Bogotá tuvo una votación histórica en elecciones para Alcaldía y bajó 4,35 por ciento la abstención

Bogotá tuvo una votación histórica en elecciones para Alcaldía y bajó 4,35 por ciento la abstención

2.282.487 ciudadanos, 388.778 más que en las elecciones en las que ganó Luis Eduardo Garzón, votaron ayer para elegir a Samuel Moreno como el nuevo Alcalde Mayor de Bogotá.

28 de octubre 2007 , 12:00 a.m.

Moreno obtuvo 118.252 votos más que Garzón, que en su momento obtuvo la votación más alta de la ciudad (797.466).

La abstención bajó a 52,14 por ciento en relación con la que se registró en las elecciones del 2003 (56,49 por ciento), pero subió en relación con la movilización que generó el presidente Álvaro Uribe en Bogotá en el 2006, cuando la abstención en la capital se ubicó en 47,63 por ciento, 4,51 puntos por encima del porcentaje de ayer.

A pesar de la baja, 52 de cada 100 personas aptas para votar en Bogotá siguen marginadas del proceso para elegir a la principal autoridad de la ciudad.

Quienes tradicionalmente no participan en el proceso se marginan porque no creen que votar cambie su vida, según los analistas.  Lo demuestran las cifras de ayer cuando 2.282.487 personas que estaban habilitadas para votar no participaron en las elecciones. Veinte de cada 100 personas incluidas en el censo electoral votaron por Samuel Moreno.

Así ocurrió en 1997, cuando Enrique Peñalosa ganó con 619.068 votos (20 por ciento del potencial), mientras 1.760.815 pudiendo hacerlo no fueron a las urnas.

El ejercicio se repitió en el 2000. Ese año, 681.017 (19 por ciento del potencial) le dieron el triunfo a Antanas Mockus mientras 1.973.188 personas se marginaron de participar. Lo curioso es que mientras todas esas personas no votaron, María Emma Mejía, la segunda más opcionada en esa elección, perdió por 144.028 votos. 

Y también ocurrió en el 2003 cuando Luis Eduardo Garzón ganó la elección con 797.466 sufragios, que solo eran el 20 por ciento del potencial porque 2.216.057 personas tampoco fueron a votar. Su más cercano contendor, Juan Lozano, se quedó por falta de 115.636 votos.

Nada los mueve a votar

Los abstencionistas en la ciudad pasaron de 1.760.815 en 1997 a 2.282.487 ayer, es decir, 538.814 personas más. En ese mismo lapso el censo electoral creció en 1.298.550 personas, lo que significa que el 45 por ciento de los nuevos potenciales votantes se sumó a los abstencionistas.

En términos reales, en una ciudad de cerca de 7 millones de habitantes (6.776.009, según el Dane), donde el 64 por ciento de la población tiene derecho a votar, a la hora de hacerlo, la mayoría de la minoría toma las decisiones.

No votan por falta de confianza

Los expertos no se atreven a llamar indiferentes a los abstencionistas. "La desesperanza", que hace que la gente "no crea que las cosas vayan a cambiar a partir del voto", es lo que la lleva a no ir a las urnas, asegura Javier Restrepo, vicepresidente de estudios de Opinión de Napoleón Franco.

Es una situación que las firmas encuestadoras -dice Restrepo- detectan en los 'focus group', donde es frecuente escuchar que las personas digan que "en épocas de elecciones están con uno, están pendientes, hablan con uno, y cuando los eligen desaparecen y se encierran en las oficinas".

John Sudarsky, quien se ha dedicado a estudiar el fenómeno de la participación de la gente en los asuntos públicos, habla de una "desmovilización política", en el sentido de que la gente no se anima a salir a votar.

"Hay mucha gente a la que simple y llanamente nada le 'mueve la aguja'. La experiencia que han tenido les muestra que votar no hace la diferencia", explica Sudarsky para quien también pesa mucho el engaño que los políticos han ejercido por mucho tiempo. "La gente ha aprendido que de eso no sale nada", afirma.

"La confianza es lo que hace que la gente vote por una persona o por un político", opina Carlos Lemoine, del Centro Nacional de Consultoría, para quien campañas como la actual no le ha dado a los ciudadanos ninguna razón que los anime a votar.

El analista Pedro Medellín no ve en la abstención una actitud de indiferencia de las personas hacia su ciudad. Lo que pasa, según él, es que la gente diferencia entre preocuparse y movilizarse por los temas de Bogotá y participar en procesos electorales.

YOLANDA GÓMEZ
editora eltiempo.com

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