Rienda corta

Rienda corta

En su viaje a Nueva York, el Presidente dejó claro que la mediación de Chávez, Sarkozy y compañía tiene límites.

26 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

El presidente Álvaro Uribe Velez llegó molesto a Nueva York. Entre pecho y espalda llevaba dos cruces que durante días le habían hecho difícil la respiración. En primer lugar, estaba la percepción -errada según sus más cercanos asesores-, de que el control sobre el intercambio humanitario se le había salido de las manos y de que su suerte ahora reposaba en las gestiones de dos de sus más enconados detractores a quienes él mismo había comisionado para la tarea: la senadora Piedad Córdoba y el presidente venezolano Hugo Chávez. La molestia se agudizó el domingo después de las declaraciones del ex presidente Andrés Pastrana, que lo acusaba de entregar la soberanía del país a jugadores externos y con intenciones no tan santas.

En segundo lugar, y quizá más doloroso aún, era que las Farc, sin mover un dedo -salvo el del gatillo- sacaba provecho de la situación y recuperaba el espacio político nacional e internacional que tanto trabajo le había costado arrebatarles.

Muy temprano el martes, y tras despejar su cabeza con una trotada por el Central Park en compañía del canciller Fernando Araújo, Uribe decidió corregir un rumbo que, insistían sus asesores, nunca se había perdido.

El escenario no podía ser mejor. Estaría cuatro días en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas, vitrina máxima para la diplomacia mundial, y participaría en otros eventos relacionados, como la Iniciativa Global Clinton que, desde hace tres años, coincide con el foro de la ONU.  Allí, no sólo se entrevistaría cara a cara con pesos pesados como el presidente francés Nicolas Sarkozy, sino que daría varios discursos y dictaría conferencias en los principales centros de pensamiento del país que le permitirán pasar a la ofensiva.

Su estrategia de comunicaciones dejó claro que pensaba sacar el máximo provecho de las circunstancias. El miércoles, por ejemplo, en lugar de su habitual reunión con las juntas directivas de diarios como The New York Times o The Wall Street Journal, dedicó cuatro horas a entrevistas con las principales agencias de noticias del mundo -AP, EFE, Reuters y AFP- con el propósito de difundir el mensaje por los cinco continentes. El tono lo fijó el martes muy temprano en la mañana ante un grupo de periodistas que lo esperaba en la residencia de la Embajadora ante la ONU, Claudia Blum. No sólo insistió en sus dos "inamovibles" frente al intercambio -no al despeje y no a la excarcelación de guerrilleros para que vuelvan a delinquir-, sino que añadió un tercero: que las Farc no aprovechen la buena voluntad del Gobierno y de otros países para posicionarse políticamente, como lo han venido haciendo. En otras palabras, dice un asesor de Uribe, el Presidente le puso un límite temporal a los esfuerzos de mediación. "Lo que Uribe no quiere es que esta milonga siga y siga sin que se den resultados, mientras las Farc se benefician con su exposición -sostiene el asesor-. Si esto no avanza, se acaba".

Ajustes

El Presidente también aprovechó el momento para exponer ante sus múltiples interlocutores la doble moral de las Farc. El Gobierno, les dijo a todos, pero especialmente a Sarkozy, está dando los pasos necesarios y sugeridos. Mencionó la liberación de más de 150 guerrilleros y de uno de los peces gordos de las Farc, Rodrigo Granda, lo mismo que la promoción de las gestiones de personas como Chávez y Córdoba no obstante sus diferencias, y planteó un interrogante: ¿cómo pagan las Farc? Asesinando a los 11 ex diputados del Valle del Cauca y a un candidato a la Alcaldía de Villa Rica, Tolima. "Abran los ojos, no se dejen engañar -les dijo-. No es la primera vez que las Farc engañan". Fue el mismo mensaje que repitió durante su intervención en la plenaria de la Asamblea General.

La segunda jugada de Uribe en su gira por Nueva York fue salirle al paso a otro problema que venía cocinándose. Durante el fin de  semana pasado había recibido varias llamadas de congresistas de Estados Unidos que le pidieron el aval para asistir a la cita de Caracas tras la invitación que les hizo Chávez y que les trasmitió Piedad Cordoba. En entre esas llamadas estaban las de los demócratas Gregory Meeks, Jim McGovern y Bill Delahunt, que representan a un grupo de siete legisladores que en marzo se habían ofrecido como facilitadores.

Era una solicitud de doble filo que no sólo le elevaba aún más el perfil a la reunión con Raúl Reyes sino que comprometería doblemente a las Farc. La respuesta de Uribe fue más bien salomónica: que vaya una delegación de EE.UU. pero bipartidista para que se refleje una visión de Estado frente a Colombia y no sólo la de un partido. Falta ver si hay republicanos que quieren subirse a ese bus que maneja Chávez, su enemigo público número dos después del líder iraní Mahmoud Ahmadineyad. 

De acuerdo con el presidente Uribe, la secretaria de Estado Condoleezza Rice, con quien discutió el tema, no puso objeciones. Si van los republicanos, serán una voz de equilibrio en una reunión que, de lo contrario, estaría dominada por sus opositores y que, según Chávez, servirá para hablar hasta de política regional con las Farc.

El intercambio no es para Uribe un tema de vanidades o de quién se gana el premio Nobel de Paz sino de obtener la liberación de los secuestrados, pero siempre y cuando eso "no comprometa los intereses superiores del Estado". En ese sentido, la intervención de Estados Unidos podría ser otra garantía.

El último ajuste que le hizo el Presidente a su estrategia en Nueva York fue aclarar que a su Gobierno no quiere que le devuelvan a Simón Trinidad  y a Sonia, los dos guerrilleros de las Farc que fueron extraditados y condenados en Estados Unidos. Y la razón es simple: es cosa juzgada y es poco probable que ese país haga una concesión semejante así esté de por medio la liberación de tres ciudadanos suyos. No obstante,  si este tema se mete en la mesa el acuerdo podría complicar aún más las cosas.

Palabras más, palabras menos, el presidente Uribe dijo que la expectativa ahora está puesta en la reunión programada para el 8 de octubre en Caracas. Pero también en el comportamiento de las Farc durante el proceso. "Si ellos comienzan a poner bombas o asesinar a inocentes, el Presidente no dudaría en dar marcha atrás", dijo un asesor presidencial. Uribe está convencido de que así como abrió la puerta, también puede cerrarla, no importa que de por medio estén Sarkozy, Chávez y compañía.  

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