provincia: Fontanarrosa, de Rosario; él, de Santa Fe. Y confluyeron en Córdoba, atraídos por el prestigio de la región en materia de ingenio y buen uso del gracejo popular y el retruécano. Ese humor llevo al rosarino a tomar carretera muchas veces, con el único objetivo de sumarse al equipo de la revista cordobesa Hortensia, en el que ya trabajaba Crist.

"Como al  tercer viaje que hizo, había captado el gracejo y estaba haciendo chistes más cordobeses que los mismos cordobeses", recuerda Crist que conoció al 'Negro', como llamaban a Fontanarrosa, cuando ambos estaban alrededor de los 25 años.

Crist vio nacer a Boggie. "Fue un regalo que me hizo", afirma. Surgió después de ir juntos a ver Harry, el sucio. "Regresó a Rosario y me envió una página que se llamaba Boggie, el aceitoso, una parodia de Harry, para que la pusiera en mi escritorio -agrega Crist-. Se la mostré al director de la revista y el dijo: Esto va en el próximo número".

Crist y Fontanarrosa mantuvieron esa cercanía durante casi una década. Después Crist se mudó a España y empezó la distancia, debido a los caminos que tomaban las carreras de ambos.  "Nos volvió a juntar la enfermedad", dice Reinoso. Fontanarrosa viajó a Córdoba y le comentó sobre las molestias que empezaba a padecer, poco a poco iba perdiendo la movilidad y con ella la posibilidad de dibujar. Y un año antes de su muerte, a mediados del 2007, se propusieron trabajar nuevamente en equipo, esta vez de otra manera. "Él se resistió todo lo que pudo -cuenta Reinoso-, porque no es fácil entregar una parte de la creación". Ahora, que participará junto con el caricaturista Hermenegildo Sábat, en el homenaje a su gran amigo, en Barranquilla, Crist le contó a EL TIEMPO cómo fue trabajar a cuatro manos con Fontanarrosa.

El trabajo en equipo

-'El Negro' Fontanarrosa le dictaba los textos (prácticamente el guión de lo que tenía en la cabeza) a su ayudante, Luisito. Este, los enviaba a Crist por correo electrónico. A veces, incluía sus propios comentarios que, dice Crist, podían ser también muy graciosos.  Y él se encargaba de dibujar los textos que aparecieron en Clarín durante unos meses.

Crist conserva como tesoros todos esos correos, con instrucciones que iban más o menos así: -"Imaginate dos tipos, uno le dice al uno tal cosa y el otro le contesta tal otra". Y yo no necesitaba muchas descripciones de cómo estaban vestidos o algo, porque la complicidad que teníamos era tal que era fácil entenderlo".

-El trabajo se hizo con una regla tácita básica: Que Crist ni siquiera intentara imitar el estilo de Fontanarrosa. Porque cada uno tenía su estilo, aunque, ambos se habían influido mutuamente durante los años de juventud. "Era mi interpretación de los guiones suyos. Y eso nos daba más libertad a los dos", recuerda.

-Una vez recibía los guiones de cuatro o cinco viñetas, Crist los llevaba a la imagen con ayuda del Photoshop. Y era su esposa, María Teresa, quien se encargaba de colorearlos. Los imprimían dejando espacio para los globos y se ponían la letra de Fontanarrosa, que estaba consignada en una fuente de computador. "La letra hacía más visible que una parte de él estaba en cada dibujo", dice Crist.

-Seguía la etapa de correcciones de ambos artistas. Y así ocurría todos los días, porque tenían el compromiso de entregar a diario para el periódico.

La vida de Crist

Cristóbal era Crist desde los 17 años. Había llegado al cuarto o quinto año de secundaria cuando tuvo que trabajar. Convencido de que en su vocación estaban los pinceles y las témperas, consiguió trabajo pintando los carteles que anunciaban los precios de los productos en las góndolas de un supermercado de Santa Fe. "Me divertí -recuerda Crist- porque era mi primer dinerillo, mi independencia. Andaba por todas las góndolas con un carrito con témperas atendiendo cada mostrador: jabón, 199"

Y atendían solo muchachas, ellas le abreviaron el nombre. Cuando lo buscaban, lo llamaban desde lejos: ¡Crist! Y así firmó el día en que lo buscaron en el almacén para pedirle una caricatura para la revista Opinión Deportiva. La viñeta salió con el título de El humor de Crist. Fue para él como el momento en que un novillero pasa a ser torero. "Siempre uso esa metáfora, aunque ahora no me queda muy bien el traje de luces, estoy un poquito excedido de peso. Ni para picador serviría", dice.

Y se quedó Crist, por las chicas. "Arrastro ese seudónimo como a esos pecados juveniles que duran para toda la vida -afirma- Muchas veces he querido sacármelo, sin éxito". Porque hubiera querido firmar con su nombre completo, pero era la época en que florecían los seudónimos como Quino y Caloi.

Pero tampoco es una cruz muy pesada. Siempre jugó con su nombre. Su primer libro se tituló 230 después de Crist. Se refería a 230 dibujos, no años. Otras obras suyas son Crística de la razón pura o el más reciente: La pasión de Crist, editado por Suramericana, en el que prescindió de los textos y dejó que brillara la elocuencia gráfica. "El próximo, seguro, se llamará La tensión de Crist, porque vengo del médico", bromea.

Crist llegó al Clarín en el 73. Ininterrumpidamente aparecen sus viñetas y más que tener un secreto para justificar la vigencia dice que más bien, cada vez se aprende más. "A veces miro atrás y no veo qué gracia tenían ciertos dibujos. No sé si merecían haber estado en un periódico", confiesa. Y de pronto advierte que eso de la inspiración no tiene nada que ver. "Ahora mismo, terminada esta entrevista, me tengo que sentar a trabajar, me siento a dibujar y tiene que salir algo. Si no, no podré viajar a Barranquilla".

LILIANA MARTÍNEZ POLO
REDACTORA DE EL TIEMPO

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