¿Qué día ocurrirá el próximo terremoto en Bogotá?

¿Qué día ocurrirá el próximo terremoto en Bogotá?

La Dirección para la Prevención y Atención de Emergencias -DPAE- viene desarrollando una importante campaña sobre el riesgo sísmico en la ciudad.

17 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

La iniciativa ha generado un sinnúmero de preguntas, reacciones y hasta especulaciones. Entre estas, no han faltado quienes afirman que los científicos saben qué día va a ocurrir un terremoto, aunque no se atreven a decirlo para no generar pánico, pero que por esa razón se está adelantando dicha campaña.

Como Director que fui de la Oficina Nacional y del Sistema Nacional Para la Prevención y Atención de Desastres, durante los gobiernos de los Presidentes Virgilio Barco y César Gaviria, me han preguntado por qué en esa época comenzamos a promover el tema del riesgo sísmico en Bogotá y esa es la razón por la cual escribo la presente nota.

Todos sabemos que en 1985 murieron más de 20.000 personas en Armero debido a la erupción del volcán Nevado del Ruiz. Pero lo que no todos saben es que esa población murió sin saber lo que le podía pasar.

Como muestra de ello, el día de la erupción muchos habitantes habían puesto periódicos debajo de las puertas de las casas para que no se les entrara el agua en caso de que se produjera una inundación por el deshielo del Nevado. Pocos pensaban que el deshielo del Nevado podía producir avalanchas hasta de setenta metros de altura en algunos puntos y que, por tanto, estas podían pasar por encima de sus casas y seguir de largo, como realmente ocurrió.

Es decir, el país no les dio la oportunidad de actuar a tiempo, pues se hubieran podido salvar caminando tan solo 20 minutos hasta un lugar seguro, pues disponían de dos horas y media para ello, si se hubiera contado con un sistema de alertas tempranas.

Pero, aunque los científicos sabían lo que podía pasar, los políticos de ese entonces, con el argumento de que se iba a generar pánico, impidieron que se informara y organizara a la población para el caso en que sucediera una erupción. Los vulcanólogos no podían decir cuando ello podría ocurrir, pero si sabían que era muy probable que una avalancha se produjera en un cualquier momento.

Es decir que la gran injusticia que se cometió con la población de Armero consistió en no haberles informado lo que se sabía que podía ocurrir, pues en dos ocasiones anteriores el poblado había sido destruido por avalanchas, una de ellas mayor que la de 1985, aunque en esa época había muy poca población en la zona.

Por estas razones, cuando creamos el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres en 1988, entre las más importantes políticas que se definieron fue la de que entre las principales responsabilidades del gobierno estaba la de informar a todo el pueblo colombiano sobre los riesgos socio-naturales a los que estaba expuesto, con el fin de buscar medidas de prevención frente a esos riesgos y de prepararse para el caso en que ocurriera una emergencia o un desastre.

En desarrollo de esa política, en 1988 iniciamos una campaña masiva, a través de todos los medios de comunicación, para informar a la ciudadanía sobre los numerosos riesgos que existen en el país, sobre el qué hacer para prevenirlos y cómo actuar en el caso de un desastre.

Comenzamos hablando de los peligros de las erupciones volcánicas, de las inundaciones, de los deslizamientos, de los huracanes, de los incendios forestales, de las explosiones de productos químicos peligrosos, entre otros, y recibimos aplausos y felicitaciones porque nos dijeron eso era lo que necesitaba el país para que no se repitiera la tragedia  de Armero.

Sobre el riesgo sísmico

Sin embargo, en ese entonces nos sorprendimos cuando comenzamos a hablar de los terremotos, pues muchas autoridades y ciudadanos protestaron porque íbamos a crear pánico entre la población. Fue indispensable negociar con los que manifestaban su desacuerdo y acordamos trabajar el riesgo sísmico con mayor lentitud y delicadeza.

Por fortuna hoy en día ya no se asevera que se esté creando pánico cuando se habla de la posibilidad de un terremoto en cualquier parte del país. Mas aún, después de ocurridos los terremotos en el Eje Cafetero durante la década pasada, se reconoció que los daños ocurridos pudieron haber sido mayores de no haberse iniciado dicha campaña con años de anticipación.

