Bogotá también se dio unas vacaciones: permanece desierta y deliciosa

Bogotá también se dio unas vacaciones: permanece desierta y deliciosa

En esta primera semana del año la ciudad presenta un panorama de ensueño: cero trancones en las horas pico, poca gente en las calles y el aire que se respira es más puro que de costumbre.

05 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Las estaciones de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire, de la Secretaria Distrital del Medio Ambiente, registraron que el jueves pasado los capitalinos respiraron el aire más limpio en muchos años, debido a la disminución en más de un 40 por ciento de las partículas de PM 10, un agente altamente contaminante que producen principalmente los vehículos de transporte público y que es sumamente nocivo para la salud.

La movilidad y la rapidez en los desplazamientos son de 'increíbles', incluso durante las horas pico, cuando usualmente aumenta el número de buses, busetas, taxis y carros particulares.

El promedio de velocidad de los vehículos particulares ha aumentado considerablemente y varias de las principales vías de Bogotá se han convertido en verdaderas pistas de automovilismo, en las que los conductores exceden con frecuencia los límites de velocidad permitidos.

La carrera 30, a la altura de la calle 63, dejó atrás los trancones que normalmente la caracterizan. Y a tal punto, que el jueves la Policía tuvo que instalar un puesto de control de velocidad en ese sitio.

"Normalmente me demoro 50 minutos desde mi apartamento en Galerías hasta la zona de Unicentro, donde trabajo. En estos días hago el mismo recorrido en solo 20 minutos. Así que en las mañanas puedo hacer más perecita", dice Jimmy Rojas, empleado de una corporación financiera.

No todo es color de rosa

Pero aunque en los buses y busetas corrientes casi no se ve gente, el panorama en los buses del sistema TransMilenio no ha cambiado mucho. Aunque están viajando menos pasajeros, la congestión no disminuye. Y en las horas pico, a los enormes buses rojos no les cabe 'ni un tinto'.

"Nos llevan como si fuéramos salchichas, no hay derecho. Ni que fuera gratis", le dijo a EL TIEMPO una usuaria disgustada en la estación del Consuelo, en el sur de la ciudad.

Esta situación se debe a que el sistema redujo la cantidad de buses articulados que están en servicio: de 1.040, con los que usualmente funciona, a 700.

TransMilenio se defiende argumentando que estos buses están movilizando, en promedio, a 800 mil pasajeros-viaje por día, cuando el promedio en un día hábil normal es de 1'300.000 viajes.

El gremio de los taxistas es uno de los más afectados por esta ciudad 'desierta y deliciosa', porque casi no tienen pasajeros. Y la caída es fuerte, pues mientras que en diciembre podían hacer fácilmente 30 o más carreras por día, hoy no llegan a 10.

"No me estoy haciendo ni lo del producido, mi patrón me pide 60 mil pesos y me toca ponerlos de mi bolsillo. Es que todo el mundo esta de paseo menos uno", se queja Roberto, al volante de un taxi.

Muchos comerciantes mantienen cerradas las puertas de sus locales, ante la falta de público. Según Dionisio Araújo, director de Fenalco Bogotá, la soledad de la ciudad y la ausencia de clientes son utilizadas por muchos de sus agremiados para hacer sus inventarios o salir de vacaciones.

Pero muchos de los que tienen abierto se quejan. Es el caso de Nemecio Culman, un repartidor de domicilios de un restaurante de Kokorico en el norte de la ciudad y quien afirma: "No estamos vendiendo nada. La gente está de vacaciones. Trabajamos muy poco".

Mientras tanto, los habitantes de la ciudad que no salieron de viaje disfrutan de unos días soleados y calurosos.

La ciudad registra temperaturas de hasta 24 grados con unos cielos azules y todo es relajación, especialmente en parques y ciclorrutas, donde ha aumentado el número de gente que aprovecha la combinación de sol y buen aire para hacer deporte.

A ellos se han sumado una serie de visitantes nacionales y extranjeros que caminan tranquilos por unos andenes inusualmente despejados, porque hasta los ambulantes están de vacaciones.

"Yo soy de Turbo (Antioquia), me vine con toda la tropa a pasar vacaciones", cuenta Carlos Mario Restrepo, sin dejar de grabar con una diminuta cámara de video el paso de su familia por los alumbrados ubicados en la Zona T.

Otra de las alternativas con la que los bogotanos matan el tiempo por estos días es llenar crucigramas y sudokus. La Librería Nacional del centro comercial Andino registra una cifra inusual en la venta de la revista Crucigramas de oro, que tiene 160 juegos y que cuesta 4.200 pesos.

En el centro de la ciudad no es raro ver parejas de ciudadanos de otros países caminando tranquilamente, descifrando mapas y tratando de ubicar algún sitio de su interés.

Es el caso de Eva y a Franz, dos alemanes que decidieron pasar vacaciones en Bogotá. Lo único que sabían de la ciudad era que hace algunos años le decían 'La Atenas Suramericana'. Aunque guía turística en mano y ligeros de ropas, por el calor, preguntaron asombrados: "dónde está la gente, por qué la ciudad está tan sola".

FABIÁN FORERO BARÓN
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
albfor@eltiempo.com.co

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