Caldo de cultivo

Caldo de cultivo

Aumentan los casos de malaria por el calor, la falta de prevención, la violencia y el difícil acceso a los medicamentos.

18 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

LA TIERRA SE ESTÁ calentando y la comunidad científica tiene prendidas las alarmas, pues cada vez hay más evidencia de que las altas temperaturas contribuyen a la aparición de brotes de malaria porque aceleran el ciclo vital del parásito dentro del mosquito Anofeles y en estas condiciones los casos pueden aumentar entre 40 y 50%.

Esto fue lo que ocurrió entre 1997 y 1998 cuando el mundo experimentó el fenómeno de El Niño. En las zonas cálidas aumentaron los brotes de la enfermedad porque la temperatura subió de 24 a 27 grados y, como señala la entomóloga Martha Lucía Quiñones, profesora del departamento de Salud Pública de la Universidad Nacional, "a 27 grados los mosquitos sobreviven más y mejor, y reducen el tiempo de emergencia de 15 a 11 días, lo que explica la mayor incidencia y propagación de la malaria". Un caso que sirve de ejemplo es el de Nuquí, Chocó: en ese año los casos de paludismo pasaron de 10 a 100 por cada 1.000 personas.

Según el Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales de la Universidad de Antioquia, Pecet, cada año se diagnostican 140.000 casos de malaria, pero ellos sostienen que es el doble. El 60% de los casos es producido por el Plasmodium vivax, que es de cuidado pero menos letal que el Plasmodium falciforum, y las zonas más afectadas son las que están por debajo de los 1.000 metros: Amazonia, el Pacífico, la Orinoquia, Urabá y las riveras de los ríos Cauca y Sinú.

Y en cuanto al número de muertes causadas por el mal, el Ministerio de Protección Social, indica que el paludismo causa la de 57 personas al año, pero hay quienes sostienen que son más pero que no son reportados porque ocurren en zonas donde la gente no tiene acceso a servicios de salud.

Pero lo más grave del calentamiento global es que está propiciando la creación de nuevas zonas maláricas, incluso en zonas frías antes libres del mal, donde los mosquitos que lo transmiten encuentran un medio adecuado para sobrevivir. Esto explica en parte por qué hoy hay más casos de paludismo en el país que hace 20 o 30 años. Según un artículo de María V. Valero-Bernal, La Malaria en Colombia: una mirada retrospectiva, en 40 años el riesgo de sufrir malaria ha aumentado 25 veces.

El incremento de los casos, un mal endémico en Colombia, no se explica solamente por el clima.

Antes se creía que al fumigar los hogares con DDT se erradicaba el mosquito, pero las investigaciones demuestran que el mosquito se volvió resistente y que los medicamentos que se usaban para tratarlo ya no funcionan. "Siguen apareciendo parásitos, las vacunas aún no son efectivas y la malaria, como la gripa, se está volviendo resistente a  los medicamentos", sostiene el doctor Sócrates Herrera, director del Instituto de Inmunología del Valle y quien que lleva 25 años investigando para desarrollar una vacuna contra la enfermedad.

A este problema se suma la violencia que ha impedido el ingreso de los fumigadores y la presencia de personal médico en algunas regiones. "No hay acceso a esas regiones en donde seguramente hay gente enferma -asegura la doctora Quiñones-. Los médicos ya no van a las áreas rurales y por eso la cobertura es apenas del 50%".

Además, como consecuencia de la violencia, el desplazamiento es un fenómeno que explica la transmisión de la enfermedad a lugares donde antes no existía.  "Si una persona se va con el parásito en la sangre a otra región donde haya presencia del vector transmisor y éste la pica, puede generarse un brote epidemiológico muy fácilmente", explica la científica.

Para completar el cuadro, el sistema de salud pública está afectado por problemas de corrupción, los servicios no llegan o son de baja calidad, no hay programas de prevención y control y además los medicamentos no son de fácil acceso precisamente en aquellas regiones donde son más necesarios. "El suministro de medicamentos es insuficiente o tardío y es difícil de acceder a la quinina venosa que es uno de los más tratamientos más efectivos", sostiene la doctora Silvia Blair, directora del grupo de malaria de la Universidad de Antioquia y coautora del libro Plantas antimaláricas de Tumaco.

Pero los investigadores colombianos no descansan. Un grupo de científicos de las universidades Nacional y de Antioquia recibió este año una mención de honor de la Fundación Alejandro Ángel Escobar por la creación de un Sistema de Alerta Temprana para la Malaria. Un trabajo que partió de la tesis doctoral de Germán Poveda, investigador de la facultad de Minas de la Universidad Nacional en Medellín, centrada en la incidencia de los fenómenos de El Niño y La Niña sobre el clima y la hidrología en Colombia, también premiada en su momento por la Fundación.

Los investigadores desarrollaron un software con información sobre malaria y su relación con el clima en el país  y su objetivo es que sirva de herramienta a las autoridades de salud para prevenir y controlar la enfermedad.

Por otra parte, hay un proyecto cuya meta es reducir 70% la malaria en las fronteras con Venezuela, Perú y Ecuador, y el Instituto Nacional de Salud está dando los primeros pasos para desarrollar un plan que permita contrarrestar los efectos del cambio climático en relación con el dengue hemorrágico y la malaria. La investigación científica al servicio de la salud de colombianos.  

LA VACUNA

Desarrollar una vacuna contra la malaria es objetivo de muchos investigadores que enfrentan el problema de la financiación, difícil porque se trata de un mal que afecta a países pobres en los que la industria farmacéutica muestra poco interés.

Pero hay luces en el camino. Un equipo de científicos británicos y estadounidenses decodificó el genoma de la malaria, algo así como una carta de navegación que ayuda a entender el comportamiento del parásito que se transforma varias veces durante su ciclo vital: la primera, cuando el mosquito hembra del Anofeles pica a un ser humano contagiado y el parásito pasa al intestino donde sufre múltiples cambios; la segunda, cuando este insecto vuelve a picar a otra persona y ahora el parásito pasa al hígado del receptor donde es casi imposible saber qué sucede. Finalmente, cuando entra al torrente sanguíneo de este último, donde sufre otro proceso en los glóbulos rojos. 

En Colombia, el doctor Manuel Elkin Patarroyo desarrolló una vacuna que en un principio dio resultados, pero que después mostró una eficacia relativa, sólo 30%.

En 2003, científicos de la Universidad de Oxford, Reino Unido, anunciaron que en probarían al año siguiente en humanos una vacuna que les dio buenos resultados en ratones de laboratorio.

En 2004, científicos españoles aplicaron una vacuna a 2.000 niños en Mozambique que logró disminuir en 30% el riesgo de contraer la enfermedad.

En octubre de 2005, Bill Gates, gran donante en salud, anunció que su fundación destinaría 107,6 millones de dólares para el desarrollo de la vacuna. "Desde hace demasiado tiempo la malaria ha sido una epidemia olvidada", dijo el magnate.

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