El drama de otros 'Emmanuel'

El drama de otros 'Emmanuel'

El drama del pequeño Emmanuel, el hijo de Clara Rojas y un subversivo, que pocos meses después de nacido fue separado abruptamente de su mamá, se repite en las filas de la guerrilla de las Farc.

10 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Tolima 7 días conoció otras historias que revelan el duro régimen al que deben someterse las mujeres que ingresan o son reclutadas a la fuerza por la subversión.

Son las tragedias de *Paula, Manuela, Mariana y Edna, quienes después de haber quedado embarazadas tuvieron que debatirse entre sus lazos con la guerrilla y el profundo amor por sus hijos.
Todas ellas empezaron su vida en el monte siendo menores de edad, sometidas a los caprichos sexuales de compañeros y comandantes.

Separadas de hijos

Algunas fueron obligadas a abortar y cuando los embarazos prosperaban, a separarse de sus hijos. Según Claudia Piñeros, directora de la oficina de Acción Social de la Presidencia de la República en el Tolima, la situación de estos niños es trágica. "La mayoría de veces los dejan en zonas con climas malsanos, con familias con muchos hijos y en situaciones de miseria alta".

235 reconocidos

Según Carlos Eduardo Buenaventura, director del Icbf en el Tolima, la institución protege actualmente a 1.731 menores, de los cuales 235 son reconocidos como hijos de la guerrilla.

"La mayoría de ellos niños manifiestan mucha ansiedad por conocer a sus madres, y cuando alcanzan cierta edad tienen claro su sueño de reunirse algún día con ellas", afirma el funcionario.

'Estuve siete años sin mi hija'

A los 15 años, *Paula, la menor de una familia de tres mujeres y dos hombres, fue reclutada por las Farc, en el sector rural de un pueblo de Caquetá.

Poco después fue trasladada por la organización hasta el sur del Tolima, donde era asediada constantemente por un cabecilla que era 18 años mayor que ella. Él la convirtió en su amante.

"Tenía privilegio por ser la mujer de uno de los jefes, me sentía bien porque los demás me respetaban", dice Paula.
 
Una inyección mensual

"Un guerrillero enfermero nos aplicaba a las mujeres con marido una inyección mensual de Mesijina para evitar los embarazos.
Sin embargo, en 1998, cinco años después de haber ingresado a las Farc, Paula sufrió un retraso.

"Me asusté porque nos habían advertido que no se podía quedar en embarazo". Paula tenía razones para pensar que la vida de su hijo corría peligro.

"Conocía a otras compañeras que les había tocado abortar y a una que le había tocado ir a tener su bebé en la casa de unos campesinos y después dejarlo con ellos", dice.

Ocultó el embarazo

Paula ocultó el embarazo hasta que fue imposible hacerlo, afirma. Como el bebé era hijo de comandante le permitieron continuar la gestación, con la condición de que renunciara a él cuando naciera.
"Cuando me faltaban tres meses para dar a luz, me dieron una especie de licencia. Me tuve que comprometer a volver", afirma. Paula dio a luz a *Laura en Ataco. "Era monita como yo", recuerda. Inmediatamente la dejó y se fue a buscar al grupo. Si no lo hacía la buscarían para asesinarla a ella y a su familia.

Pasaron siete años de remordimientos y noches con sueños en los que aparecía la pequeña Laura. Su instinto de madre no la dejó en paz, asegura. "A escondidas me comuniqué con mi mamá. Me escapé hace un año y ahora vivo con la niña de quien no pienso separarme más", dice la ex guerrillera.

'No quiero dejar a la bebé'

Cuando estaba en el patio de su casa cambiándose los zapatos de la escuela y poniéndose las botas de caucho, *Manuela, entonces una niña de 12 años, fue reclutada por guerrilleros del XXI frente de las Farc en San Antonio, en el sur del Tolima.

Durante un año sostuvo relaciones sexuales con un comandante de esa organización. "No me podía negar a estar con él", afirma la menor. Según Manuela, cuando en la organización se enteraron de su estado, otras guerrilleras la castigaron.

"Me pegaban con una correa porque ahí no se podía tener niños" afirma. Manuela pasó los nueve meses de embarazo caminando con el grupo guerrillero. Después de largas jornadas le buscaban alguna casa de familia para que pudiera dormir en una cama.
"Era la ventaja de que el bebé fuera el hijo del comandante" dice Manuela.

A mediados del año pasado nace la niña y a Manuela le permiten ir a su casa materna a recuperarse. Con su mamá Marlene llevan a la bebé al médico. "Estaba desnutrida y enferma. La doctora nos dijo que le faltaba tomar leche" dice Manuela.

Pero la alegría de estar con su hija no es completa. Sabe que la vigilan. "Manuela dice que le toca dejar a la niña conmigo y volver a la guerrilla. Esos hombres que están alrededor de la casa la están esperando", asegura Marlene.

Sin embargo, Manuela que permanece encerrada en una vereda de Cajamarca, se ha encariñado con la niña y llora todos los días cuando piensa en la posibilidad de renunciar a ella.

"Dice que tiene mucho miedo y que no quiere regresar a las Farc. Que quiere olvidar esa vida que le tocó soportar allá, que ya tiene a su niña, que quiere cuidarla ella misma y verla crecer", asegura Marlene.

Guerrillera tenía feto en su morral

Durante un operativo realizado en Rioblanco, en el sur del Tolima, el Ejército encontró varios morrales abandonados. Al parecer, cuando detectaron la presencia de las tropas, huyeron sin alcanzar a llevarse sus pertenencias.

