En Briceño (Sopó), la educación no tiene edad

En Briceño (Sopó), la educación no tiene edad

Los días lunes, martes y jueves la Institución Educativa Departamental Rafael Pombo, ubicada en Briceño (Sopó), abre sus puertas de manera especial.

27 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

A las 6:00 p.m., recibe a los estudiantes de la "nocturna", niños que quieren aprender y que por problemas  económicos, en su mayoría, no lo han podido hacer;  y ancianos que quieren ser ejemplo de superación.

Ana Lucía Segura es la rectora encargada de las jornadas del colegio en la mañana y en la noche. Ella asegura que el trabajo que realiza  hasta las 10 de la noche es quizás uno de los más gratificantes que haya podido ejercer.

Ana Lucía se refiere a sus estudiantes con un infinito respeto y resalta las ganas de aprender de todos. Ella dice, sin embargo, que no son muy constantes, pues la mayoría trabajan y tienen familia.

Ofelia Velandia, de 35 años, estudiante del grado noveno, trabaja en el parque Jaime Duque y está en la nocturna porque aspira a un trabajo mejor y quiere irse del país. Ella dice que ya se dedicó bastante a sus hijos de 17 y 18 años y que ahora es momento para pensar en ella y estudiar. Su meta se cumplirá no solo cuando tenga su titulo de bachiller sino cuando se vaya de Colombia.

Al salir de bachillerato, la mayoría de los estudiantes aspiran a estudiar lo que les gusta. Andrea Espinosa, de 19 años, quiere estudiar manualidades, o algo relacionado. Ella divide su tiempo entre hacer el aseo en una construcción, y cuidar  a su hijo a quien  vio nacer cuando tenía 16 años. Su familia la apoya,  pues la quieren ver como toda una bachiller.

No todos están ahí por superación personal. Algunos están por requisito empresarial. A Santos Gómez se le convirtió  el requisito de su empresa en un reto, pues un día la psicóloga se dirigió a los trabajadores para comunicarles la exigencia  de  que todos tenían que ser bachilleres. Cuando ella estaba dando su discurso, excluyó a Santos y a otro compañero, pues ya eran bastante mayores y no era necesario.

Sin embargo, Santos, de 67 años, entró a estudiar y ahora se encuentra en la primaria fundamental. Lleva 3 meses y asegura que al principio su familia no lo apoyaba pero que ahora que lo ven "ya casi superado" sí le brindan mucha energía para que continúe. Su meta,  por el momento,  es terminar el año para demostrarle no solo a la psicóloga de la empresa, sino a  él mismo,  que sí  se  puede aprender.

El programa instruye en biología, español, ingles, álgebra, educación física, sociales y sistemas para bachillerato,  y con las fundamentales para primaria.

Para Luz Borja, matemáticas es su preferida. Ella es una joven de 21 años que trabaja de interna en una casa de familia. Estudió hasta segundo de primaria en Carepa (Antioquia). Ella comparte el deseo de terminar y aprender junto con su hermana,  quien va en el mismo salón de la primaria fundamental.

La situación económica también es un factor que los  lleva a  integrar el curso nocturno que brinda la institución, como es el caso de Johanny Andrés, de 16 años, quien quería estudiar en el colegio La Industrial,  De Zipaquirá,  pero su papá se negó ya que le pareció muy caro.

Entonces,  ingresó a la nocturna. Cuando salga de allí quiere ingresar a la universidad y estudiar algo relacionado con la mecánica, pues,  según él, lo apasiona.

Para todos los estudiantes es una oportunidad enorme estar aprendiendo, pero también lo es para los profesores. Según Daniel Hernández, docente de español, aprende cada día más de sus estudiantes. "Es un 'relax', yo la paso genial",  afirmó  a Código de Acceso el maestro,  quien es un profesor dedicado que ve en este espacio una oportunidad para crecer como persona.

La meta para  muchos es seguir con sus estudios sin importar el sacrificio. Para las directivas,  en especial para la rectora, es una alegría ver graduada una promoción. Espera que esta satisfacción sea cada vez más grande y mejor, como la que le causó un anciano de 81 años que se graduó en el 2006, siendo un ejemplo claro de superación personal . Porque una vez más se demuestra que la educación no tiene edad.

JUANITA RAMOS ARDILA
Código de AccesoVIII

 

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