Historia de una mujer de 26 años que dejó la prostitución para convertirse en empresaria

Historia de una mujer de 26 años que dejó la prostitución para convertirse en empresaria

Empezó como trabajadora sexual por necesidad, cuando su familia en los Llanos Orientales fue acorralada por un grupo armado, y ella se vio en la obligación de mandarles dinero.

14 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Su trabajo como vendedora de tarjetas de crédito de un banco no le daba lo suficiente, así que acudió a la convocatoria de un clasificado del periódico en el que solicitaban damas de compañía.

"Mi mejor amiga trabaja con los paramilitares, otra es 'traqueta'. Yo pensé, al menos si yo me prostituyo no le hago daño a nadie, solo me hago daño a mí misma", recuerda.

Mary* viste una blusa anaranjada, unos jeans, zapatos tenis y tiene el pelo largo y negro. Su vida tuvo un cambio radical en el último año.

Antes era rubia, usaba lentes de contacto de colores, y siempre se mantenía bien peinada y maquillada, con mini falda o pantalón elegante, y tacones. "Decidí cambiar por dentro y por fuera. Ahora soy más natural", dice Mary, que estudia marroquinería en un programa del Distrito y que lucha por dejar la prostitución, que ejerce hace 3 años.

Antes trabajaba de 9:00 a.m. a 9:00 p.m. en un 'establecimiento reservado', en Chapinero, donde los clientes entraban a buscarla, y después se iba a una wisquería hasta las 3:00 a.m. Esa era su rutina, día tras día. "No me importaba trasnochar porque había noches que conseguía hasta $500.000".

Ahora sus días los dedica a su formación, estudia en las mañanas y, por dos semanas, ha estado vendiendo los bolsos y accesorios de cuero, hechos a mano por ella y sus compañeras, mujeres involucradas con situación de prostitución, en una importante feria que se realiza en la ciudad.

"A mí siempre me han gustado este tipo de accesorios", dice Mary, que es muy vanidosa y que también llevará sus productos a Expocreatividad, que se realizará el 29 y 30 de septiembre en la Plaza de los Artesanos (diagonal al museo de los niños)

Mary conoció sus derechos y posibilidades

Mary se enteró de estos cursos dictados por la Secretaría de Integración social, a los 23 años, cuando empezó a trabajar en el 'establecimiento'. "Me dijeron que para trabajar tenía que tener cédula, carné de la EPS y hacer un curso de promoción de derechos".

Mary hizo el curso por obligación, pero quedó muy satisfecha, porque además de enseñarle a cuidar su cuerpo y su salud, se enteró de qué derechos tenía y de una serie de servicios a los que podía acceder.

Pero la rutina de ponerse el 'baby-doll' para recibir a los clientes todos los días, tener que aguantarse borrachos, esconder lo que hacía delante de su familia y esclavizarse en el cuidado de su cuerpo "para vender más", la sumió en una profunda depresión, y en ese momento recordó que cuando hizo el curso le ofrecieron capacitación y ayuda psicológica.

"Yo no había ido antes porque la dueña del 'establecimiento' me decía que capacitarme no me iba a dar más dinero que la prostitución, y que por ir a cursos iba a dejar de trabajar", cuenta Mary, que hoy le da la razón a su jefa, pero que cree que vale la pena porque vive más feliz.

Después de recibir ayuda psicológica decidió capacitarse. Hizo el primer nivel en Marroquinería en la escuela de artes y oficios Santo Domingo, después siguió con otra capacitación y está próxima a empezar el nivel avanzado.

Ahora sabe fabricar bolsos de oficina, carteras de mujer, billeteras, cigarreras, cinturones y otros accesorios.

"Hoy mis amigas me dicen que me ven diferente, que me ven más contenta. Además les da envidia porque nos llevan a paseos y a desfiles", dice esta llanera que ahora sueña con tener una boutique de marroquinería hecha mano y con estudiar Derecho.

La mayoría de las compañeras de Mary en el curso de marroquinería son mujeres de estratos 1 y 2, con esposo e hijos, y con una situación económica más precaria que la suya. Por esto valora más la capacitación que recibe y dice que en el curso ha aprendido mucho de la vida y ha encontrado espejos que no quiere repetir. "Hay mujeres que a los 60 años todavía se prostituyen y que apenas saben escribir su nombre".

Mary contó con la suerte de terminar el bachillerato y eso le permite manejar mejor su dinero. "Las niñas con las que trabajaba se bajaban los cierres de las botas delante de mí para que yo les ayudara a contar la plata, porque ellas no sabían hacerlo".

Por eso, ella las aconseja y las invita a hacer parte de la cooperativa que conformó con sus compañeras de estudio con las que quieren ofrecer servicios que las alejen de esas noches tristes.

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente

Hay otras opciones

En los talleres de desarrollo personal que toman las mujeres en situación de prostitución les informan del proyecto 7310 de la secretaría de Integración Social, que busca darles posibilidades de inclusión social. Dentro de este, ellas pueden acceder a atención psicológica, asesoría legal, culminación de la primaria y el bachillerato, capacitación en sistemas, belleza, operación de máquina plana y marroquinería.

Patricia Mugno, coordinadora del proyecto dice que "mujeres que ha pasado por el proyecto han llegado a graduarse como profesionales universitarias o a trabajar en la Secretaría".

Mugno destaca que para trabajar con este tipo de población es necesario entender que la prostitución en una situación y no una condición. "Es necesario demostrarles a esta mujeres que ellas tienen las capacidades de desempeñar cualquier otro oficio".

Entre las dificultades que han encontrado para trabajar con ellas, es que son muy desconfiadas así que fue difícil motivarlas para que trabajaran en grupo.

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