Los colombianos valoran más las 'palancas' que el trabajo duro, revela sondeo en 4 ciudades

Los colombianos valoran más las 'palancas' que el trabajo duro, revela sondeo en 4 ciudades

La Universidad de los Andes y la firma de investigación de mercados Invamer dieron a conocer los primeros resultados de una encuesta que pretende desnudar la mentalidad nacional.

22 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

El sondeo, aplicado a mil adultos de las áreas metropolitanas de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, indagó sobre las preferencias sociopolíticas, las opiniones acerca de la justicia y las percepciones de bienestar, entre otras cuestiones.

Las cifras más contundentes salieron de los temas sociales. Nueve de cada diez personas consultadas piensan que la riqueza está distribuida injustamente. Ocho de cada diez opinan lo mismo de las oportunidades.

En consecuencia, valores como el trabajo duro (sinónimo de éxito en países como E.U.) palidecen frente a factores aparentemente más efectivos, como las conexiones. Mientras que el 74 por ciento está de acuerdo en que el éxito depende de las palancas, apenas el 63 por ciento se lo atribuye al esfuerzo personal.

Pobres a pesar de sí mismos

Ante este panorama, calificado por los responsables de la encuesta como "sombrío", no sorprende que la mayoría considere que los pobres lo son por circunstancias ajenas a su voluntad. No obstante, uno de cada tres cree que la pobreza se debe a la falta de esfuerzo.

Y a pesar de la percepción de injusticia social, sobre la que hay consenso en todos los estratos, seis de cada diez entrevistados contestaron que en este país es posible nacer pobre y morir rico.

Para su análisis, el decano de la Facultad de Economía de Los Andes, Alejandro Gaviria, y el gerente de Invamer, Jorge Londoño, dividieron la muestra en cinco grupos iguales, según el nivel económico.

Cuando a los entrevistados se les propuso el ejercicio de comparar su posición social con la de sus padres, solo los más pudientes (grupos 4 y 5) se ubicaron en un plano superior. Esto contrasta con el optimismo general a la hora de pensar en el futuro: en los cinco grupos es mayoritaria la idea de que los hijos gozarán de un nivel más alto.

"Más que una medición absoluta (si los papás tenían más propiedades, por ejemplo), nos interesa la movilidad relativa. Las condiciones materiales pueden haber mejorado en las últimas décadas, pero eso no implica que la gente ocupe hoy peldaños más altos que los de sus padres", aclara Gaviria.

A esa sensación de estancamiento -o retroceso, en el peor de los casos- se le suma la ambivalencia respecto del sistema económico. La mitad de los encuestados está de acuerdo con el capitalismo, mientras que el 41 por ciento lo rechaza. El 9 por ciento restante no se decide.

"La palabra 'capitalista' sigue teniendo connotaciones peyorativas", admite el ex subdirector de Planeación, quien no descarta cambiar el término 'economía capitalista' en futuros sondeos por uno con menor carga ideológica, como 'libre mercado'.

Cuando se pregunta por las privatizaciones, el apoyo es minoritario (46 por ciento). En cambio, es mayoritario cuando se plantea si el Estado debe promover la inversión extranjera (72). La sintonía con esta clase de iniciativas crece a medida que aumenta el nivel económico. Por ejemplo, dentro del 20 por ciento más rico las privatizaciones registran una aprobación cercana a los 60 puntos, más de 20 por encima de lo que alcanzan entre los más pobres.

En cuanto a algunos de los problemas más graves del país, como el narcotráfico, la guerra y la impunidad, las opiniones coinciden con las preferencias económicas: los menos adinerados anhelan un Estado poderoso, que intervenga y resuelva todo. A medida que se asciende en la pirámide social, parece haber más confianza en el mercado que en el sector público.

Muestra de ello es la pregunta sobre la legalización de la droga, idea rechazada por el 78 por ciento de los entrevistados. En el grupo de menores recursos, la apoya el 9 por ciento, cifra que se dispara al 40 en el 'estrato' más alto.

"Puede ser que este fenómeno refleje distintos grados de conocimiento del tema, así como una preferencia por soluciones de mercado a un problema social por parte de las personas más ricas, que son las que más apoyan las manifestaciones capitalistas", explica el estudio. Pero también se relaciona con otra de las conclusiones derivadas de la encuesta: los más humildes le apuestan a una justicia severa en un porcentaje mucho mayor que las élites.

Londoño admite que los pobres se inclinan por un Estado menos liberal -no es gratuito que el populismo suela ser autoritario, dice-, pero anota que los sondeos que ha hecho durante los últimos años muestran que, sin importar el estrato, los colombianos prefieren la seguridad a las libertades individuales.

El ejecutivo de Invamer confía en que este sondeo, llevado a cabo entre abril y agosto a razón de 200 personas mensuales, sea permanente.

Dependerá de los recursos, le responde Gaviria. Mientras tanto, queda en la mente la imagen de un colombiano que está convencido de que vive en un país injusto, y que contrarresta su sensación de estancamiento y su impotencia con la ilusión de un futuro mejor.

¿Quiere saber qué tan feliz es? Fíjese en su cédula

En concordancia con sondeos anteriores, como la Encuesta Colombiana de Valores, el de Invamer y Los Andes muestra que, pese a la infinidad de problemas que padece el país, la inmensa mayoría se siente satisfecha con la vida: nueve de cada diez entrevistados expresaron algún grado de satisfacción, y apenas uno se declaró insatisfecho.

"No pensé que la máxima de 'Pambelé' fuera a ser tan evidente en los resultados", bromeó Alejandro Gaviria al referirse a la relación directamente proporcional entre el grado de satisfacción y el nivel socioeconómico.

Mientras que solo dos de cada diez personas pertenecientes al grupo más humilde de la muestra se declararon muy o bastante satisfechas con sus vidas, más de la mitad del grupo más pudiente hizo lo propio.

Cuando se discrimina por sexo o estado civil, no hay diferencias significativas. Hombres, mujeres, solteros y casados parecen igualmente propensos a la felicidad.

En cuanto a la edad, la cosa es a otro precio. La satisfacción (mucha o bastante) alcanza su grado máximo entre los 18 y los 24 años (46 por ciento), empieza a disminuir de los 25 a los 34 y alcanza su mínimo entre los 35 y los 44 años (28 por ciento). Luego sube hasta acercarse al 40 por ciento en las personas de 55 o mayores.

El porqué de la satisfacción

Para el economista Camilo Herrera, quien dirigió la Encuesta de Valores del 2005, más importante que establecer los niveles de satisfacción relativa de la población es tratar de responder por qué los colombianos se sienten tan felices.

Según él, la respuesta podría estar precisamente en todas esas disfunciones nacionales que hacen prácticamente increíble el dato de que Colombia es uno de 'los países más felices'.

"Hay lugares de nuestra geografía donde llegar vivo a casa es motivo de felicidad -argumenta Herrera-. Realidades como esta podrían estar bajando nuestros umbrales de satisfacción. No es gratuito que los primeros lugares del listado de países más felices, que se construye a partir de la Encuesta Mundial de Valores, sean ocupados por naciones en desarrollo, como Croacia y Colombia, cuyos habitantes han soportado o siguen soportando un gran sufrimiento".

Ficha técnica de la encuesta

  • Universo: hombres y mujeres de 18 o más años, de estratos 1 a 6.
  • Sistema de muestreo: aleatorio sistemático a partir de bases de datos telefónicas. Establecimiento previo de cuotas por ciudad y estrato.
  • Tipo de entrevista: telefónica.
  • Margen de error: 4 por ciento.

berbej@eltiempo.com.co

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