Similitudes entre su vida y la de Lucho Garzón encontró Felipe González en libro del Alcalde

Similitudes entre su vida y la de Lucho Garzón encontró Felipe González en libro del Alcalde

Garzón es un "personaje incómodo para mucha gente de la izquierda", pero "cómodo y próximo para los ciudadanos comunes", dice el ex presidente español en el prólogo del libro, que transcribimos.

11 de diciembre 2007 , 12:00 a.m.

El lanzamiento del libro 'Lucho una entrevista de Julio Sánchez Cristo', se realizará hoy.

Este es el texto del prólogo:

Tenía una idea elemental, casi intuitiva de la personalidad de Lucho Garzón, con el que he sentido una proximidad que va más allá, o más acá, de la pertenencia a ese ámbito indeterminado que llamamos la izquierda.

He seguido y respetado su tarea como alcalde de Bogotá, triunfador electoral contra pronóstico, al que se puede y debe juzgar por la legitimidad de su ejercicio, no solo por haber sido una anomalía en su origen como candidato vencedor.

Por tanto, cuando me pidieron que prologara la entrevista que le había hecho Julio Sánchez Cristo, tenía en la cabeza la valoración de lo que significaba la figura política de Garzón en el escenario colombiano, más que la que se pudiera derivar del conocimiento de la persona que he podido descubrir en la vivísima conversación que es objeto de esta publicación.

Mezcladas ambas percepciones el resultado es para mí más apasionante. Porque durante muchos años he sentido, sin que me afectara lo más mínimo, la valoración, por razón de origen familiar o de condición social que se hacía de mi propio periplo político, como "el hijo del vaquero" o "ese que no usa corbata".
Condiciones incompatibles al decir de los clásicos para llegar a ser.

Pero en el caso de Garzón, por cierto como el de Willy Brandt, además de ser hijo de la portera, se unía la falta de reconocimiento de su padre. Casi un niño de la calle, salvo, no es pequeña la salvedad, porque siempre contó con una madre.

Lo más admirable de su ciclo como ser humano es el paso de su rechazo, incluso de su intento de ocultar esos condicionamientos, hasta el momento en que los asume como un valor que se añade a su lucha personal y política. Hubiera sido impensable su éxito sin esa superación. Al contrario del General de la Rovere, empieza a ser cuando no se cree el personaje que trata de inventarse sino cuando asume el que en realidad es.

Decía que para mi valoración política el elemento determinante había sido su capacidad para mostrar que la democracia colombiana podría ser incluyente, más allá de los límites clásicos del juego liberal-conservador que dejaba fuera a una parte de la sociedad.

Trataré de explicarlo. Parte de la violencia histórica, no la totalidad, se debe a ese carácter no incluyente del sistema representativo colombiano, a pesar de que la institucionalidad democrática ha sido una de las más duraderas de la región. Si no se produce una razonable igualdad de oportunidades fuera del juego tradicional de las fuerzas en presencia, la tendencia a romper el sistema mismo produce violencia.

La gente que no se sentía representada por el juego político tradicional, era mucha y sin embargo, los que trataban de representarlos -la izquierda histórica- no veía oportunidad alguna de desplazar a esa fuerzas clásicas. Recuerdo elecciones de los años 70 y 80 del siglo pasado en las que él o la candidata de la izquierda no pasaba del 2 por ciento.

Es cierto que algunas reformas constitucionales, tras acuerdos de paz como los realizados por Belisario Betancurt, abrieron el campo de juego en los 90. Como también lo es que la caída del Muro de Berlín alteró alguna de las "convicciones cuasi religiosas de la izquierda" o de sus prejuicios, pero ninguna de esas circunstancias hubieran sido suficientes sin asumir los costes, por llamarlo de alguna forma, que asumió Lucho respecto de las gentes de su tribu ideológica.

Estos costes se reflejan en la entrevista de forma distendida, a veces divertida, pero no dejan de ser difíciles de superar en el entorno en que se mueve Garzón.

Para muchos de sus antiguos compañeros y para otros muchos de la izquierda irredenta, la de la combinación de las formas de lucha, por ejemplo, su figura seguirá siendo la del que traiciona las ideas, cuando en verdad es el que las realiza en la práctica. Eso es difícil de perdonar.

Así se va desarrollando la experiencia de este hombre, ligado a la izquierda, al movimiento sindical más duro, en los aledaños de las otras formas de lucha en las que no entra por razones que él explica con sencillez sorprendente, hasta que se topa con la convicción de que se puede transformar la realidad mediante los votos y renunciado a las botas.

Personaje incómodo para mucha gente de la izquierda y de las fuerzas tradicionales, se convierte en alguien cómodo y próximo para los ciudadanos comunes que lo ven como se ven ellos mismos.

Incómodo porque aporta una respuesta posible por la vía democrática a las aspiraciones de millones de ciudadanos, hartos de la violencia que no cesa y hartos de los discursos de la élite que no los tiene en cuenta. Al menos esa es su percepción y esa percepción se constata a lo largo de décadas en las que la situación de sus vidas no cambia.

Incómodo para los violentos, porque lo que ellos dicen proponer como cambio por las armas del secuestro y la muerte, Garzón lo propone y lo realiza mediante reformas concretas y un uso adecuado de los recursos públicos.

El Muro de Berlín y el hundimiento de la URSS cancelaron muchas "explicaciones". Los pertinaces en el empeño no pueden ver con buenos ojos a Garzón que les quita la base de sus pretendidos argumentos demostrando que se puede ganar y transformar. La peor batalla perdida por los violentos no ha sido ni es frente al ejército, sino frente a la política de Lucho.

Esto era lo que pensaba antes de leer la entrevista. Alguien, desde la izquierda, opta por la reforma frente a la revolución, por los votos frente a las botas y sin ambigüedad. Alguien quiere, desde la izquierda, gobernar el presente para cambiarlo, sin dejarlo siempre en manos de la derecha para presumir de que se inventa el futuro.

Lo he vivido, salvando las distancias, en mi propia experiencia de gobierno. Sigo sintiéndolo en el debate latinoamericano con la izquierda. ¡Es tan difícil asumir la vocación mayoritaria! Porque las mayorías son complejas, contradictorias, resistentes a la simplificación falsamente ideológica. Y sin mayoría no se gobierna.
Y sin gobierno no se cambia realmente la vida de la gente.

Pero cuando he visto el libro, parecía que el eco de la voz de Garzón me estaba llegando como si me estuviera contando a mí su vida. Mi sorpresa ha sido el camino por el que ha llegado a las mismas conclusiones que yo tenía. Mi sorpresa es encontrar a quien es capaz, desde la sencillez, de dar las respuestas que siempre me negaban los interlocutores de nuestra tribu común.

Amigo Lucho, cuando me llamaban reformista o pragmático, no me sentía insultado, sino descrito. ¿Te está pasando lo mismo? O como Malraux has llegado a la conclusión de que las revoluciones son fuego de un día y humo de medio siglo. O como los griegos definían al pragmático como el que era capaz de transformar la realidad con sus ideas, aceptando partir de esa realidad.

Nada hay más bello que afirmar que "otro mundo es posible", pero nada hay mejor para la gente que "mejorar este que nos ha tocado vivir". Coincido con algo que importa más que los discursos. Coincido con tu percepción de la realidad y te deseo lo mejor para ti, porque puedes ser lo mejor para Colombia.

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