Sabor agridulce deja la efímera gestión de Sandra Suárez por el TLC

Sabor agridulce deja la efímera gestión de Sandra Suárez por el TLC

Sólo permaneció cuatro meses como Consejera Presidencial para Acuerdos Internacionales. Fue nombrada para que salvara el acuerdo firmado con E.U. hace un año, pero ahora se va para una multinacional.

05 de noviembre 2007 , 12:00 a. m.

Según Suárez, en su decisión de abandonar el cargo coincidió una propuesta del sector privado -directora de asuntos públicos de los laboratorios farmacéuticos Wyeth en Colombia, Perú y Ecuador- y el hecho de que el TLC ya no sería aprobado en lo que resta del 2007.

Aunque es un secreto a gritos que el acuerdo con Colombia no se moverá en los meses que le quedan al presente año, su explicación fue desafortunada. Ni el gobierno estadounidense, ni la embajada de Colombia en Washington se han casado con esa idea.

En todo caso, es un buen momento para evaluar la gestión de Suárez en un cargo que hasta su nombramiento no existía y, seguramente, tras su partida, dejará de existir.

Suárez fue nombrada en julio por el presidente Uribe a un flamante cargo llamado: Consejera Presidencial para la Gestión de Acuerdos internacionales y de Cooperación Económica y Social. Su trabajo era coordinar los esfuerzos del gobierno a la hora de vender -y defender- el TLC.

Suárez con el aval de Uribe y la participación de la embajadora Carolina Barco, decidieron crear un Comité de carácter informal que trataría de identificar las falencias en la estrategia implementada hasta el momento. El primer escollo que encontraron fue la lentitud con que el gobierno respondía a las acusaciones que por esos días inundaban la prensa colombiana y estadounidense. Entre ellos, el escándalo de la 'parapolítica'.

En muchos casos, no pasaban semanas sino meses antes que en Bogotá produjeran la documentación necesaria para que Barco y su equipo le salieran al paso a las acusaciones en los pasillos del Capitolio. De allí salió una especie de 'unidad de respuesta rápida' para atacar el problema tan pronto aparecía. En las semanas que siguieron, la estrategia dio buenos resultados.

A eso se sumó una segunda estrategia: diversificar. Durante meses el eje del cabildeo colombiano se había concentrado en Washington. Pero se llegó al convencimiento de que a los congresistas había que caerles en sus distritos de origen, donde están sus electores. De allí los viajes de funcionarios de alto nivel. Así mismo se trató de identificar zonas con gran presencia colombiana y mover a la comunidad para que ejerciera presión con su voto.

Se afinó, además, algo que ya se venía haciendo al tratar de organizar el mensaje que venían a dejar los funcionarios colombianos que visitaban la ciudad con frecuencia. Así por ejemplo, Minagricultura se dedicó exclusivamente a mostrar que el TLC beneficiaría al agro; el ministro de Defensa Juan Manuel Santos a mostrar que el acuerdo ayudaría a combatir el narcotráfico, mientras que el vicepresidente le metía el diente a la problemática sindical. Junto a ellos se procuró organizar visitas de sectores ajenos al gobierno y hasta opositores, como los gobernadores de importantes departamentos y de grupos sindicales colombianos que ganarían con el TLC.

Dicen que Suárez, además, convenció al sector privado para que se sumara a los esfuerzos de cabildeo pagando la factura de una de las empresas más prestigiosas en la ciudad, Patton Boggs. Ahora, gracias a los 'cacaos', ya son tres las empresas dedicadas a tocar puertas por Colombia a un costo de 300.000 dólares mensuales.

Aunque en el gobierno reconocen los aportes de Suárez, también anotan que mucho de lo que alcanzó a hacer durante su breve mandato ya estaba planeado. La estrategia, por lo tanto, será mantener la presión, contestar todas las interrogantes que vayan surgiendo y estar listos para cuando la coyuntura política lo permita, porque aún queda camino por recorrer para que el TLC sea una realidad.

Un momento político difícil

¿Dio resultados la gestión? Probablemente sí, si resultados implica hacer la tarea de la mejor manera posible. Pero no tanto en cuanto al objetivo final que era conseguir la aprobación del TLC. Y por una razón muy simple. Nada que haga Colombia en este momento puede competir con el momento político que se vive en E.U. Para los demócratas, aprobar un tratado al que se oponen con vehemencia las centrales obreras y hasta los candidatos presidenciales de su partido, es muy costoso cuando se está a un año de las elecciones.

La Casa Blanca está a tiró de cauchera. Igualmente retener el control de la Cámara y hasta recuperar el Senado. Nada que no sirva a esos intereses es bienvenido. Y no es que estén dando la espalda a Colombia. Por eso aprobarán recursos para el Plan Colombia y extenderán las preferencias arancelarias de Atpdea, que vencen en febrero. El problema es más de tiempos y no tanto de fondos.

SERGIO GÓMEZ
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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