Ong y crisis de credibilidad

Ong y crisis de credibilidad

Antonio Albiñana analiza los aspectos que han llevado a las más importantes ONG del mundo a revisar su movimiento.

19 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

POR ANTONIO ALBIÑANA,
periodista y analista internacional.

LA CREACIÓN y el desarrollo a escala planetaria de las Organizaciones no Gubernamentales supuso uno de los fenómenos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Pero su misma extensión y poder, aunadas a una serie de corrupciones y confusión en el seno del movimiento, están a punto de "matarlas de éxito". Las más importantes ONG internacionales están planteándose una severa autocrítica.

 El fenómeno, de raíz anglosajona, empezó a extenderse a partir de los años 60 hasta adquirir un protagonismo absoluto en el activismo  social. Su fórmula Think globally, act locally renovó las formas de intervención con un gran apoyo entre los jóvenes y las gentes defraudadas de la política tradicional. Pero si bien sus redes aplican una flexibilidad que falta a los aparatos centrales de los partidos, por lo general sus estructuras no son democráticas y tienden a profesionalizarse y perpetuarse en sus cúpulas, creando una separación entre el voluntariado de base y los "núcleos duros".

 En 1942 nació OXFAM (Oxford Comité for Famine Relief), la más veterana, con la Cruz Roja. Amnistía Internacional, cuyos informes conmueven cada año a Gobiernos de todo el mundo, fue fundada en 1961 por un grupo de juristas como "Organización Mundial en Defensa de los Derechos Humanos". En la ola de oposición a la guerra de Vietnam, nació Green Peace en Vancouver, Canadá. 

 Pero a partir de los años 80 se asistió al sometimiento de las grandes ONG a las lógicas mediáticas. La capacidad para "emocionar" al público, destaca el analista Armand Mattelart, dicta en ocasiones los temas y los lugares de acción. Para recoger fondos, las ONG hacen uso intensivo de los métodos de persuasión de la "comunicación lucrativa" y otras técnicas, en lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llamó "El mercado mundial de la solidaridad" o el  "charity bussines".

 En  su funcionamiento ha ido primando el interés que muchas ONG tienen en la mercadotecnia y la publicidad para obtener mayor visibilidad. En algunos casos, en desafortunada mezcolanza de buena fe solidaria y ansia de protagonismo, multitud de organizaciones se precipitan sobre la misma causa humanitaria con la consiguiente confusión de la población beneficiaria. Sucedió, por ejemplo en 2004, cuando el tsunami arrasó el delta del Ganges. Centenares de ONG de todos los pelajes y procedencias se presentaron en la zona, hicieron colapsar aeropuertos e impidieron que las más expertas funcionaran con eficacia y prontitud.

 Por otra parte, en el panorama de la globalización, el tinglado de la "compasión solidaria" se organiza para atenuar situaciones de miseria, pobreza, problemas de salud, etc., sin ir a las causas reales de estas situaciones, provocadas en muchos casos por las multinacionales y algunas financiadoras de las ONG.

Con cualquier pretexto

 Como señala el sociólogo Vidal Beneyto, el "fulgor mediático de lo humanitario" sirve para todo. Para encubrir los intereses de los Gobiernos, para suplir lo que no hacen en la estrategia neoliberal de "cuanto menos Estado mejor", o para hacerse famoso y llegar a ministro, como en el caso del responsable francés de Exteriores, Bernard Kouchtner, autor del concepto "deber de ingerencia humanitaria", que inauguró en Biafra en 1968. Francia, con la hipocresía de las potencias coloniales, proporcionaba con una mano médicos y medicinas, mientras que con la otra, Jacques Foccart, uno de los personajes más turbios del gaullismo, aportaba armas y mercenarios. Allí diseñó Kouchtner la ONG Médicos sin Fronteras, aunque al parecer es falso que ejerciera  personalmente como médico en aquel territorio. Su oportunismo le ha llevado, incluso, a lo que se ha denominado  "indignación selectiva" al apoyo a  la invasión de Iraq.

 Voluntarios y militantes de ONG que han aportado víctimas por su acción humanitaria, por ejemplo en Colombia, asisten con estupor al surgimiento de organizaciones con la misma fachada formal, montadas por los paramilitares para perpetuarse en sus zonas de influencia y recibir ayudas oficiales.

En otros países están directamente organizadas por los militares, como sucede en Myanmar (antigua Birmania) con la Federación de Mujeres, montada por las esposas de los generales que dirigen la Junta Militar birmana para erosionar el prestigio de la Premio Nobel de Paz,  Aung San Suu Kyi, que lleva 18 años detenida.

 Los  últimos escándalos acaban de estallar en España. Una de las más potentes ONG, Intervida, dedicada al apadrinamiento de niños del Tercer Mundo y que ha recibido las aportaciones de más de 300.000 personas, acaba de ser acusada en la Fiscalía por el desvío de unos 200 millones de euros  -más de 500.000 millones de pesos- a inversiones al servicio de sus directivos.

 Por su parte, el presidente de otra de las ONG más importantes, ANESVAD (A Nuestros Enfermos Servimos Viendo a Dios), con 160.000 socios, está en la cárcel por corrupción y su tinglado fue intervenido judicialmente a finales de julio.

 P. Mejía, que impulsó algunas de las más decisivas campañas de movilización social en los últimos años en España, acaba de denunciar desde las páginas de El País de Madrid,  la existencia de ONG montadas en Europa por empresas que violan los Derechos Humanos de los países del Sur.

 Escenarios tan preocupantes han llevado a algunas de las principales ONG del mundo a plantearse una revisión general, que incluye un Código de conducta y transparencia, en procura de garantizar su legitimidad ante la opinión pública y los donantes, y que fue presentado hace algunos meses en Londres. Para algunos de los activistas más veteranos se impondría incluso renunciar a la denominación ONG, para salirse de un batiburrillo cada vez más confuso de organizaciones que erosiona la credibilidad de organizaciones más honestas y de sus voluntarios de base que, en  algunos lugares como Colombia, ejercen en su inmensa mayoría un heroísmo cotidiano en defensa de la paz y los Derechos Humanos.  

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