El 'potrerito' de Don Antón

El 'potrerito' de Don Antón

¿Sabe qué tiene que ver un estilo de zapatos con el barrio Chapinero? Nuestro reportero ciudadano Julio Ríos nos cuenta detalles históricos de este importante sector del norte de la ciudad.

03 de octubre 2007 , 12:00 a.m.

En la época de la Conquista, junto con don Gonzalo Jiménez llegó un gaditano zapatero llamado Antonio Hero Cepeda.
Este se casó con la hija del cacique de Usaquén y heredó los terrenos desde el Río Arzobispo hasta la quebrada El Chicó, y desde los Cerros Orientales hasta lo que hoy en día es la Cra. 30 o NQS.

Era tan exageradamente grande dicha posesión que los santafereños lo llamaban 'El Potrerito de Don Antón'. Construyó su choza de bareque y techo pajizo a la orilla del camino a Tunja (Cra. 7a.) con calle 60, en donde hoy queda la estación de servicio Esso El Triángulo.

Don Antón sabía hacer una clase de calzado llamado 'chapines'. Eran una especie de zuecos en madera para amarrarlos en cruz a la pantorrilla. Como no había calles ni asfalto o el concreto de hoy en día, pues los chapines eran una alternativa cómoda para cruzar enlodados charcos en época de invierno.

Cuando la gente que viajaba por el camino a Tunja iba llegando a lo que hoy en día es la calle 60 decía: "Vamos llegando a donde el 'Chapin-Hero'". Así hizo historia nuestro querido barrio bogotano.

Es muy interesante anotar que los linderos actuales son como la mitad del 'potrerito'. En 1905 un acuerdo de la Alcaldía de Bogotá limitó los linderos desde el río Arzobispo hasta la calle 84.
Hoy en día en el jardín Instituto Goethe, y antes la embajada de la RDA, reposa un histórico mojón que hace honor a dicha frontera (ver foto).

En el gobierno de Rojas Pinilla se creó el Distrito Especial y la frontera se amplió hasta la calle 100 y desde los Cerros hasta la Avenida Caracas, que es la que hoy mantenemos como Chapinero.

El chapineruno nato siempre se caracterizó como rural hasta el 9 de Abril de 1948, cuando los bogotanos huyeron despavoridos de los destrozos del 'Bogotazo' y Chapinero creció de una forma impresionante.

La vida de Chapinero era tranquila, amable y todo el mundo se conocía con los vecinos, había mucho sentido de pertenencia del chapineruno con su comunidad.

Recuerdo que, por reglas de tránsito de la época, las carreras tenían prelación de vía sobre las calles y el conductor que cruzara la calle sin hacer el pare obligado era muy mal visto. Uno tenía que pasar por la pena de la recriminación de los peatones y demás trafico.

Hoy, a pesar de los signos PARE, esto es un caos total. Hacer contravía en esa época era un pecado mortal, hoy en día es el pan nuestro y lo peor es que a muy pocos les importa.
Qué diría el gaditano zapatero llamado Antonio Hero Cepeda si viera lo diferente que está su 'potrerito'. 

Julio Ríos Romero

Reportero Ciudadano EL TIEMPO ZONA

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