La ronda Chávez

La ronda Chávez

Camilo González explica porque del entusiasmo por el encuentro de Uribe y Chávez se pasó a la cruda realidad de las vueltas y revueltas y a los obstáculos de alto calibre.

19 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

POR CAMILO GONZÁLEZ,
presidente de INDEPAZ.

ALGO TIENE que salir de Caracas, dicen todos los opinadores ahora que se esperan noticias de la cita del presidente Chávez y los delegados de las Farc o de las conversaciones entre el alto comisionado de Paz,Luis Carlos Restrepo, y Pablo Beltrán, vocero negociador del Eln. En donde existen  cálculos distintos es en el contenido de ese "algo" como lo revelan expectativas convertidas en interrogantes: ¿les llegó la hora a los acuerdos humanitarios?, ¿Chávez le dará el empujoncito al llamado Acuerdo Base?, ¿se abrirá no sólo la agenda humanitaria sino otra de diálogos de paz?

Del entusiasmo que rodeó el encuentro de Hatogrande entre los presidentes de Colombia y Venezuela, en cuestión de semanas se ha pasado a la cruda realidad de las vueltas y revueltas. La invitación a Marulanda para una conversación en directo se estrelló primero con el anuncio de que el jefe de las Farc no va a Caracas y luego con la negativa desde el Palacio de Nariño a un viaje del presidente Chávez a la selva profunda colombiana para hacer su gestión. Así que los delegados de las Farc escucharán a Chávez  y tendrán que decidir si se sientan en Caracas a iniciar conversaciones con el comisionado Restrepo o retornarán a la tesis de solo hablar del canje cuando se acepte retirar a la Fuerza Pública de Pradera y Florida. 

Las declaraciones de Raúl Reyes saludando la injerencia de Hugo Chávez han dado para pensar que el primer logro sería una ruta que comience con acuerdos sobre el llamado intercambio humanitario en diálogos directos en Venezuela y una primera cuota de liberación tramitada en una zona de seguridad y paz en Colombia. Sin embargo, del dicho al hecho son grandes los obstáculos que hay que remover, comenzando por aclarar los "inamovibles" enunciados  de parte y parte: nada de despejes, ni libertad a condenados por delitos atroces, ni retorno a las armas de los guerrilleros que pueden ser liberados, dice Uribe. Nada de restricciones a los liberados e inclusión de Trinidad y Sonia en la lista del canje, dicen las Farc.

Los tiempos políticos en Venezuela no le permiten al presidente Chávez prolongar las rondas de Caracas al estilo de las ocho realizadas en La Habana entre el Eln y el Gobierno. Los analistas le están apostando a una primera fase, antes de seis meses, en la cual se logre la libertad de Emmanuel y su madre Clara Rojas, enfermos y adultos mayores, y de un grupo de cuadros de las Farc actualmente en cárceles del Estado. Pero incluso este escenario  se complica porque al tema humanitario le siguen metiendo asuntos políticos y militares de alto calibre, como la pretensión de las Farc de lograr un reconocimiento de beligerancia. O la propuesta de Chávez de irse con Sarkozy para el Caguán a ver si pasa algo, lo que puede ser un salto al vacío si no se definen compromisos previos.

Acuerdos y cálculos militares

Parece más probable la firma del Acuerdo Base entre el Eln y el Gobierno que, como afirmó el Defensor del Pueblo en La Habana, su contenido es un acuerdo humanitario que permitiría la libertad de un centenar de secuestrados, acciones de desminado y el trámite de una agenda humanitaria sobre desplazados y desaparecidos en el Consejo Nacional de Paz. Del texto trabajado en La Habana sólo falta que se convenga una fórmula de verificación del cese de las hostilidades y que no se contemple en esta etapa la concentración de los efectivos guerrilleros, ni la identificación de los integrantes de las redes rurales y urbanas, tal como ha exigido el presidente Uribe. 

Un año de prueba, con medidas efectivas de alivio a la población y a las víctimas, no sólo sería ganancia neta en el campo humanitario, sino que obligaría al Eln a definiciones de fondo con relación a la llamada Convención Nacional y a la firma de un pacto definitivo de paz que incluya terminar la acción armada y desmantelar cualquier estructura ilegal.

Pero este acuerdo con el Eln, que hace un año fue calificado de más fácil y cercano, hasta la fecha ha chocado con las ilusiones del Alto Comisionado que parecería inclinado a no firmar un acuerdo de peso liviano con la idea de esperar más desgaste del Eln para obligarlo a un pacto mayor y con dinámica irreversible desde la primera fase. Los elenos tampoco parecen  tener prisa y la permanencia de la mesa de diálogo sin pactos les permite mantener una tribuna y manejar sus tensiones internas.

Así las cosas, la paz se ve todavía remota y los acuerdos humanitarios más cercanos pero todavía atrapados en los cálculos militares. El drama no se puede ocultar detrás de las noticias sobre citas frustradas o textos por firmar.

Tragedia humanitaria

El homicidio de los 11 diputados secuestrados por las Farc y el duelo nacional al lado de sus familias han vuelto a sensibilizar a los colombianos, como se mostró el 5 de julio en las manifestaciones de más de 500.000 personas en las principales ciudades y en la acogida al profesor Gustavo Moncayo en su marcha desde Samaniego a Bogotá.

Cuando se habla de acciones humanitarias y dentro de ellas de acuerdos y compromisos unilaterales, se está hablando de una realidad que golpea brutalmente a la sociedad en todos los estratos. Las directoras de País Libre, Olga Lucia Gómez, y de ASFADES, Gloria Inés Gómez, en el lanzamiento del Voto por la Libertad, la Paz y los Acuerdos Humanitarios, el pasado 13 de septiembre, hacían su convocatoria en nombre de 23.000 víctimas de secuestro en los últimos 10 años y de 15.000 desaparecidos forzados que figuran en las listas y que no incluyen otros 13.000 no identificados en fosas comunes. En Acción Social están registrados 2,5 millones de desplazados. Cerca de 100.000 homicidios en medio del conflicto armado -80% civiles inermes- han dejado cerca de 120.000 huérfanos y más de 30.000 viudas.

La reducción de algunos indicadores desde 1999, cuando se inició el quiebre en la tasa de homicidio y secuestro, no oculta la gravedad de la tragedia humanitaria que sólo en los últimos cuatro años ha significado un millón de víctimas. Como afirmaba monseñor Henao en la Semana por la Paz, esta realidad atroz no puede cubrirse con indiferencia.

El país espera que las conversaciones que se anuncian en Caracas en dos escenarios distintos ofrezcan resultados y no nuevos argumentos a la guerra sin fin. Lo más próximo es el Acuerdo Base con el Eln que está en la puerta del horno. Y lo ideal -hay que decirlo aunque soñar puede costar desilusiones- es esperar que la mediación de Chávez con Marulanda ponga la cuota inicial hacia la paz. Amanecerá y veremos.  

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