En consecuencia, los trabajos de concientización sobre el riesgo sísmico no se han adelantado solamente en Bogotá, sino en todo el país, aunque debe reconocerse que las últimas administraciones de la Capital y muy especialmente la del Alcalde Garzón le han otorgado más importancia al tema de los riesgos que la mayoría de las administraciones municipales del país y quizás de Latinoamérica.

Debe tenerse en cuenta que no es Bogotá la única ciudad que enfrenta el riesgo sísmico, ya que más del ochenta por ciento de la población colombiana vive en áreas con amenaza de terremoto de nivel medio o alto. Nuestra capital está entre las áreas de nivel medio de amenaza, pero las vulnerabilidades que existen son muy altas.

Más de la mitad de las viviendas de la ciudad se construyó de manera informal, o sea sin la participación de ingenieros o arquitectos y por tanto sin tener en cuenta las normas de sismoresistencia. Además, una proporción importante de las viviendas está localizada en zonas de laderas inestables, que pueden sufrir deslizamientos cuando ocurra un sismo. A ello hay que adicionarle que Colombia sólo cuenta con normas sismorresistentes desde el año 1984, razón por la cual muchas otras edificaciones pueden estar mal construidas frente a la posibilidad de un terremoto.

Tampoco debemos olvidar que una de las leyes de la naturaleza es que allí donde ha ocurrido un terremoto debe esperarse que estos sigan repitiéndose. Bogotá ya ha sufrido al menos tres importantes en sus últimos doscientos veinte años y en los tres casos con daños graves.

Así que no debemos dudar que tendremos más terremotos en la ciudad, pero con la diferencia de que hoy día la ciudad es muchísimo mas grande que en ese entonces y lo más delicado es que las vulnerabilidades actuales son infinitamente superiores a las que existían cuando ocurrió el último terremoto destructivo en 1917. En esas condiciones, debemos esperar que en el próximo evento los daños sean mucho más graves que en las anteriores ocasiones.

Por ello es imperioso aceptar la necesidad de que la ciudadanía sepa que existe este grave riesgo en Bogotá, al igual que en muchas otras zonas del país, pero que nadie puede decir cuando ocurrirá el próximo terremoto. Puede ser mañana o en cinco, diez o veinte años, pero no hay que dudar que en el futuro tendremos más terremotos.

La ciencia en el mundo no ha avanzado lo suficiente para predecir las fechas en que pueden presentarse estos eventos. Por eso, lo peor es que la población se siente a esperar el próximo terremoto sin hacer nada porque no sabe la fecha exacta en que puede ocurrir.

Por el contrario, si queremos salvar nuestras vidas y las de nuestros hijos y nietos, esta enorme responsabilidad debería llevarnos a poner en práctica las recomendaciones preventivas y de preparación que nos están trasmitiendo las autoridades distritales.

Tampoco debemos olvidar que esta actitud de alerta de los bogotanos no debe ser solo frente a sismos. Necesitamos recordar que la ciudad está expuesta también a muchos otros riesgos, entre ellos deslizamientos, inundaciones, incendios y explosiones y que estos peligros pueden presentarse no sólo en nuestras viviendas, sino también en los sitios de trabajo o de estudio o en cualquier lugar por donde transitemos en la ciudad.

En este momento no me une ningún vínculo laboral con el gobierno distrital ni con el nacional, pero lo que no puedo es abandonar la responsabilidad que siento por haber tenido el encargo de dirigir la creación del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres y de impulsar las primeras campañas nacionales de prevención frente a riesgos socio-naturales, así como en la actualidad estoy promoviendo este tipo de organización y de información en varios países del continente.

Por ello, puedo manifestar con independencia mi complacencia con el hecho de que, sin generar pánico, podamos hablar sobre lo que debemos hacer los ciudadanos y el gobierno frente a futuros terremotos en la ciudad, partiendo de la certeza de que tarde o temprano volverán a presentarse como ya ha ocurrido en el pasado, aun cuando sea absolutamente imposible saber cuando ocurrirá el próximo sismo.

CAMILO CÁRDENAS GIRALDO
E
x director de la Oficina Nacional para la Prevención y Atención de Desastres.

Para mayor información remítase a www.conlospiesenlatierra.gov.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.