"Cuando abrí uno de los equipos me impactó mucho encontrar un frasco con un feto de unos cinco meses de gestación", dice la teniente Carol Ximena Castañeda, oficial de derechos humanos de la Sexta Brigada.

Según la oficial, esto deja ver la situación de mujeres que hacen parte de la guerra y que a pesar de que son utilizadas por los hombres para sus fines sexuales, algunas de ellas se enamoran, desean ser madres y no soportan la pérdida de sus bebés. "Es posible que este sea el caso de una de las tantas guerrilleras obligadas a abortar porque dentro de la guerrilla los niños estorban", indica la oficial.

Según Castañeda, son pocos los casos de guerrilleras con hijos que prosperan pues allí las obligan a aplicarse un anticonceptivo inyectable, afirma.

La guerrilla los destina a volver a sus filas

Según información de inteligencia del Ejército, en la guerrilla existe una ley inviolable según la cual los niños o niñas que nazcan dentro de la organización deben prestar su servicio cuando estén en edad de hacerlo. En promedio, desde los 12 años.

Aunque en principio los sacan de las filas ellos los consideran sus hijos.

"Los separan de sus madres porque para ellos no es conveniente tener bebés dentro por razones obvias. Sin embargo, a los hijos de los cabecillas de cuadrilla y de frentes les hacen seguimiento. Para ellos es un honor que sus hijos pertenezcan a la organización", afirma un militar que pidió eserva de la identidad.

"Algunos de ellos, incluso, son enviados a universidades en el exterior y preparados para atender asuntos de interés internacional. Con este fin invierten importantes sumas de dinero", dice un funcionario de la Sexta Brigada que pidió reserva de su identidad.

"Tenemos el caso de Jerónimo Galeano, del comando conjunto central, quien tuvo un hijo, lo mandó a estudiar a la universidad Nacional y hoy en día es un ideólogo".

Señala que tienen información de que Raúl Reyes, del secretariado de las Farc, envió a su hijo a la universidad de Harvard en Estados Unidos, y ahora capacita a otros integrantes de la organización.

"A él le encargan asuntos internacionales, por ejemplo el de la liberación de Clara Rojas", afirma el oficial, quien denuncia que muchos niños nacen con el destino de ser guerrilleros, aunque no todos con las mismas ventajas.

'No sé dónde está mi hijo'

"Cuando llegué a las Farc me dijeron que la regla número uno para las mujeres era no quedar embarazada", dice *Mariana, quien vivía en Roncesvalles cuando ingresó a la guerrilla a los 14 años de edad.

A los 19 quedó embarazada del comandante Jairo, quien le dijo que tenía que abortar y la obligó a tomarse unas pastas.

"Como no me hacían efecto me las dieron varias veces. Lo único que me producían era vómito y mareo pero el niño no se salía. Tal vez era la fuerza que yo hacía porque yo quería tenerlo", afirma la ex guerrillera.

Según Mariana, fue castigada por los guerrilleros. "Me trataban mal, me hacían cocinar para 300 hombres a pesar de que me sentía muy enferma", recuerda.

Como no lograron que perdiera el bebé, el comandante Jairo le advirtió que cuando lo tuviera lo tenía que regalar.

El parto, en el que dio a luz a Pedro, ocurrió en un cambuche, asistida por otra guerrillera, en una vereda de Planadas. Solamente lo tuvo tres días en sus brazos. "Sin que me diera cuenta, una compañera se lo llevó. Después me dijeron que él iba a estar bien, que siguiera adelante para evitar problemas", narra Mariana.

En medio del dolor, se enamoró de un guerrillero y volvió a quedar en embarazo. Esta vez, el papá de su segundo hijo le ayudó y se voló con ella. Ambos llegaron a una sede del Ejército en Chaparral y actualmente se encuentran en un albergue dentro del programa de protección a desmovilizados.

Actualmente, Mariana tiene 7 meses de embarazo, y aunque se siente satisfecha de haber salvado a este bebé, búsca a *Pedro, que debe tener dos años. "He tenido pistas de que puede estar en Caquetá, Varias entidades me están ayudando" manifiesta.

Edna, una separación forzada

Cuando Edna se enamoró de Edward, un comandante de escuadra de las Farc, él le prometió que si quedaba en embarazo se escaparían de la guerrilla.
Edna tenía 23 años y anhelaba ser madre. Así que a escondidas dejó de aplicarse el anticonceptivo.

Cuando tenía tres meses de embarazo le contó a su pareja.
"Me dijo que el hijo no era de él. Me empujó y me dijo que si quería que siguiéramos tenía que botarlo". Sin contarle a nadie, me tomé por la mañana un remedio que él mismo me dio y por la noche ya había abortado". Cuatro meses después volvió a quedar en embarazo.

"Yo no lo había planeado. Una compañera me ayudó a conseguir el remedio y también perdí el niño".
Edna, quien se había desecho de sus hijos en contra de su voluntad, decidió separarse de Edward.

Un año después conoció a John, un guerrillero que había llegado del Huila. Con él empezó a tener relaciones hasta que se embarazó. En esta ocasión debió abortar porque John tampoco estaba de acuerdo.

Por cuarta vez Edna concibió. "Una compañera me aconsejó que abortara si no quería meterme en problemas. "Las cuatro veces enterré el feto en huecos", dice Edna.

El trauma que sufrió Edna se tornó insoportable. Todos los días los tenía presentes. Para ella, apartar a sus hijos de su vientre fue como abandonarlos. Finalmente desertó e ingresó a un programa de desmovilizados hace año y medio.
 

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